Por qué es importante el aporte de la educación superior a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

Nos encontramos a sólo cuatro años del plazo establecido para el cumplimiento de la Agenda 2030 y de los ampliamente reconocidos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), consolidados como una hoja de ruta global compuesta por 17 objetivos en favor de las personas, el planeta y la prosperidad.No obstante, a medida que nos acercamos al año 2030, la pregunta se hace inevitable: ¿estamos avanzando con la velocidad, profundidad y coherencia que estos desafíos requieren? Porque la sostenibilidad ya no puede ser entendida como un concepto complementario, una línea de acción aislada o una buena intención institucional.
Hoy constituye una exigencia ética, estratégica y urgente.Los desafíos planteados permean progresivamente distintos niveles de acción: gobiernos, empresas, organizaciones de la sociedad civil y, de manera especialmente relevante, instituciones de educación superior. Estas últimas cumplen un rol estratégico, no sólo por su capacidad de formar profesionales y generar conocimiento, sino también por su responsabilidad de impulsar transformaciones desde sus propias comunidades.Ocupan una posición privilegiada para originar y acelerar cambios, se trata de espacios en los que se forman las personas que tomarán decisiones en el futuro y se promueve el pensamiento crítico; se abren instancias de diálogo y debate, generándose conocimiento, evidencia e innovación para enfrentar problemas cada vez más complejos.Asimismo, cumplen un rol articulador clave al vincularse con los territorios, el sector público, el mundo productivo y las comunidades, conectando el saber académico con las necesidades reales del entorno.Coherencia entre lo que se declara y lo que se transformaLa contribución de la educación superior al cumplimiento de los ODS no puede limitarse a la incorporación del lenguaje de la sostenibilidad en discursos, planes estratégicos o actividades puntuales.
El verdadero desafío está en integrar estos objetivos de manera transversal en la gestión institucional, los procesos formativos, la investigación, la vinculación con el medio y la propia cultura organizacional.Esto implica preguntarse, con honestidad institucional, si las decisiones cotidianas están alineadas con los principios que la Agenda 2030 promueve: inclusión, equidad, justicia social, acción climática, trabajo decente, innovación, alianzas y cuidado de los ecosistemas. Hablar de sostenibilidad sin transformar prácticas, indicadores y formas de gestión es permanecer en el plano declarativo.
El verdadero desafío está en lograr coherencia entre lo que se declara, lo que se decide y lo que efectivamente se transforma.Por ello, las instituciones de educación superior están llamadas a convertirse en verdaderos laboratorios vivos de sostenibilidad, capaces de formar profesionales con conciencia crítica, generar conocimiento pertinente y construir soluciones colaborativas junto a las comunidades. Esto supone avanzar desde una mirada fragmentada hacia una gestión más integrada, donde la sostenibilidad no dependa exclusivamente de voluntades individuales o iniciativas aisladas, sino de capacidades institucionales instaladas, medibles y sostenibles en el tiempo.Quedan sólo cuatro años para avanzar hacia el cumplimiento de los ODS.
El desafío es grande y, probablemente, después de 2030 surgirán nuevas metas y desafíos aún más complejos. No obstante, la sostenibilidad no termina con una fecha; es un compromiso permanente.
Serán las instituciones con visión de futuro las que marquen liderazgo, impulsen la innovación en los sistemas educativos y consoliden nuevas formas de aprender, gestionar y colaborar.Por Javiera Rocha Cortés, directora Programa Sustentabilidad UTEM.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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