El polígrafo: la gran mentira del detector de mentiras

El humo vendido por el polígrafo –también llamado detector de mentiras– se basa en una premisa sin comprobación: mentir produce respuestas fisiológicas identificables. Eso es falso.
Lo que mide –presión arterial, ritmo respiratorio, conductancia de la piel– son reacciones al estrés y a la ansiedad. No son reveladores de la mentira.
Una persona inocente que teme no ser creída podría reportar esas respuestas fisiológicas. El polígrafo mide la activación del sistema nervioso autónomo, que responde a infinidad de estímulos externos y, tal vez, a la mentira.
Algunas personas pueden mentir con absoluto descaro y no generar reacciones físicas, en tanto que otras podrían desencadenarlas. No hay conclusión válida.
Llamamos pseudociencia a lo que aparenta ser ciencia, pero que realmente es simulación. La pseudociencia produce gráficas, números y terminología técnica con apariencia de objetividad, pero sus afirmaciones no resisten la verificación empírica.
La astrología hace gala de cálculos precisos, la frenología medía cráneos con instrumental sofisticado y el polígrafo hace trazados que parecen diagnósticos. En todos los casos, la forma parece científica, pero el contenido está lejos de este concepto.
Lo que no dicen: el polígrafo es derrotable. Existen contramedidas documentadas y accesibles –como alterar voluntariamente la respiración, tensar grupos musculares durante las preguntas de control, evocar imágenes perturbadoras en los momentos clave– que permiten manipular los resultados con relativa facilidad.
El caso más elocuente es el del espía Aldrich Ames, quien trabajó durante años para la KGB mientras superaba pruebas periódicas de polígrafo en la CIA. Un método de diagnóstico neutralizado por quien conoce su mecánica interna no produce mediciones confiables.
Eso lo descalifica de manera definitiva. La jurisprudencia costarricense llegó a la misma conclusión.
La Sala Constitucional estableció que el polígrafo “degrada a la persona a un mero objeto” y existe “desconfianza en sus resultados” (Sala IV: 4887/2004). Añadió que la prueba obtenida mediante este método es nula de pleno derecho y debe ser excluida del proceso (Sala IV: 4887/2004).La Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia fue aún más directa, pues calificó el detector de mentiras de “procedimiento arbitrario, ilegal y contrario a los derechos fundamentales, cuyos resultados son potencialmente manipulables” (Sala III: 1701/2013), y reafirmó que su uso “resulta absolutamente ilegal” en el proceso penal costarricense (Sala III: 430/2026).
La Sala Segunda de la Corte Suprema, en esa misma línea, indicó que el resultado del polígrafo “participa de la confesión, pero involuntaria”, equivalente a una “confesión arrancada por la fuerza” (Sala III: 1701/2013, citando a Sala II: 483/2004). El problema no se agota en los tribunales.
En el ámbito laboral, el polígrafo se convierte en un instrumento de persecución sin base científica alguna. Un empleador que lo usa para investigar a sus trabajadores no obtiene verdad, sino poder.
El mismo que necesita para despedir con apariencia de objetividad, para presionar con amenaza de exposición, para castigar disidencias o inconveniencias disfrazándolas de “resultados técnicos”. El trabajador sometido a esa prueba no enfrenta a la ciencia, sino a la autoridad barnizada de ciencia, que es lo más peligroso.
Aquí vale una reflexión que debería cerrar cualquier debate: si el polígrafo produjera resultados verdaderos, todos los sistemas judiciales del mundo habrían desaparecido hace décadas. No habría juicios, ni prueba testimonial, ni presunción de inocencia.
Bastaría con conectar al imputado a una máquina. El hecho de que ningún sistema jurídico serio lo haya adoptado como prueba vinculante no es casualidad ni conservadurismo.
Es el reconocimiento tácito, universal y sostenido de que el instrumento no funciona. Creer en el polígrafo es más dañino que creer en fantasmas.
Quien cree en fantasmas, en el peor de los casos, duerme con la luz encendida. Quien cree en el polígrafo toma decisiones que destruyen vidas –niega empleos, rompe reputaciones y condena a inocentes–.
Justamente eso es lo que hace al polígrafo moralmente inaceptable.francisco@dallaneseabogados.comFrancisco J. Dall’Anese es abogado.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.