El hijo de carpinteros de Villa El Salvador que estudiará ingeniería aeroespacial en MichiganTren bala de China: ¿cómo es viajar a 440 kilómetros por hora y cruzar un continente en apenas 4 horas?Mafe sin R, el nuevo rostro de Zaca TV: “No me molesta cuando alguien pregunta quién soy”En Oxapampa, el bosque no empieza fuera de la ciudad. Está detrás de las casas de madera, en las chacras de granadilla, café y rocoto, en la neblina que algunas mañanas cubre el valle y vuelve difusas las montañas.

Uno llega y entiende rápido por qué tanta gente quiere quedarse.MIRA: Sang Jung, el chef que dejó su vida en Seúl para sumarse a Central, el restaurante peruano considerado el mejor del mundoPero el paisaje está cambiando. Cafeterías nuevas, hospedajes, boutique, urbanizaciones sobre antiguos terrenos agrícolas y lotes en venta ahora aparecen por todas partes.

El valle más codiciado de la selva central vive un auge que parece prometerlo todo: calma, aire limpio, naturaleza. La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse esa promesa.“Por donde estiremos el dedo, encontramos lotizaciones”, dice Elqui Roncal, director de Recursos Naturales y Gestión Ambiental de la Gerencia Subregional de Oxapampa, en Pasco. “Todos vienen aquí a vivir o a compartir paisaje.

Y si no tenemos eso, definitivamente no juegan los números”. Entre lotes y bosquesPara entender qué está en riesgo hay que subir.

A más de 2000 metros de altura, en los distritos de Chontabamba y Huancabamba, el bosque se vuelve húmedo y espeso. Entre esos bosques de neblina nacen los ríos que abastecen de agua a más de 12.000 personas.

Allí, los árboles atrapan la humedad de las nubes y la transforman en el agua que llega hasta Oxapampa. Ese sistema, esencial para la vida del valle, acaba de conseguir la protección que llevaba años esperando.El Área de Conservación Regional Chontabamba Huancabamba, aprobada esta semana por el Decreto Supremo 008-2026-MINAM, protegerá cerca de 14.000 hectáreas. “Esta es una de las gestiones más largas si revisamos otros procesos de áreas de conservación regional”, asegura Roncal. “Fue un camino muy largo, pero valió la pena”.Desde el Gobierno Regional de Pasco, Elvis Estrella monitorea los bosques con imágenes satelitales y drones.

Los números que maneja son difíciles de ignorar. Entre 2001 y 2024, la provincia de Oxapampa perdió 140.000 hectáreas de bosque, equivalente a más de la mitad de toda Lima Metropolitana.

La amenaza sobre el área propuesta es aún baja, pero preocupa. “La idea es proteger ahora”, dice. “Si pasaban los años, el bosque iba a seguir reduciéndose”.Stephany Salcedo, especialista del Instituto del Bien Común que acompañó el proceso técnico por años, es directa sobre lo que estaba en juego. La propuesta inicial del área superaba las 20.000 hectáreas.

Hoy quedan poco más de 14.000, reducidas por invasiones, presencia de predios privados y conflictos de titulación. Sin protección formal, la frontera agrícola y ganadera habría avanzado exactamente hacia donde no debe: las partes altas, donde nacen las fuentes de agua. “El área establecida ahora es nuestro candado para que esa frontera no siga avanzando”, afirma.

Más que un paisajeLa preocupación no es solo ambiental. En Oxapampa, el bosque brinda agua, pero también trabajo.

El turismo, la agricultura y la apicultura dependen de él. También buena parte de la identidad del valle, donde conviven comunidades campesinas, pueblos indígenas, descendientes de colonos europeos y migrantes de distintas partes del país.

No es casualidad que la Unesco lo haya reconocido. Desde 2010, la provincia es parte de la Reserva de Biosfera Oxapampa-Asháninka-Yánesha, una categoría que se otorga a territorios que buscan demostrar que producir y conservar no son actividades incompatibles.

Pocos lugares del Perú lo tienen. Miguel Ángel Rubio, agricultor y ganadero de Huancabamba, cree que ese reconocimiento obliga a cierta coherencia. “Si voy a vender como Reserva de Biosfera, mis productos deben ir de la mano con la conservación”. “Nuestra propuesta es conservar estas cabeceras de donde viene el agua en beneficio de todos”.

De esa decisión, asegura, depende “el futuro de la agricultura, la ganadería, de la misma región”.Con la aprobación, Chontabamba-Huancabamba es ahora parte formal de la Reserva de Biósfera. En su fundo Praha, a pocos kilómetros del área, la apicultora Jennie Niño de Guzmán nunca esperó el decreto para actuar.

Sus colmenas se asoman al borde del bosque que su familia decidió no tocar: las partes altas del terreno permanecen intactas y han reintroducido plantas nativas que antes se talaban. “Ahora se va a poner en valor que Oxapampa tiene uno de los mejores pólenes a nivel nacional”, dice. Lo que le preocupa, agrega, es lo que queda pendiente: “Hay mucha gente que trata de apropiarse de áreas de bosque que no están destinadas para la agricultura”.Oxapampa sigue creciendo.

Los hospedajes se llenan. Los lotes se venden rápido.

La gente que llega busca el aire fresco, el verde, la calma. Arriba, en las montañas de Chontabamba y Huancabamba, el bosque sigue haciendo lo mismo que ha hecho siempre.

Ahora, por fin, con una protección formal.