El Banco Central del Paraguay (BCP) proyecta un crecimiento del 4,2% para 2026, pues solo en este primer cuatrimestre ya se observó una importante expansión. No obstante, para el economista Arnold Benítez, esa previsión es prudente y consistente, aunque considera que el dinamismo observado en la economía permitiría cerrar el año con una expansión superior al 5%.

En esa línea, defendió su postura afirmando que si no aparecen shocks climáticos, financieros o políticos se podría llegar a esa positiva estimación de crecimiento económico. “El agro está volviendo a aportar, las exportaciones muestran mejor tono, la maquila sigue ganando escala, el crédito al sector privado crece a buen ritmo y los servicios continúan empujando una parte cada vez más relevante de la economía”, aseveró el analista en conversación con ABC. En cuanto a las estimaciones de crecimiento del 4,2% para este año, expresó que la misma puede terminar siendo una proyección conservadora si el segundo semestre confirma “la velocidad que se siente” en varios sectores.

No obstante refirió que el punto central no es ganarle unas décimas a la estimación oficial. “Paraguay ya demostró varias veces que puede crecer. Lo que todavía no demostró con fuerza es que puede convertir ese crecimiento en capacidad productiva permanente”, resaltó.

En ese sentido expresó que el campo será nuevamente una pieza decisiva. “En Paraguay, una buena campaña agrícola mueve transporte, puertos, acopios, estaciones de servicio, bancos, comercios del interior, importación de insumos, servicios profesionales y consumo regional. Cuando el agro funciona, hay una cadena amplia que recibe oxígeno”, refirió.

Por otro lado, Benítez también recordó que el clima no puede seguir siendo el socio principal del crecimeinto económico del país. “Una buena cosecha mejora el año, pero no reemplaza la productividad. Los precios internacionales ayudan, pero no sustituyen reformas”, resaltó.

En ese sentido, expresó que si el 2026 cierra arriba del 5% de crecimiento, una parte importante vendrá del rebote agrícola. No obstante, remarcó que la agroindustria, maquila, logística, los servicios empresariales, el sistema financiero, el real estate y algunas industrias deben mostrar una economía más diversificada. “Estos sectores no tienen todavía el peso suficiente para cambiar por sí solos la estructura productiva, pero sí indican una dirección.

Paraguay ya no puede contarse solo desde soja, carne y energía. Sigue dependiendo de ellos, pero empieza a construir actividades complementarias que le dan más densidad al crecimiento”, afirmó.

En cuanto al sector de la construcción, refirió que seguirá siendo uno de los motores, aunque con una lectura distinta. “La obra pública tiene límites concretos que se basan en la consolidación fiscal, compromisos pendientes del Estado y menor margen para empujar actividad desde el presupuesto”, reconoció. Por eso, remarcó que el “termómetro” más relevante estará en la construcción privada: vivienda, edificios, parques industriales, centros logísticos, infraestructura comercial y desarrollos vinculados a nuevas zonas de expansión.

El otro debate que planteó Benítez es si el crecimiento está siendo impulsado por consumo o por inversión. “El consumo viene acompañando y eso se nota en comercio, servicios, restaurantes, supermercados y crédito. Pero el consumo tiene techo si no viene acompañado de productividad”, refirió.

No obstante, recordó que la inversión, en cambio, deja maquinaria, tecnología, infraestructura, empleo y capacidad instalada. “Paraguay debe cuidar que el crecimiento de este año no sea solo una mejora del flujo, sino también del stock que debe visualizarse en más capital físico, más capital humano y más empresas capaces de competir”, explicó. Por otro lado, el analista expresó que la inversión extranjera, en el Paraguay está mejor posicionado que hace algunos años, pero todavía capta menos de lo que podría y es eso lo que debe trabajar.

Refirió que, gracias al grado de inversión, ahora el país ya no tiene que entrar a explicar su estabilidad a los inversionistas. No obstante resaltó que para sostener ese flujo o ingreso de capitales al país, ellas deben estar respaldadas de retorno, seguridad jurídica, permisos, infraestructura, energía disponible y talento.

El otro momento el economista citó los sectores más atractivos de inversión con que cuenta el mercado paraguayo destacando a la agroindustria, alimentos, forestal, maquila, energía, logística, infraestructura, real estate, servicios globales y finanzas. También remarcó que hay oportunidades en vivienda, parques industriales, tecnología aplicada, financiamiento estructurado y cadenas regionales de valor. “El interés existe.

El problema muchas veces está en trámites lentos, fricciones institucionales, falta de infraestructura, escasez de perfiles técnicos y una coordinación público-privada que todavía puede mejorar bastante”, concluyó.