Hay un nombre marcado en la Historia de nuestro país: Rodolfo Neri, el primer astronauta mexicano en viajar al espacio. Este hombre, nacido en el estado de Guerrero, demostró que el talento científico de la región no conocía fronteras terrenales y que el cielo no era el límite, sino el punto de partida de una nueva era tecnológica para su nación.

Rodolfo Neri Vela es parte del conocimiento impartido en las aulas escolares, los institutos de ingeniería y los archivos de la NASA como un hito de la superación profesional. Al abordar el transbordador espacial Atlantis en una fría noche de noviembre de 1985, el ingeniero mexicano no solo se desprendió de la atmósfera terrestre, sino que cargó sobre sus hombros las aspiraciones de todo un país.

Su misión fue parte de una asignación de ingeniería y experimentación que colocó a México de lleno en el mapa de las telecomunicaciones internacionales y de la investigación biológica en microgravedad. Rodolfo Neri Vela nació el 19 de febrero de 1952 en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero.

Desde temprana edad, mostró curiosidad por el funcionamiento de los aparatos electrónicos, la física aplicada y las matemáticas, lo que lo llevó a trasladarse a la capital del país para consolidar sus estudios superiores en la máxima casa de estudios de la nación. A principios de la década de los 70, Neri Vela ingresó a la Facultad de Ingeniería de la UNAM, donde obtuvo con honores el título de Ingeniero en Mecánica Eléctrica, con una especialidad orientada hacia el área de las telecomunicaciones.

Después, el joven ingeniero se trasladó al Reino Unido, donde llevó a cabo una maestría en Sistemas de Telecomunicación en la Universidad de Essex. Posteriormente, consolidó su estatus de científico de élite al obtener el grado de Doctor en Radiación Electromagnética por la Universidad de Birmingham.

A su regreso a México, Neri Vela combinaba sus labores de docencia e investigación en la UNAM con asesorías técnicas de alto nivel, convirtiéndose en uno de los mayores expertos del país en el diseño y comportamiento de antenas y sistemas de microondas. El boleto de Rodolfo Neri Vela hacia el espacio exterior estuvo ligado a uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos del Estado mexicano del siglo XX: la creación del Sistema Satelital Morelos.

Al trabajar con la NASA, la agencia espacial estadounidense ofreció un asiento a bordo de la nave espacial para un científico mexicano, quien asumiría el rol de Especialista de Carga durante la misión encargada de desplegar el segundo satélite de la serie, el Morelos 2. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), en coordinación con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), lanzó una convocatoria a nivel nacional para seleccionar al candidato ideal.

Luego de varias etapas de eliminación, Rodolfo Neri Vela fue designado como el candidato principal de la misión debido a su perfil técnico en telecomunicaciones, su experiencia internacional y su excelente condición física. Una vez seleccionado, Neri Vela se trasladó al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas, para incorporarse de lleno a la rutina de preparación de los astronautas profesionales de la agencia.

El momento culminante de la historia espacial de México llegó la noche del 26 de noviembre de 1985, cuando Rodolfo Neri se convirtió en el primer astronauta mexicano en viajar al espacio a bordo del transbordador espacial Atlantis. El objetivo primordial de la presencia de Neri Vela fue vigilar la colocación del satélite de comunicaciones Morelos 2 y garantizar la conectividad del país por los siguientes años.

Asimismo de supervisar el despliegue del satélite, el astronauta mexicano participó en una serie de caminatas espaciales y experimentos de ensamblaje de estructuras a gran escala denominados EASE/ACCESS. Asimismo, se encargó de realizar una serie de experimentos encargados por investigadores y académicos de diversas instituciones de México; también llevó un contenedor especial que resguardaba diversas variedades de semillas de plantas endémicas y de alto consumo popular en México, incluyendo el frijol, el maíz, el amaranto y diferentes tipos de leguminosas.

Pero uno de los hitos más importantes de Rodolfo Neri como astronauta mexicano fue la incorporación de un elemento que hoy es esencial en las misiones espaciales: la tortilla. Durante los 7 días que estuvo en el espacio, Neri solicitó la inclusión de tortillas en su ración diaria.

Los técnicos de la NASA descubrieron que este alimento era el alimento perfecto para el espacio: es flexible, deliciosa, nutritiva, puede enrollarse fácilmente con cualquier guiso y no genera ninguna migaja que pueda poner en riesgo a la nave. Hoy en día, evocar la travesía de Rodolfo Neri Vela es sumergirse en una narrativa colmada de disciplina científica, adaptaciones culturales y un legado educativo que continúa inspirando a las nuevas generaciones de jóvenes investigadores que sueñan con las estrellas.