El niño cubano que prefirió vestirse como Vozinha a la camiseta de España: la historia más conmovedora del Mundial

Los Mundiales también son fábricas de porteros. Cada cuatro años aparece uno que deja de ser un desconocido para convertirse en el héroe de miles de niños que jamás habían escuchado su nombre.
Basta una tarde extraordinaria para que un par de guantes valga más que una colección de goles. Así sucedió con Gordon Banks después de detener el remate que Pelé ya celebraba en México 70.
Con Jorge Campos, cuyos uniformes de surfista poblaron las canchas de barrio durante toda una generación. Con Oliver Kahn, que cargó a Alemania hasta la final de 2002.
Con Keylor Navas, que hizo creer a Costa Rica que no existían los imposibles en Brasil 2014. Con Memo Ochoa que cerró una histórica carrera el miércoles en el Estadio Ciudad de México.
Los delanteros venden camisetas. Los porteros fabrican recuerdos.
Eso volvió a ocurrir este verano. No fue un campeón del mundo.
No fue una estrella de la Champions League. Fue un arquero de Cabo Verde de 40 años llamado Vozinha.
Mientras España disparaba desde todos los rincones del campo en Miami en su primer partido del Mundial, el balón parecía regresar siempre al mismo lugar: a las manos de Vozinha. Más de 25 remates.
Siete atajadas de enorme dificultad. La portería intacta.
Con esa actuación, Vozinha se convirtió en el guardameta de mayor edad en mantener el arco en cero durante su debut en una Copa del Mundo. Pero la estadística apenas explica una parte de la historia.
Lo verdaderamente extraordinario sucedió lejos del estadio. En Houston, un niño cubano cambió de ídolo.
Pablo Ávila tiene 13 años y, como millones de aficionados, encendió la televisión para ver a España. Terminó viendo otra cosa.
Vio a un portero desafiar cada disparo como si hubiera decidido que aquella tarde nadie iba a vencerlo. Cuando terminó el partido, hizo una petición que desconcertó a su padre.
No quería la camiseta de Lamine Yamal. No quería la de Pedri.
Ni la de Nico Williams. Quería el uniforme del portero de Cabo Verde.
"Consíguemelo", le expresó. No era una tarea sencilla.
Comprar la camiseta de Real Madrid, Barcelona o Manchester City toma unos minutos. Conseguir el uniforme original de un arquero de Cabo Verde es otra historia.
Su padre inició a buscar por internet hasta encontrar una pista. La marca estadunidense Capelli Sport, patrocinadora de la selección caboverdiana, todavía tenía disponible el uniforme de arquero.
Hizo el pedido sin pensarlo. Probablemente, cuando Capelli decidió vestir a Cabo Verde, nunca imaginó que uno de sus uniformes viajaría hasta Texas para cumplir el sueño de un niño cubano que acababa de encontrar un héroe en el lugar más inesperado.
Cuando el paquete llegó, Pablo sonrió como si hubiera recibido una reliquia. Pero todavía faltaba un detalle.
Mandó imprimir una máscara gigante con el rostro de Vozinha. Quería parecerse lo más posible al hombre que había detenido a España.
Así apareció este viernes en los alrededores del estadio de Houston antes del partido de Cabo Verde contra Arabia Saudita. Vestido completamente de amarillo.
Con una bandera. Con la máscara.
Con una ilusión imposible de esconder. La escena llamó la atención de los aficionados.
Más de uno pidió fotografías. Por momentos parecía que el arquero caminaba entre la multitud.
Ahí se entiende el tamaño del fenómeno. Hace apenas unas semanas, Vozinha era prácticamente un desconocido fuera de Cabo Verde.
Hoy su nombre circula por redes sociales con una velocidad propia de un creador de contenido viral. Sus publicaciones comenzaron a multiplicar seguidores e interacciones desde aquella noche frente a España.
Pero ninguna métrica explica tan bien su nueva popularidad como Pablo. Los seguidores pueden comprarse con campañas.
Los ídolos no. Un niño no le pide a su padre recorrer internet durante días por un deportista cualquiera.
Eso sólo ocurre cuando alguien logra tocar la imaginación. Curiosamente, la historia de Vozinha empezó mucho antes de convertirse en arquero.
Su padre quería llamarlo Valdano, en homenaje al campeón del mundo argentino Jorge Valdano. Las autoridades no permitieron registrar ese nombre.
Hubo que buscar otra inspiración. La encontró en Brasil.
En un gol del Mundial de México 1986 que lo marcó para siempre. Así nació Josimar José Évora Dias, un niño cuyo nombre ya respiraba futbol antes de aprender a lanzar una pelota.
Décadas después, ese mismo hombre terminó sosteniendo a un país de poco más de medio millón de habitantes frente a una de las selecciones más poderosas del planeta. Y sin saberlo, también terminó cambiando la vida de otro niño.
Los Mundiales tienen esa extraña capacidad. Mientras el resto del planeta discute campeones, goleadores y favoritos, en alguna tribuna un niño descubre al futbolista que recordará toda su vida.
Esta vez no fue un delantero. No levantó un trofeo.
Ni marcó un gol. Simplemente evitó que otros lo hicieran.
Y eso bastó para que un niño cubano recorriera Houston con una máscara gigante, un uniforme difícil de conseguir y la certeza de haber encontrado a su primer gran héroe mundialista. Porque los arqueros nunca necesitan el balón para convertirse en leyenda.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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