Conoce la otra cara del Jogo Bonito: Brasil alcanza 50 partidos sin recibir gol en los Mundiales

Durante décadas, cuando alguien pronuncia el nombre de Brasil en una Copa del Mundo, la primera imagen no es la de un arquero volando bajo los tres postes ni un defensa despejando un balón al último minuto, es una gambeta. Brasil construyó su leyenda mundialista con futbolistas capaces de convertir un partido en una obra de arte.
El país que convirtió el ataque en identidad tuvo generaciones de artistas con la pelota. Pelé, el hombre que transformó la camiseta amarilla en símbolo del futbol; Garrincha, dueño de una magia imposible de descifrar; Ronaldo Nazário, una mezcla de potencia y velocidad que aterrorizaba defensas; Romario, especialista en definir con una frialdad de asesino del área Ronaldinho, capaz de convertir un pase en espectáculo; y Rivaldo, uno de los zurdos más determinantes de su generación.
La historia brasileña siempre pareció escrita con goles. Pero en los Mundiales, la otra mitad de la historia usa guantes.
Brasil llegó a una cifra que contradice su propia fama. A media semana alcanzó 50 partidos de Copa del Mundo sin recibir un gol, convirtiéndose en la primera selección en lograrlo.
El registro llegó después del triunfo 3-0 sobre Escocia en Miami dentro del Mundial 2026. La marca fue dado a conocer por la Confederación Brasileña de Futbol.
La Canarinha no sólo es la selección con más títulos mundiales, también es la única que ha participado en las 23 ediciones del torneo. En sus 117 partidos de Copa del Mundo ha recibido 109 goles, una media inferior a un tanto por encuentro.
La muralla ha sido construida por generaciones. Alemania (41) , Inglaterra (37) e Italia (32) aparecen detrás de Brasil en la clasificación.
Primero estuvo Gilmar, el arquero de los Mundiales de 1958 y 1962, el hombre que acompañó a Brasil en sus primeros dos campeonatos del mundo. Después apareció Emerson Leão, titular en los Mundiales de 1974 y 1978, que mantuvo su arco intacto en ocho partidos mundialistas.
Años más tarde llegó Cláudio Taffarel, uno de los símbolos del cuarto título brasileño en 1994 y protagonista también en 1998. Su nombre quedó ligado a noches de presión máxima, especialmente en aquella final contra Francia.
La lista también incluye a Alisson Becker, heredero moderno de una tradición enorme, y a Carlos Roberto Gallo. Entre esos cinco porteros se concentra buena parte del secreto.
Leão y Taffarel lograron ocho partidos sin recibir gol cada uno; Alisson y Gilmar suman siete; Gallo tiene cuatro. En total, participaron en 34 de los 50 encuentros donde Brasil dejó su arco en cero.
La cifra cuenta una historia diferente a la que suele imaginarse cuando se habla de Brasil. La selección que enamoró al mundo con sus delanteros también aprendió a ganar partidos desde atrás.
Porque los Mundiales no sólo se conquistan con goles que levantan estadios, también con atajadas que evitan silencios. Detrás de cada Pelé hubo un Gilmar.
Detrás de cada Ronaldo hubo un Taffarel. Detrás de cada generación de talento ofensivo existió alguien encargado de que la fiesta pudiera continuar.
Brasil convirtió el ataque en arte, pero sus 50 porterías en cero recuerdan que la grandeza también se construye cuando el rival mira al arco y no encuentra la manera de entrar. Ahora, la historia defensiva de Brasil tendrá una nueva prueba.
La Canarinha enfrentará a Japón con la misión de avanzar a los octavos de final del Mundial y mantener viva una marca que ya forma parte de su legado
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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