Patricio Suárez-Vértiz y el café donde reúne los recuerdos que lo marcaron: “Prácticamente yo ya no le encontraba sentido a la vida”“Fue una experiencia que me marcó de por vida”: Vania Masías recuerda el exigente casting de tres días con el que fue seleccionada por el Cirque du SoleilHace dos años, el mayor problema de Ricardo Arjona no era la letra de su tema más exitoso, sino un dolor agudo en la columna. Seis epidurales le permitieron terminar su última gira, y luego vendría la cirugía.

Dos tornillos, un reposo absoluto y un coágulo pulmonar lo mantuvieron entre la cama y la silla de ruedas. “Casi me cuesta el numerito”, explicó antes de su regreso, quizá el más esperado de su carrera: un recuento de su vida en formato de cabaré que desprende aquellas cosas que lo llevaron a la fama y aquellas que todavía lo mantienen sobre el escenario. Dentro de ese formato, la noche del viernes el guatemalteco ofreció uno de los conciertos más ambiciosos e íntimos de su carrera en el Estadio Nacional.Le dicen el ‘Seco’ porque, en su casa, a los niños flacos les correspondía ese apelativo.

Así también se llama su gira: “Lo que el Seco no expresó”. Arranca con una introducción de nueve minutos en la que aparece una postal de barrio, con el edificio del Cabaré Seco ocupando el centro.

Un juego de pantallas interactúa en vivo con las canciones, con los mensajes, con un anuncio que sentencia: “No preguntes por qué Lima, pero el mundo se ha vuelto un cabaré”. Entonces comienza a cantar, mientras las sombras proyectadas sobre el frontis del edificio bailan al compás de sus canciones y de sus inesperadas trovas.Un telón rojo digital cae al terminar los primeros temas, y Arjona aprovecha para seguir musitando historias; esta vez, la suya.

Empieza con la muerte de un abuelo que no debió morir, sigue con un padre enamorado de la hermana equivocada, con una tía viviendo su propio idilio y desemboca en el nacimiento del mismo Arjona. Se llama flaco, un galán de barrio que, al decir el nombre del lugar de donde viene, asusta a la más cautiva de sus primeras estrofas.Parte de los números trae de regreso a Edith Piaf para luego dar paso a un acto de burlesque con esa sensualidad y ese rojo característico del género.

Aparecen temas como “El que olvida” y Arjona vuelve a confesarse: “Yo nunca hice una canción con venganza, pero sí con dedicatoria”. El espectáculo continúa acompañado por un escenario que aporta, desde lo audiovisual, el ambiente de teatro-cabaré.El centro de la atenciónPor un minuto, los ojos de Arjona se posan sobre una rubia ocasional con el teléfono en la mano.

Lo estuvo grabando desde el inicio. Lo mira a través de la pantalla, y Arjona lo sabe. “El del teléfono es otro Arjona.

Me presento: soy Ricardo”. Entonces comienza un cortejo a distancia que desemboca en un mensaje: “¿Ves que pasan cosas asombrosas sin dejar el celular?”.

El comentario llega a buen puerto y, al mirarla a los ojos, le pregunta si lo seguiría a todas partes. Luego le pide, casi en un susurro: “Acompáñame a estar solo / A purgarme los fantasmas / A meternos en la cama, sin tocarnos...”.Avanzan las canciones y el cabaré que aparece en pantalla comienza a desmoronarse.

Las butacas están volcadas, las vigas se desploman, las paredes muestran el desgaste de los años. Se combinan los efectos prácticos con las proyecciones mientras Arjona interpreta “Apnea”, tema con el que cierra definitivamente la primera parte.Al dejar atrás ese lugar, el escenario transporta al público hasta el barrio donde creció Arjona y abre paso al tramo de crítica social.

