El narcotraficante maliense Ahmed Ben Brahim, conocido como el Pablo Escobar del Sáhara, tiró de la manta de la corrupción política en Marruecos luego de sentirse traicionado por antiguos cómplices y testaferros, que se apoderaron de sus bienes cuando se encontraba entre rejas en 2023. Desde la cárcel, cantó de plano ante la policía para acusar a más de 20 exdiputados, agentes de las fuerzas de seguridad y funcionarios de integrar la mayor red de corrupción pública ligada al tráfico internacional de estupefacientes destapada hasta ahora en el país magrebí.

Casi tres años después, un tribunal de Casablanca les condenó al filo de la medianoche del jueves al viernes a penas de hasta 12 años de prisión. En las más de 80 sesiones de un juicio que ha sido seguido por los marroquíes con detalle mediático se han sentado en el banquillo altos cargos del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), socio del actual Gobierno de coalición, vinculados a la construcción y al mundo del fútbol.

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