Brasil contra Japón: la potencia que quiere volver a reinar ante la nueva amenaza del Mundial

Hubo un tiempo en el que Japón veía a Brasil como una clase de futbol abierta las 24 horas. El país asiático observaba la técnica, la creatividad, la alegría con el balón y esa manera casi artística de entender el juego que convirtió a la Canarinha en la referencia mundial durante décadas.
Brasil era el modelo que había que estudiar, la respuesta que había que encontrar. Pero el futbol tiene una extraña forma de cambiar las historias.
Este lunes al mediodía en Houston, Japón no saldrá a buscar una lección. Saldrá a rendir un examen.
Y el maestro llegará con una presión que no existía hace algunos años: Brasil necesita demostrar que sigue perteneciendo al grupo de los gigantes que dominan los Mundiales, mientras Japón quiere confirmar que la distancia que durante años pareció imposible de cerrar ya no es tan grande. El partido de los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo 2026 enfrenta a una selección con cinco estrellas en el escudo y una deuda pendiente desde 2002 contra otra que está construyendo una nueva identidad después de pasar gran parte de su historia intentando acercarse al futbol brasileño.
La pregunta que rodea al Houston Stadium no es solamente quién avanzará. Es si Japón ya está listo para dejar de perseguir a Brasil y comenzar a competir con él.
Brasil vive con una contradicción permanente. Nadie duda de su grandeza, pero todos recuerdan que lleva demasiado tiempo sin tocar la cima.
La última vez que levantó la Copa del Mundo fue en Corea-Japón 2002, cuando Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho llevaron a la Canarinha al quinto campeonato de su historia. Desde entonces, cada Mundial se convirtió en una búsqueda de recuperar aquel lugar perdido.
Llegaron generaciones talentosas, llegaron grandes nombres, llegaron expectativas enormes, pero el título nunca volvió. Ahora la misión está en manos de Carlo Ancelotti, un entrenador acostumbrado a convivir con la presión de ganar.
El italiano no llegó prometiendo una revolución estética. Llegó hablando de equilibrio, detalles y preparación.
Y antes del duelo contra Japón dejó claro que no existe espacio para mirar al rival por encima del hombro. Para el nuevo Brasil, el pasado sirve para respetar la historia, pero no para ganar partidos.
Las estrellas brasileñas de Carlo Ancelotti parecen estar encontrando su ritmo, ya que han marcado siete goles consecutivos sin respuesta desde que se vieron en desventaja al comienzo de la primera jornada. Brasil no tenía una racha ininterrumpida tan larga en un Mundial desde 2002, cuando alzó por última vez el trofeo más codiciado del futbol.
Incluso hubo espacio para el regreso de Neymar. El delantero, perseguido durante los últimos años por una cadena de lesiones, volvió a vestir la camiseta amarilla después de 981 días y escribió un nuevo capítulo en su historia con Brasil al convertirse en el cuarto jugador de la Seleção en disputar cuatro Copas del Mundo.
El dominio de Brasil en la fase de grupos se mantiene como una constante histórica. Desde 1982, la Canarinha siempre ha terminado como líder de su sector.
No obstante, esa regularidad no siempre se ha traducido en grandes recorridos en las etapas decisivas, donde los detalles han terminado por marcar su destino. Aun así, hay un dato que alimenta la confianza: Brasil no queda eliminado en la primera ronda de nocaut desde 1990, cuando cayó ante Argentina en un duelo que quedó marcado por la rivalidad histórica entre ambos países.
Contra Japón, la historia tendrá un matiz diferente. Más que un choque entre enemigos deportivos, será un encuentro entre dos culturas conectadas por décadas de historia.
Brasil alberga la mayor comunidad japonesa fuera de Japón, un vínculo que convierte este enfrentamiento en una mezcla de fútbol, identidad y memoria compartida. Durante años, Japón intentó acercarse a Brasil tomando elementos de su futbol.
Incluso figuras brasileñas tuvieron influencia directa en su crecimiento. Pero el entrenador Hajime Moriyasu considera que el siguiente paso no está en parecerse a otro equipo.
