El verano tiene ese je ne sais quoi que cuesta explicar, pero se reconoce en cuanto llega. Un atardecer que no acaba nunca, el olor a coco y crema solar en el cuerpo y a jazmín en la calle o la sensación de libertad que dan los días largos.

Son emociones que revolucionan por dentro y disparan la serotonina, endorfinas, oxitocina y vitamina D, para dejar en una esquina acorralado al maldito cortisol. El verano es experiencia pura, momentos que sacan de la rutina y piden movimiento.Seguir leyendo