Es un aspecto del cantante que entra con discreción entre romances y baladas. Aparece una Estatua de la Libertad vestida con ropa folclórica maya, en versión plus size; después se convierte en Elon Musk y, más tarde, en un vagabundo.Es el momento de hablar de aquellas cosas que el guatemalteco vivió en el barrio suburbano de la Calle 33, en Ciudad de Guatemala.

Aparecen banderas de países latinoamericanos y hace una pausa para referirse a la situación de Venezuela y expresar su apoyo.A la antiguaEl escenario cambia a una biblioteca y el cantante comienza un recorrido por su antiguo repertorio. La gente pide más y así aparecen canciones como “Historia de taxi”.

La noche avanza y el escenario —como ya había ocurrido con el cabaré— también envejece: vuelan hojas, los estantes aparecen caídos y Arjona se prepara para reflexionar.“Si los terapeutas de pareja fueran sinceros, se quedarían sin trabajo —menciona—. Se sabe que si ya hay una primera terapia, hay una segunda y así progresivamente; luego vienen las vacaciones de reconciliación, donde lo primero que se empaca son los problemas.

Y es que el verdadero problema es —prosigue— que la gente no aprende a perder”.Empieza “Todo termina”, un momento romántico en el que un error en el piano hace que Arjona vuelva la mirada hacia su músico para regalarle una sonrisa de complicidad. El público canta y los más de diez imitadores de Arjona, distribuidos en distintos puntos del estadio, entonan como pueden mientras miran fijamente a una chica que, entre escoger al hombre que tiene a pocos metros o al original que está a más de diez, prefiere esperar un milagro.Y el milagro ocurre.

Arjona levanta la mirada y, a lo lejos, un cartel dice: “De los 14 a los 46, te sigo toda la vida. Quiero ser tu señora de las cuatro décadas”.

El cantante sonríe y pide que la acerquen desde la tribuna más alejada. Se quita la gabardina y avanza hasta un escenario instalado en medio del estadio para cantar un par de temas.Arjona para todosMientras llega la fan, la pantalla muestra la evolución física de Arjona: desde niño hasta una interpretación creada con inteligencia artificial de su vejez.

Siempre con la camisa abierta. Siempre con ese estilo centroamericano que convirtió en marca personal.

Entre tema y tema aparece una propuesta con cante flamenco ligero y falsetes españoles prolongados.El escenario muestra carros avanzando por una ciudad de casas sin tarrajear y postes de luz cálida. Arjona invita a una cubana que lo acompaña durante esta gira, se dirige al público y propone una sesión de bailoterapia.

La mujer se mueve con una coreografía de envidia y poses que despiertan la atención de los esposos. Uno de ellos sostiene en el aire el beso que ella lanza al final, mientras su esposa lo mira como quien decide perdonar, porque si Arjona lanza un beso, alguien tiene que recibirlo.Finalmente se encuentra con la fan.

Se llama Dayana, tiene 46 años, es venezolana y vive en el Perú. La corteja marcando límites, mientras ella sostiene una de sus piernas.

Ricardo le acaricia la cabeza sin apartar la mirada. Del marido, ni noticias.

Le dedica los últimos minutos de “Señora de las cuatro décadas” y la despide con un beso en la mejilla.Llega el momento del artista invitado. Por recomendación de su amigo Gian Marco, la elegida fue su hija, Abril Zignago. “No soy enemigo de ningún género, sino del olvido de los géneros”, sentencia antes de cantar a dúo “Fuiste tú”, con un escenario que reproduce la fachada de una casa revestida de azulejos.LEE MÁS: El Gran Combo de Puerto Rico anuncia segunda fecha en Lima luego de lograr sold outLa noche empieza a cerrarse y el artista recuerda que el paso del tiempo no perdona a nadie.

El escenario se convierte en un sistema de engranajes de reloj y comienza “Minutos”. El confeti estalla sobre el público, que canta junto al artista que lleva un chullo y reserva las últimas fuerzas para “Mujeres”, el tema que pone punto final a una de las apuestas más grandes de Arjona por regresar siendo, esta vez, nadie más que el Seco.