Conocí a Natalia Díaz por la red social X, antes Twitter. El algoritmo me mostraba recurrentemente los tuits en los que esta mujer de 47 años daba cuenta, bajo el alias de @soynat, de su día a día como portadora del síndrome de Lynch, que predispone a sufrir tumores, y su convivencia cotidiana con el cáncer y sus efectos, y, sobre todo, su reivindicación de más investigación, ensayos y tratamientos para poder seguir viva.

Le pedí una entrevista y accedió enseguida, pero la cita se retrasó unos meses por su último cáncer, el cuarto, esta vez de páncreas, que le ha supuesto su extirpación total, con sus consiguientes y duras convalecencia y efectos secundarios. Aparece radiante, con un vestido rojo rabioso que resalta sus fluorescentes ojos verdes, y su pelo rubio con grandes claros debido al estrés, recogido con unas vistosas gafas a modo de diadema.

La noche anterior había escrito este tuit: “Hoy no es un día fácil. Cuando miras a la muerte tantas veces por culpa del cáncer y llenas tu agenda de citas médicas, hay días muy oscuros de miedo y trauma por todo lo vivido.

La enfermedad te vuelve muy vulnerable y el temor a morir permanece cada momento de tu vida”. Seguir leyendoUN CÁNCER DETRÁS DE OTROA los 29 años, a Natalia Díaz (Madrid, 47 años) le cambió la vida para siempre.

Su síndrome de Lynch, heredado por vía materna, que la predispone a sufrir tumores, sobre todo digestivos y genitales, daba la cara en forma de su primer cáncer, de endometrio. Desde entonces, Díaz, @soynat en la red social X, una jurista que trabaja como vicesecretaria del Ayuntamiento de Valdemoro (Madrid), ha sufrido y superado cuatro procesos oncológicos y vive con la incertidumbre de cuándo y dónde aparecerá el próximo.

Activista por la visibilidad y la demanda de más investigación, Natalia se resiste a ser considerada solo una paciente de cáncer y sortea la gincana de médicos en que se ha convertido su vida con la rabia y la esperanza de llegar a tiempo a una vacuna o una terapia que le salve la vida.