Está en confiar en lo propio. Japón ya no llega únicamente con disciplina táctica y velocidad.
Ahora llega con jugadores acostumbrados al nivel europeo, con futbolistas que enfrentan cada semana a los mejores del mundo y que saben que competir contra una potencia no es una fantasía. Desde Zico, exestrella de la selección brasileña, que popularizó la incipiente J-League, hasta sus compatriotas brasileños que se nacionalizaron y representaron a la selección nacional de Japón, sin duda existe un respeto mutuo.
La diferencia en la historia mundialista entre ambos equipos es enorme. Brasil llega con cinco títulos de Copa del Mundo en sus vitrinas y el peso de una camiseta que representa una de las mayores potencias del fútbol, mientras que Japón afrontará apenas su quinta eliminatoria en la historia del torneo y todavía busca su primera victoria en esta instancia.
Asimismo, el camino japonés tampoco ha sido sencillo. El sorteo volvió a ponerle enfrente un reto de máxima exigencia: de sus cuatro rivales anteriores en fase de eliminación directa, tres terminaron alcanzando las semifinales y cerraron el torneo en el tercer lugar: Turquía en 2002, Bélgica en 2018 y Croacia en 2022.
La selección dirigida por Hajime Moriyasu llega a este duelo después de superar un grupo exigente. Japón combinó dos empates, ante Países Bajos y Suecia, con una contundente victoria 4-0 sobre Túnez, resultados que le permitieron finalizar en la segunda posición del Grupo F y mantener vivo el sueño de avanzar por primera vez más allá de los octavos de final.
Moriyasu fue claro. Japón no cambiará su identidad para enfrentar a Brasil.
Antes Japón se preguntaba cómo sobrevivir contra Brasil. Hoy se pregunta cómo derrotarlo.
El pasado reciente tiene un protagonista incómodo para la Canarinha. El año pasado, Japón derrotó a Brasil en un partido amistoso.
Fue una victoria histórica porque la selección absoluta japonesa nunca había podido vencer al gigante sudamericano. Hajime Moriyasu recuerda aquel partido como una prueba de que Japón sí puede competir.
Brasil lo recuerda como una advertencia. Marquinhos, quien no estuvo en ese encuentro por lesión, afirmó que aquella derrota fue una experiencia útil porque permitió identificar errores y entender el crecimiento japonés.
El capitán brasileño también lanzó una reflexión que resume la nueva realidad del futbol mundial: las jerarquías pesan menos que antes. Japón ya no llega solamente con ilusión.
Llega con argumentos. Brasil sólo ha perdido una vez contra Japón (11 victorias y 2 empates), incluyendo una victoria por 4-1 en el único enfrentamiento entre ambos en la Copa del Mundo hace 20 años.
No obstante, el único éxito de Japón tuvo lugar en el último enfrentamiento, una victoria por 3-2 el pasado octubre. Brasil desperdició una ventaja de dos goles en Tokio, con Ueda anotando el gol de la victoria para los locales.
La selección japonesa tendrá una ausencia importante para el partido más exigente de su torneo. Moriyasu confirmó que Takefusa Kubo no podrá jugar.
El atacante todavía no se incorpora a los entrenamientos colectivos y solamente realiza trabajo individual, por lo que quedó fuera de la convocatoria para enfrentar a Brasil. Japón pierde a uno de sus futbolistas más desequilibrantes, pero mantiene la idea que su entrenador repite como una convicción: el equipo está por encima de cualquier nombre.
Brasil llega con la obligación de una potencia que quiere volver a reinar. Japón llega con la ambición de una selección que quiere demostrar que la distancia con los gigantes pertenece al pasado.
Vinícius Júnior ha marcado cuatro goles, lo que supone la mayor cantidad anotada por un brasileño en la fase de grupos, empatado con Ronaldo (2002), Neymar (2014) y Jairzinho (1970) Brasily Japón, que luchan por enfrentarse a Noruega o Costa de Marfil en octavos de final, se preparan para un duelo de alto riesgo al medio día (11:00 am) México. Uno busca la sexta estrella.
El otro busca una nueva identidad mundial.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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