Gerardo Hochman: el señor del circo se mete con Mozart en una versión de "la flauta" que es mágica y artesanal a la vez

Desde hace décadas, Gerardo Hochman es una figura clave para la formación de los artistas circenses de la región. Fundador de la Escuela y Compañía La Arena, en 1994, y director de la Licenciatura en Artes Escénicas de la Universidad Nacional de San Martín, creada en 2013, desde conocimiento como actor y acróbata dirigió más de cuarenta puestas escénicas de todo tipo.
En este momento tiene en cartel dos obras que se anticipan a las vacaciones de invierno.En simultáneo, Hochman acaba de reponer Fulanos (los domingos, en el Teatro Devoto), un clásico de su repertorio: un grupo de acróbatas desafía la gravedad y la imaginación en un universo construido con escaleras. Por otro lado, tiene recién estrenada su versión de La flauta mágica: la Fundación Konex lo convocó para crear un espectáculo en el ciclo “Vamos a la ópera” y él puso a Mozart a jugar con la acrobacia y el teatro físico.
Así, su obra trasciende las fronteras entre disciplinas para acercar un clásico lírico a un público de 4 años en adelante.Este es el descubrimiento sobre Mozart más importante en décadas“El trazo más grueso de la adaptación tiene que ver con que la ópera original es de tres horas y ésta es de una hora y veinte –precisa Hochman–. Hubo un proceso de curaduría y de selección de fragmentos musicales para elegir las partes más lúdicas, más atractivas, y dejar de lado lo redundante”.El elenco se compone de seis roles interpretados por cantantes de todas las cuerdas, que tienen sus alter egos en artistas circenses. “Hay fragmentos que eran tríos de cantantes que se volvieron para una cantante y dos acróbatas: les sacamos la voz y los pusimos en cuerpo”, detalla.Tamino recibe una flauta que tiene poderes mágicos y Papageno, unas campanitas que ahuyentan los peligros.
En sus aventuras juntos, salen al rescate de Pamina, pero aquí Pamina ni es princesa ni quiere ser rescatada. El lugar no es malo ni peligroso, la gente es amable y solidaria.
Y ella empoderada, sabe muy bien a quién decirle que “no es no”.La “nueva” Bella Durmiente baila Tchaikovsky, pero se despierta con un beso en la manoLos cantantes y la orquesta son del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, con arreglos y dirección musical de Matías Chapiro, quien dirige un octeto en vivo e interviene en los diálogos con Wolfy, relator de la historia, que representa a Mozart.El elenco de acróbatas está integrado por graduados de la Universidad Nacional de San Martín y grupos de cirqueros profesionales que ya trabajan como compañía independiente. Hacen de todo: giros centrípetos en una gigante Rueda Cyr; vuelos en suspensión capilar; malabares con pelotas de todos los tamaños y rebotes. “Todo tiene una poética de la austeridad que me gusta porque los límites me estimulan.
Tenía que encontrar lo que se pudiera lucir con esta profundidad, con esta altura, entonces todo fue bastante práctico y eso lo tengo muy entrenado: es el circo de lo posible –sigue el director–. Si bien se ve como una producción importante, es muy artesanal.
Los elementos son objetos cotidianos, no hay nada que sea un efecto especial o un mecanismo de escenotecnia. La idea es que se luzca y que sea mágico y artesanal a la vez”.Buscando que ningún personaje tenga títulos nobiliarios, la nobleza pasa por las intenciones. “La flauta mágica original era de un profundo humanismo, pero un humanismo que ya pasó, no diría de moda, sino que pasó de ética, porque el humanismo doscientos y pico años después es otra cosa hoy.
Quisimos interpretar qué era lo que se quería valorar en aquella época y llevarlo a lo que nosotros consideramos hoy un humanismo, qué queremos nosotros celebrar: que todos se ayudan, que todos se escuchan, que todos son igual de valiosos”, dice Hochman.Una historia del circoEn Latinoamérica ya hay varias generaciones de artistas circenses. Gente que hizo circo de adolescente, que ahora tiene hijos adultos que hacen circo, que tienen niños que van a clases de circo y quieren seguir la estirpe.
Y por eso hace varias décadas que el circuito del circo está sostenido por profesionales formados en escuelas. Pero no siempre fue así.
Desde los tiempos del Circo Criollo de los Hermanos Podestá, todo se trataba de una transmisión oral y familiar. Y en el último cuarto de siglo hubo un bache generacional en esa cadena. “Salvo los Hermanos Videla, que fueron el eslabón que unió la tradición del circo, y especialmente el circo criollo, con las nuevas generaciones, que abrieron los brazos y dijeron ‘vengan que nosotros les enseñamos, aunque no sean nuestros hijos, ni nuestros nietos, aunque no se llamen Videla’ -explica Hochman–.
Y hay otra vertiente que fue La Arena, mi escuela fundada en 1994″.El circo llegó a la vida de Gerardo Hochman en su infancia. “Mi padre me llevaba todas las temporadas de invierno al Luna Park a ver el circo de Moscú, primero porque le gustaba el circo y segundo porque era de formación socialista, entonces todo lo que viniera de la Unión Soviética era como cita obligada. Siempre me fascinó y, muchos años después, cuando estuve en Moscú y fui al circo sentí la misma fascinación que me hizo comprender este camino que hice”, recuerda.Ese camino que menciona Hochman ha sido ecléctico, pero enfocado. “Soy graduado de la escuela de Mimo de Ángel Elizondo, después de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático.
Y encontré la acrobacia como un entrenamiento primero y después se me convirtió en un lenguaje. Pero sobre todo a mi me influenció mucho ser un espectador niño, adolescente y joven de la cultura escénica de Buenos Aires.
Ser llevado por mis padres o por mi hermano mayor a ver teatro, danza y música en Buenos Aires”, reconoce.Como en una rueda infinita, quien se formó como director escénico, fue un niño fascinado con la oferta cultural de la ciudad. Quizás entre el público de estas funciones para las familias, se inicien nuevas vocaciones teatrales, líricas, cirqueras.
Es lo mejor que podría pasarnos.Para agendarLa flauta mágica, versión de ópera-circo para toda la familia. Funciones: sábados, a las 15.30; en vacaciones de invierno, asimismo, jueves 23 y 30 y domingo 26 de julio.
En la Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131. Entradas, $25.000.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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