Antes de continuar profundizando en los datos, cabe mencionar que las remesas cumplen varias funciones dentro de la economía como la paraguaya. En primer lugar, constituyen una fuente de divisas, ya que representan recursos externos que ingresan al país y fortalecen la disponibilidad de moneda extranjera.

En segundo lugar, operan como un ingreso complementario para los hogares receptores, con capacidad de apoyar gastos de consumo, educación, salud, vivienda o pago de obligaciones. En tercer lugar, reflejan un flujo vinculado a la migración laboral, debido a que buena parte de estos recursos proviene de paraguayos que residen y trabajan en el exterior.

También forman parte de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos, dentro de los ingresos secundarios, por lo que tienen relevancia en el análisis externo de la economía. Asimismo, funcionan como un indicador indirecto del vínculo económico entre Paraguay y sus comunidades en el exterior, al mostrar la continuidad de los lazos familiares y financieros con el país de origen.

Conforme con las estadísticas oficiales, el salto acumulado entre 2008 y 2025 fue de 531,8%, lo que equivale a decir que el flujo anual de remesas se multiplicó 6,3 veces en casi dos décadas. En términos de ritmo promedio, la expansión anual compuesta fue de 11,5%.

Esta evolución no fue lineal, ya que combinó periodos de fuerte crecimiento, años de ajuste y una aceleración marcada en la etapa más reciente. El primer tramo mostró un avance rápido: las remesas pasaron de US$ 213,7 millones en 2008 a US$ 604,9 millones en 2012.

En ese periodo, los mayores aumentos se registraron en 2010 y 2011 con 39,9% y 75,6%, respectivamente. Posteriormente, la serie atravesó una fase de corrección.

En 2013, los ingresos bajaron 6,7% y se ubicaron en US$ 564,4 millones. En 2014, la reducción fue más pronunciada, con una caída de 19,4% y un monto de US$ 455,0 millones.

El flujo volvió a crecer en 2015, cuando alcanzó US$ 494,3 millones, con una variación positiva de 8,6%. A partir de 2016, la serie volvió a tomar impulso: ese año las remesas llegaron a US$ 640,9 millones, con un aumento de 29,6%, y en 2017 subieron a US$ 742,8 millones.

Entre 2018 y 2020 se observó una dinámica más moderada. En 2018, los ingresos fueron de US$ 754,6 millones, apenas 1,6% por encima del año anterior.

En 2019, bajaron 3,4% hasta US$ 729,3 millones, y en 2020 volvieron a caer 8,2%, con un total de US$ 669,4 millones. No obstante, desde 2021 se inició una recuperación sostenida: US$ 730,1 millones en 2021, US$ 768,7 millones en 2022 y US$ 823,8 millones en 2023.

La ruptura más clara de la serie se observa en 2024 y 2025. En 2024, las remesas superaron por primera vez la barrera de los US$ 1.000 millones con un ingreso de US$ 1.005,7 millones y un crecimiento de 22,1%.

En 2025, el flujo se elevó a US$ 1.350,4 millones, una expansión de 34,3%. Solo en esos dos años ingresaron US$ 2.356,1 millones, una cifra superior al total acumulado entre 2008 y 2012.

El arranque de 2026 mantuvo un nivel elevado. Entre enero y marzo ingresaron US$ 318,9 millones, frente a US$ 309,0 millones en el mismo periodo de 2025, lo que implicó un aumento de 3,2%.

El detalle mensual muestra US$ 96,2 millones en enero, US$ 105,6 millones en febrero y US$ 117,2 millones en marzo. Con los resultados expuestos y a modo de remarcar, las remesas familiares continúan operando como un flujo relevante de divisas para toda la economía paraguaya. * Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.