Cien años de "Don Segundo Sombra": la lectura apasionada de Leopoldo Lugones en LA NACION

Entre los 140 años de su nacimiento y el centenario de Don Segundo Sombra, 2026 se convirtió en un año de homenajes a Ricardo Güiraldes. Las celebraciones, que se extenderán hasta octubre de 2027, cuando se cumpla un siglo de su muerte en París, tendrán uno de sus momentos centrales el próximo 1° de julio en San Antonio de Areco, ciudad que está estrechamente ligada al autor y a su obra.
La jornada incluirá una ofrenda floral frente al monolito dedicado al autor, la presentación de una edición conmemorativa de Don Segundo Sombra, la inauguración de una muestra en el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes y un acto académico organizado por la Universidad Nacional de San Antonio de Areco (UNSAdA).Este es el descubrimiento sobre Mozart más importante en décadasEl centenario es también una oportunidad para revisar un documento singular de la historia literaria argentina. Cuando apareció la novela de Güiraldes, LA NACION le dedicó una extensa reseña firmada por Leopoldo Lugones, una de las voces más influyentes de la cultura argentina de la época.
Publicado el 12 de septiembre de 1926, el artículo ocupó una página completa del diario y constituyó una temprana consagración de una obra que con el tiempo pasaría a integrar el canon de la literatura nacional.Lugones entendió rápidamente que la novela de Güiraldes era algo más que una historia ambientada en la llanura pampeana, y desde las primeras líneas, la inscribió en una tradición mayor. “La novela pertenece a la familia del Facundo y del Martín Fierro”, escribió, antes de afirmar que venía a completar “una página, en blanco hasta hoy, de la vida gaucha”.Para Lugones, el gran mérito de Güiraldes consistía en haber retratado al gaucho desde adentro: “Don Segundo Sombra, como Martín Fierro, es el gaucho mismo”, remarcó. A lo largo de buena parte de la reseña, el escritor desarrolla una extensa reflexión sobre la figura del gaucho, al que presenta como un hombre formado por la vida errante, el trabajo y la autosuficiencia. “Como la libertad consiste en poseerse, no en poseer, forma un tipo de hombre libre”, escribió.
Más adelante definió al gaucho como “un pozo de ciencia”, capaz de resolver por sí mismo los problemas que le plantea la vida de campo.La lectura del escritor y poeta, asimismo, excede el comentario literario. Lugones ve en el personaje creado por Güiraldes una representación de ciertas virtudes que considera constitutivas del carácter nacional.
Habla de su “mesurada hidalguía”, de su independencia y de su capacidad para adaptarse a los cambios históricos sin perder la esencia. “El carácter gaucho no ha desaparecido. Se ha adaptado, como el país, a las nuevas condiciones de la civilización”, afirma.
El entusiasmo de Lugones por la novela atraviesa toda la reseña. Uno de los aspectos que más admira es la capacidad de Güiraldes para construir una narración que muestra episodios aparentemente sencillos, sin apoyarse en grandes giros argumentales. “Conseguirlo en cerca de cuatrocientas páginas desarrolladas de un tirón, sin fábula ni sorpresas, es un esfuerzo triunfal nunca igualado entre nosotros.
La prueba decisiva del verdadero escritor”, sentencia.También celebra la manera en que la novela consigue transmitir una experiencia vital antes que una simple historia. “Lo que interesa en él es lo que está viviendo, no lo que va contando el autor”, observa. Esa cualidad le permite, según Lugones, alcanzar uno de los objetivos más difíciles de la literatura: hacer que el lector experimente directamente el mundo representado. “Esto es el desiderátum mismo de la obra de arte”, añade.La crítica incluye asimismo una detallada enumeración de los episodios que considera memorables de Don Segundo Sombra.
Destaca escenas como la lluvia sobre el primer arreo, la riña de gallos, el rodeo, la lucha con el toro, la doma y el duelo a cuchillo. Muchos de esos pasajes, afirma, estaban destinados a convertirse en clásicos de la literatura argentina.No obstante, la admiración que siente por la obra de Güiraldes no le impide formular algunas objeciones.
Lugones cuestiona ciertos aspectos del lenguaje empleado y señala que “su idioma es limitado y defectuoso, bajo el aspecto gramatical”. La observación no disminuye el valor que atribuye a la obra.
Por el contrario, le sirve para insistir en una idea que atraviesa toda la crítica: el talento literario exige disciplina y perfeccionamiento. “Quien ha nacido artista de la palabra tiene el deber de formarse escritor”, sostiene.Uno de los elogios más destacados de la reseña está dedicado a la capacidad descriptiva de Güiraldes. Para Lugones, el autor consigue transmitir el paisaje pampeano no solo porque lo conoce en profundidad, sino porque posee un talento artístico excepcional para hacerlo. “Pinta bien el campo, no porque lo conozca sino porque es artista.
Cuántos habíanlo conocido antes, con igual perfección, sin pintarlo nunca”, escribe. Y para reforzar la idea recurre a una comparación inesperada: recuerda que Leonardo da Vinci dibujó miles de flores con precisión científica, (“y en su pintura, la flor está ausente”) pero que Botticelli, sin saber botánica, fue “un divino pintor de flores”.Hacia el final del texto, la reseña adquiere un tono casi celebratorio.
Lugones considera que la novela expresa una confianza profunda en el país y en sus tradiciones. “Paisaje y hombre ilumínanse en él a grandes pinceladas de esperanza y de fuerza”, escribe. Y concluye con una frase que resume el sentido de todo su elogio: “Esto sí que es cosa nuestra y de nadie más”.El entusiasmo de Lugones alcanza su clímax hacia el final de la reseña.
Ahí el escritor deja en claro que la novela no es únicamente un relato sobre la vida en la pampa, sino una reflexión sobre el carácter, el esfuerzo y la identidad nacional. “Estas realizaciones de belleza genuina, de fecundidad natural, de salud sin recetario, de vida triunfante, en suma, son otras tantas afirmaciones de patria”, escribe. Y concluye con una frase que trasciende el comentario sobre la novela para convertirse en una definición del arte y de la vida: “Creer, no formular; poner todo el temperamento, a lo que dé, en la gran corriente vital (...) eso es saber triunfar, saber amar, saber vivir, saber portarse como hombre y como artista”.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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