La hipocresía del poder político "Hadji Murat", de León Tolstói (la novela y el mundo)

Para algunos esta fue una de las obras que consolidó a León Tolstói como uno de los autores más destacados del siglo XIX. Aquí se explora la condición de un hombre que aborrece la violencia, pero no puede escapar de ella.Tolstói fue uno de los autores rusos más importantes del siglo XIX.
Es reconocido por otras obras como “Guerra y paz” y “Anna Karenina”.Wikicommons“Este Hadji Murat era un naib de Shamil, famoso por sus hazañas. De ordinario nunca cabalgaba sin bandera, e iba acompañado siempre de varias decenas de murids que caracoleaban en torno suyo.
Fugitivo ahora, encapuchado y envuelto en una burka bajo la cual asomaba una carabina, y con solo un murid como acompañante, marchaba cuidando en lo posible de no darse a conocer, escudriñando con sus sagaces ojos negros las caras de los habitantes que encontraba en el camino”.Harold Bloom se refirió así a “Hadji Murat”, de León Tolstói (1828-1910), la novela corta escrita por el autor ruso entre 1896 y 1904, y publicada póstumamente en 1912: “Para mí representa lo sublime en la prosa de ficción, y lo considero el mejor relato del mundo, o al menos el mejor que he leído (…). Un examen detallado demuestra que es la obra que convierte a Tolstói en el más canónico de todos los escritores del XIX, una figura casi solitaria en la era inmensamente prolífica del arte democrático” (“El canon occidental”, Anagrama, 1995, p. 349-351).
En efecto, se trata de un relato poderoso desde la perspectiva narrativa y temática, porque refleja las grandes obsesiones de Tolstói: la hipocresía del poder político, la preeminencia de la vida austera, la sinrazón de la guerra, la identidad cultural y la resistencia moral de los seres humanos.Siga leyendo: Poder y política en la literatura: introducción (La novela y el mundo)He elegido esta obra tan corta como compleja y pluritemática, porque, a mi juicio, refleja la influencia del poder y la política en los individuos, asimismo de presentar una de las épocas más convulsas de la Rusia del siglo XIX. Se trata de una prosa que amalgama la historia, la autobiografía, una crítica directa al imperialismo ruso, al autoritarismo, a la guerra y a la violencia y, sobre todo, una metáfora del triunfo de la dignidad humana frente al poder político y militar.El contexto temporal de la novela se sitúa en 1851, durante el reinado de Nicolás I.
Rusia, en su permanente intención expansionista, quería controlar el Cáucaso, que era la puerta de entrada a Europa Occidental. Pero también los iraníes o los turcos veían el potencial de esta región.
No obstante, los caucasianos insistieron en su independencia tanto política como cultural. El protagonista es un personaje histórico, Hadji Murat, un guerrero caucasiano que formaba parte inicialmente del ejército de los musulmanes de Chechenia y Daguestán, que lucha junto al imán Shamil en contra del imperio ruso.
No obstante, el mismo Shamil apresa luego a los miembros de la familia de Murat como rehenes. Por eso este busca una alianza con los rusos.
Así, se ve atrapado en medio de dos regímenes autoritarios y enemigos. Tanto los rebeldes del Cáucaso como los rusos actúan movidos por ambición de poder y les tiene sin cuidado la suerte de la familia del protagonista.
Le sugerimos: Poder y política en “Facundo”, de Domingo Faustino Sarmiento (La novela y el mundo)Al final, él trata de escapar de ambos, pero termina muerto en una de las escenas más icónicas de la literatura. Describe la fortaleza y resistencia física de Murat que se va transformando en dignidad.
El hombre cae, pero su dignidad sigue intacta: “El hombre cayó. Seguidamente salió por completo del foso y, cojeando pesadamente, se fue derecho al enemigo puñal en mano.
Sonaron varios disparos, y él vaciló y cayó. Varios milicianos, con gritos de triunfo, se lanzaron sobre su cuerpo yacente.
Pero lo que les había parecido un cadáver inició de pronto a moverse. Primero se levantó la cabeza afeitada y sangrienta, desprovista de turbante; luego fue el tronco y, agarrándose a un árbol, Hadji Murat se incorporó por completo.
Su aspecto era tan terrible, que los que corrían hacia él se detuvieron. Pero de pronto tembló todo él, se desprendió del árbol y cayó boca abajo, como un cardo segado, y ya no volvió a moverse”.La novela muestra a un hombre orgulloso, digno, que detesta la guerra, la violencia, el poder y la política, pero que no puede escapar ni del conflicto bélico ni de la traición de política.
Posiblemente es una proyección del sentimiento de uno de los grandes autores del siglo XIX, quien al final de su vida buscó refugio en la religión. Su debate moral tiene que ver, precisamente, con el colectivo y el individuo, con la civilización y la barbarie: ¿quién es el bárbaro?
¿El que lucha por su identidad y su cultura o el imperio que invoca el orden y la civilización para destruir pueblos enteros?Cierro con una cita de Juan Gabriel Vásquez que resume el eje de la obra frente al momento complejo que vivía el autor al final de su vida: “Así que los lectores de Hadji Murat tenemos que lidiar antes que nada con esta contradicción: aquella puesta en escena de la lucha contra las fuerzas colectivas, sin duda uno de los más altos elogios del individuo jamás escritos, fue inventada por un hombre que había dejado de creer en el individuo: en el individuo y en esa emanación de la individualidad —no: en esa quintaesencia de la individualidad— que es el arte” (“Viajes con un mapa en blanco”, Alfaguara, 2018, p. 159).También puede leer: Preceptos jurídicos: la culpa, Ernesto Sábato y “El túnel” ( La novela y el mundo)
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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