Pobreza y desempleo en Colombia: cuando una cifra cuenta varias historias

Se necesita una lectura crítica sobre cómo se leen los datos económicos alrededor de indicadores como desempleo y pobreza.Imagen de referencia.Getty ImagesLa reducción reciente de la pobreza monetaria en Colombia es, sin duda, una buena noticia. Menos personas viviendo con ingresos insuficientes significa más hogares con capacidad para cubrir sus necesidades básicas y una mejora en sus condiciones de vida.No obstante, las cifras también han generado preguntas.
¿Qué explica esa reducción? ¿Fue el aumento de los ingresos laborales?
¿Fue el salario mínimo? ¿O influyeron otros factores?La discusión de las últimas semanas me ha recordado algo importante: muchas veces utilizamos como si fueran sinónimos conceptos que en realidad son distintos.
Hablamos de pobreza, ingresos laborales y salario mínimo como si fueran la misma cosa, cuando cada uno mide algo diferente.Imagine una familia de cuatro personas. La mamá consigue más horas de trabajo, el abuelo empieza a recibir una pensión, uno de los hijos encuentra un empleo temporal y asimismo la familia recibe una transferencia estatal.
Al final del año, los ingresos del hogar aumentan y logran salir de la pobreza.Si alguien preguntara qué produjo esa mejora, probablemente la respuesta no sería una sola. No fue únicamente el salario, ni únicamente la pensión, ni únicamente la transferencia.
Fue la combinación de varias fuentes de ingreso. Eso es precisamente lo que intenta medir la pobreza monetaria.Cuando el DANE calcula la pobreza monetaria no observa únicamente los salarios.
Lo que analiza es el ingreso total disponible de los hogares y lo compara con una línea de pobreza que representa el costo de una canasta básica de bienes y servicios.Por eso, dentro de la medición aparecen distintas fuentes de ingreso: salarios, ingresos de trabajadores independientes, pensiones, transferencias, rentas e incluso algunos ingresos asociados a la vivienda. En otras palabras, la pobreza monetaria no responde a la pregunta de cuánto gana un trabajador, sino a cuánto ingreso tiene disponible un hogar para sostener su nivel de vida.
Esta diferencia parece sencilla, pero es fundamental para interpretar las cifras.Según los resultados oficiales, la pobreza monetaria continuó reduciéndose entre 2024 y 2025. Asimismo, el DANE reportó aumentos reales en los ingresos de los hogares, especialmente en los segmentos de menores ingresos.
Esa mejora es una noticia positiva. No obstante, la discusión pública se ha concentrado en entender de dónde provino exactamente ese aumento de ingresos.Parte del debate surge porque distintos indicadores económicos parecen contar historias diferentes.
Mientras la economía colombiana creció 2,6% en términos reales durante 2025 y el consumo de los hogares aumentó 3,6%, las cifras oficiales del DANE muestran que los ingresos reales por persona dentro de los hogares crecieron a un ritmo mucho mayor, especialmente entre los de menores recursos. Según la entidad, el ingreso per cápita real aumentó más de 10% en los tres quintiles más bajos de ingreso, cerca de 9% en el cuarto quintil y alrededor de 5% en el quintil de mayores ingresos.Esto no significa necesariamente que exista una contradicción.
Lo que significa es que vale la pena entender qué está midiendo cada indicador.Las diferentes fuentes de ingreso de los hogares pueden evolucionar de manera distinta al crecimiento de la economía. De hecho, el DANE explicó (en respuesta a un tuit) que el ingreso real total de los hogares aumentó alrededor de 4,2%, mientras que los ingresos laborales reales crecieron 3,6%.
La pregunta entonces no es si las cifras son correctas. La pregunta es cómo interpretar adecuadamente esos resultados y qué nos dicen sobre la realidad económica de los hogares colombianos.En medio de esta discusión también ha aparecido una explicación recurrente: el salario mínimo.
Pero aquí es conveniente hacer una precisión sencilla. Los resultados de pobreza divulgados este año corresponden a lo ocurrido entre 2024 y 2025.
El incremento extraordinario del salario mínimo de 2026 sucedió después de ese período. Por esa razón, no puede utilizarse para explicar una reducción de la pobreza que ya había ocurrido.Esto no implica que el salario mínimo sea irrelevante.
Significa simplemente que estamos hablando de momentos distintos y que cada fenómeno debe analizarse en su propio contexto. De hecho, cuando observamos lo que ha ocurrido en el mercado laboral durante 2026 encontramos una dinámica que merece atención.En un análisis reciente de ANIF (Informe Trimestral de Mercado Laboral) encontramos que cada vez más trabajadores formales se están concentrando alrededor del salario mínimo.
Entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026, el número de trabajadores formales que ganaban exactamente un salario mínimo pasó de 3,3 millones a 3,6 millones de personas. Al mismo tiempo, cerca de 400 mil trabajadores que se encontraban en rangos apenas superiores —entre 1,1 y 1,3 salarios mínimos— dejaron de estar en esos niveles de ingreso.Entre los trabajadores informales la situación fue distinta, pero también llama la atención.
Cerca de 500 mil personas adicionales pasaron a concentrarse en los rangos más bajos de ingreso, entre medio y siete décimas de salario mínimo, mientras que el grupo de trabajadores informales que lograba ganar más de un salario mínimo se redujo en aproximadamente 200 mil personas.Los economistas suelen llamar a este fenómeno compresión salarial. Pero, más allá del término técnico, la idea es sencilla: no necesariamente estamos observando un aumento generalizado de los ingresos laborales, sino una concentración cada vez mayor alrededor del salario mínimo y una mayor vulnerabilidad en los segmentos informales.
El salario mínimo es como un ancla de los ingresos de los trabajadores formales, pero empuja a los informales hacia niveles inferiores de ingreso.Ahora bien, estos resultados corresponden a 2026 y no deben confundirse con las cifras de pobreza de 2025. Son fenómenos distintos y responden a preguntas diferentes.Precisamente por eso es tan importante separar los conceptos.La pobreza monetaria mide el bienestar económico de los hogares.
Los ingresos laborales son una de las fuentes que contribuyen a ese bienestar. Y el salario mínimo es una herramienta de política pública que afecta de manera diferente a trabajadores, empresas y sectores económicos.Las tres variables están relacionadas, pero no son equivalentes.Quizás la principal enseñanza de este debate es que las cifras económicas rara vez cuentan una sola historia.
Una misma reducción de la pobreza puede reflejar cambios en el empleo, en las transferencias, en las pensiones o en otras fuentes de ingreso de los hogares. Entender qué parte explica cada factor es una tarea que requiere análisis, evidencia y una lectura cuidadosa de los datos.Porque antes de preguntarnos quién tiene razón en una discusión económica, vale la pena asegurarnos de que todos estamos hablando de la misma cifra.* Vicepresidenta de ANIF💰📈💱 ¿Ya se enteró de las últimas noticias económicas?
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Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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