Los habitantes de este territorio sabemos de sobra, al menos desde los tiempos de los Mochica, que el fenómeno El Niño (FEN) es una ocurrencia inevitable. No debería hacer falta, pues, reinventar la pólvora cada vez que se requiere invertir en preparación para el siguiente FEN.

Se conocen ampliamente las quebradas peligrosas, las zonas de desborde y deslizamientos, los lugares de riesgo para las sequías e inundaciones, etc.No obstante, cada cierto número de años aparece de nuevo la misma desidia, sensación de urgencia e improvisación, como si fuera la primera vez que tenemos que guarecernos ante sus efectos. De acuerdo con un informe publicado ayer en este Diario por el Instituto Peruano de Economía (IPE), al cierre del 2025, el 58% de los proyectos de inversión para gestión de riesgos y emergencias se encontraban paralizados o abandonados.

Eso equivale a 2.368 proyectos. El 43% de estos es responsabilidad de las autoridades subnacionales, pese a que gestionan el 34% del total de inversiones, según el IPE.Las causas de las paralizaciones son varias, y siempre habrá alguien más a quién culpar: alcaldes de uñas largas, malos contratistas, una contraloría excesiva y omnipresente, falta de capacidades técnicas locales, carencia de presupuesto, expedientes técnicos deficientes, etc.

Todo ello puede tener algo de cierto, pero a final de cuentas importa poco. Lo que el ciudadano ve es un Estado incapaz de enfrentar un fenómeno climático que–con intensidades diversas– se conoce hace más de mil años en la misma ubicación.

Las consecuencias de la inoperancia son destrozos de propiedad pública y privada, pérdida de ingresos, incremento de costos, y potenciales heridos y fallecidos.Según el IPE, “se debe al menos fortalecer la gestión del agua, la resiliencia del sistema energético, la infraestructura de almacenamiento de combustibles y la ejecución de obras para la gestión de riesgos”. Decíamos ayer que, en esta agenda, el trabajo conjunto del nuevo Gobierno Central, con Keiko Fujimori a la cabeza, y de las autoridades subnacionales salientes y entrantes será fundamental para reaccionar oportunamente.

El crédito suplementario que ha solicitado la administración del presidente José María Balcázar debería ser más que suficiente para cubrir la parte financiera, de modo que resta lo difícil: ponerse a trabajar para destrabar algunos de los varios cientos de proyectos de inversión que podrían minimizar el daño.