“Fue una experiencia que me marcó de por vida”: Vania Masías recuerda el exigente casting de tres días con el que fue seleccionada por el Cirque ...Bárbara de Regil revela la escena que se negó a hacer en “Rosario Tijeras” y habla de la que será su primera visita al PerúEra 1990. Jorge Benavides necesitaba un personaje para un sketch sobre Luis Miguel y Carlos Vílchez encontró la inspiración en un recuerdo de barrio: un joven que volvió de Estados Unidos con ropa llamativa, gestos desbordados y una personalidad imposible de ignorar.

A esa imagen le sumó su fanatismo por el ídolo mexicano y su propio instinto para la exageración. Así nació La Carlota.“Soy admirador de Luis Miguel desde chibolo, lo amo con locura.

Y en mi barrio había un chico que se había ido a vivir a Estados Unidos. En los ochenta eso era lo máximo.

Un día volvió con zapatillas Nike y una camisa con flequitos y brillitos. Yo tendría unos 10 años y esa imagen se me quedó.

Años después, frente al espejo, empecé a jugar con esos gestos, a exagerarlos, y le puse Carlota por mi nombre, Carlos”, rememora Vílchez.La Carlota debutó en el teatro y, un año después, en 1991, llegó a la televisión de la mano de Jorge Benavides. Pasó por programas de humor como “JB Noticias” y “JB, el imitador”, luego por la conducción en “Lima Limón” junto a Laura Huarcayo, y alcanzó una popularidad tan grande que, por momentos, pareció ganarle espacio a su creador.“Lo dejé un tiempo de lado porque se estaba comiendo a Carlos Vílchez.

En la temporada de ‘Lima Limón’, la gente ya no me decía Carlos. Me decía Carlota.

Se estaba comiendo al dueño del personaje”, cuanta el actor.Hoy, a 36 años de su creación, Vílchez habla de La Carlota como de una compañera de vida. Una presencia que le dio trabajo, popularidad, cariño y también el desafío de convivir con una criatura escénica más grande que cualquier cálculo.“La Carlota lo es todo para mi carrera.

Primero porque me ha dado mucho y segundo porque sigue vigente, algo muy difícil que pase en nuestro país”, afirma.Vuelta circense Esa vigencia volverá a ponerse a prueba desde el 15 de julio, cuando “La Carlota, la reina del pop” llegue al Circo de las Estrellas, en el Parque de las Leyendas. Esta vez, el personaje entra al universo de Michael Jackson en una puesta producida y dirigida por Julio Zevallos, con canciones adaptadas por Charlie André para llevarlas al humor, la fantasía y el lenguaje de La Carlota.“El público no irá a ver una imitación de Michael Jackson ni una traducción literal de sus canciones.

Irá a ver a La Carlota jugando con ese mundo, rindiéndole homenaje desde el humor y la fantasía. La vamos a ver vestida con algún traje de Michael representándolo”, comenta.LEE MÁS: “Mi hijo Lucas le puso color a mi vida”: José Peláez confiesa cómo la paternidad lo transformó para siempreEl espectáculo usará pasos reconocibles, coreografías inspiradas en el artista y una estética llena de luces, color y movimiento.

No obstante, las letras han sido cambiadas. No serán traducciones al español, sino versiones creadas especialmente para los niños.

Vílchez insiste en eso porque no quiere que el público piense que encontrará una puesta oscura o de terror. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Circo de las Estrellas (@circodelas.estrellas) Amor generacionalPara Vílchez, el circo infantil no es un territorio nuevo.

Antes de la televisión y de la fama masiva, él ya hacía teatro para niños. Empezó muy joven, a los 15 o 16 años, y pasó por montajes de “Pinocho”, “Blancanieves” y otras obras.

Conoce la dificultad de ese público. “Hacer reír es difícil, dice. Hacer reír y mantener atento a un niño durante una hora y media es todavía más complicado.

Tienes que mantener a los niños una hora y media sentados, y el niño no está sentado. El niño siempre está brincando y haciendo algo.

Entonces, esto es un reto y a mí me gusta”, afirma.Quizá por eso le emociona tanto que La Carlota haya logrado cruzar generaciones. Niños de tres, cuatro o cinco años la llaman “Callota”.

Señoras mayores la siguen buscando en el circo. Familias enteras se acercan a tomarse una foto.

Hay gente que la mira como si fuera parte de su historia familiar. Y ese cariño, dice Vílchez, a veces lo desborda.El vínculo no fue inmediato con todos.

Vílchez recuerda que en una época, especialmente durante “Lima Limón”, hubo resistencias. El país era —y sigue siendo, dice— machista y homofóbico.

Algunos no entendían por qué un personaje como La Carlota estaba al mediodía en televisión.“El personaje no hacía daño, no insultaba, no incomodaba; transmitía humor, cariño y energía. Con el tiempo, incluso quienes se resistían terminaron aceptándola.

La Carlota puede ser exagerada, antipática, intensa, coqueta, mandona, juguetona; pero no es cruel. Y el público lo percibe”, reconoce.Nuevos proyectosEn esta etapa, asimismo de volver al circo, quiere desarrollarse como productor.

Prepara un proyecto junto a su hijo Giancarlo Vílchez, comunicador y periodista deportivo. Será un espacio ligado a Alianza Lima, su gran pasión.

Sueña con invitar a Paolo Guerrero, Jefferson Farfán y también a líderes de la barra para hablar del fútbol, de la hinchada y de por qué se perdió esa vieja costumbre de compartir un estadio con dos tribunas enfrentadas, pero vivas.Pero antes de ese sueño está La Carlota. La que nació mirando a Luis Miguel y ahora se atreve con Michael Jackson.

La que casi se comió a Carlos Vílchez, pero también lo hizo inolvidable. La que no pertenece del todo al actor ni al público, sino a ese lugar extraño donde viven los personajes que sobreviven al tiempo.LEE MÁS: “Yo no pedí ayuda....

Mostré mi realidad”: Brando Gallesi habla luego de alejarse de los escenarios y mostrarse vulnerable en redes socialesDespués de 36 años, Carlos Vílchez podría cansarse de ella. Pero no.

La defiende, la cuida, la deja descansar cuando hace falta y la vuelve a sacar cuando el público la llama. Sabe que no todos los artistas tienen la suerte de crear una compañía tan fiel.

Una que haga reír a un niño, emocione a una abuela y le recuerde a él mismo por qué sigue subiendo al escenario. “La Carlota me ha dado de comer 36 años”, dice.Y quizás esa frase, tan simple y tan honesta, explique todo. Porque detrás de los rulos, del grito, del baile y de la exageración, hay un actor que entiende que el humor también puede ser gratitud.

Y que cada función es una forma de devolverle al público un poco de todo lo que La Carlota le dio.