Los Tigres del Norte rugen con ambiente mundialista

El zapateado empezó en lo más bajo del Estadio GNP. Las chamarras de cuero y los sombreros texanos giraban cuando llegaron al escenario Los Tigres del Norte y de buenas a primeras se arrancaron con un clásico La banda del carro rojo.
A esa canción le siguieron, sin parar, Pedro y Pablo, Mi buena suerte y Aquí Mando Yo, todo con la gente en gradas de pie cantando y, en la pista, ya en pareja raspando la suela. Todo fue fiesta, baile, canto y también beber para los presentes, entre los que abundaban las familias completas, los compadres brindando abrazados en los temas más desgarradores de uno de los grupos norteños más importantes del país, y lo que al principio parecía un estadio a medias, terminó por llenarse hasta la última butaca.
No hubo un solo momento de descanso, de tregua, y es que el repertorio de Los Tigres es interminable, y cada tema encontraba un fanático entre el público, algunos disfrutando más las que se podían bailar y otros con las que se podía beber, con las que se podía sacar el duelo y desatar el nudo de la garganta con un “¡Ayayay aaaaay!”. Pero no todo lo que importaba eran las canciones sino también todo el despliegue que los norteños tuvieron en el escenario.
Sonaba Mi buena suerte, cuando en las cuatro pantallas se vieron los cuatro miembros en trajes blancos, pulcros, con detalles en dorado, Jorge, Luis, Hernán, y Eduardo en pantallas gigantes que permitían visibilidad hasta el rincón más alejado del GNP. El sonido era intenso, y estaba acompañado siempre por un estrobo que tanto hipnotizaba como podía llegar a marear de lo repetitivo que era acompañando cada remate de la batería de Óscar Lara.
Y por si fuera poco, como grupo clásico, siempre encontraba casa uno de los miembros una excusa para interactuar “ánimo Ciudad de México”, gritaba Jorge, y volvía a repetir “vamos a cantarle al amor, como se debe” y todos levantaban su vaso para confirmar la invitación del acordeonista. El toque mundialista La manzanita y Jaula de Oro pusieron a rodar los balones.
Pelotas inflables que volaron entre los asistentes que se encontraban cercanos al escenario, fue como trasladar la fiesta, el ambiente que se ha vivido por dos semanas en la capital mexicana donde los fans del futbol se apoderaron de las calles. En el GNP no faltó el que llegó orgulloso con su playera de la selección que para la hora del show ya conocía su rival de la siguiente ronda –Ecuador–, que se jugará el martes y para que la fiesta de esta noche funcionara como precopeo, pero al mismo tiempo como after para quienes no han dejado de festejar en el Ángel de la Independencia.
El baile y la víbora de la mar se trasladó de Reforma al Estadio, y con pequeños pero contundentes detalles, Los Tigres recordaron que estamos en medio de la fiesta mundialista como uno de los anfitriones, y la unidad y la euforia se generaron entre el público. Algunos extranjeros también aprovecharon para conocer más a fondo la cultura nacional, y se escucha a un hombre con acento español decirle a otro: “que toquen La Jaula de Oro, es mi favorita, es buenísima, ya estaban a la vanguardia”.
Y pareció que invocaron el tema, pues después de La Reina del Sur se arrancaron con La Jaula de Oro, ese himno para los migrantes que sigue retumbando y, lamentablemente, retratando la realidad que viven millones de migrantes en EU, y como siempre también pusieron el tinte político a lo que no le rehúyen Los Tigres. El Son de la Negra, de la mano del mariachi, puso aún más el sabor mexicano y encendió el orgullo de algunos que ya zapateaban en el concreto.
La mesa del rincón, Ni Parientes Somos, La Puerta Negra, siguieron la fiesta, que parecía interminable pues esta apenas era la canción 29 de 53 que siguieron durante toda la noche.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.