El pitazo final y el último penal desataron una de las mayores fiestas populares que recuerde el país. Paraguay entero se convirtió en un solo grito de desahogo y victoria luego de confirmarse la histórica clasificación de la Albirroja a los octavos de final de la Copa del Mundo 2026.

El microcentro de Asunción, y de manera muy especial, la emblemática calle Palma, se convirtieron de inmediato en el epicentro de los festejos. Apenas terminó la tanda de penales en la que los dirigidos por Gustavo Alfaro se impusieron por 4-3 ante la poderosa selección de Alemania, luego de empatar 1-1 en el tiempo reglamentario, una marea humana tiñó las calles de rojo, blanco y azul.

Las caravanas de vehículos hicieron colapsar los accesos al centro con un concierto de bocinazos, mientras que todos hacían flamear banderas y gritandos de alegría desbordante. El sufrimiento de los hinchas paraguayos se estiró hasta el último segundo de la definición.

No obstante, la efectividad paraguaya sirvió para tumbar a un tetracampeón del mundo y firmar una hazaña que ya quedó guardada en las páginas de oro del deporte nacional. Luego de el triunfo, personas que jamás se habían visto antes se unieron en cánticos improvisados, saltos y lágrimas de felicidad absoluta.

El fervor paraguayo no distinguió edades ni sectores sociales; la victoria compartida borró cualquier diferencia para dar paso a una hermandad espontánea en plena vía pública. Los comercios, restaurantes y locales gastronómicos de la zona centro se vieron desbordados por los fanáticos, y todos celebraron de este hito deportivo que promete prolongarse durante toda la madrugada gracias al feriado decretado por el Poder Ejecutivo.

Paraguay ya está entre los dieciséis mejores equipos del mundo y su gente lo celebra con el orgullo guaraní.