El guitarrista chileno habló sobre la nueva edición de este libro que hace un recorrido por su vida, las tensiones con sus compañeros de banda y su amor por la música.Claudio Narea durante la Feria del Libro de Bogotá 2026.Sergio ArévaloEn los años ochenta, las canciones de una banda chilena se convirtieron en himnos de resistencia contra la dictadura y contra las formas convencionales de hacer música. Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia marcaron un antes y un después con Los Prisioneros, revolucionando la escena del rock chileno.

Su historia ha estado atravesada tanto por logros como por polémicas, y cada integrante tiene su propia versión de los hechos que los llevaron a la fama y, más tarde, a su separación.Claudio Narea, exguitarrista de la banda, relata sus memorias sobre lo ocurrido antes, durante y después de su paso por el grupo en el libro “Los prisioneros, biografía de una amistad”. Una primera versión de estos recuerdos fue publicada en 2009 bajo el título “Mi vida como prisionero”.

Años después, el músico decidió lanzar una edición ampliada, con fragmentos que, de acuerdo con él, fueron censurados en la publicación original. Esta nueva edición, ya disponible en librerías de Colombia, se complementa con momentos vividos por el guitarrista entre 2014 y 2021.

El músico habló para El Espectador sobre esta nueva publicación.En “Los prisioneros, biografía de una amistad” menciona que nunca estuvo en sus planes escribir un libro. ¿Cómo surgió entonces la idea de hacerlo?

¿Qué lo impulsó?Yo tenía una amiga periodista y ella quería escribir un libro sobre Los Prisioneros. Cuando me expulsaron de la banda, nos juntamos y yo le di varias entrevistas.

En 2007 entendí varias cosas sobre esta situación que viví con Los Prisioneros y ahí la idea de escribir el libro tomó un nuevo impulso.La primera edición se llamó Mi vida como prisionero y lo publicó la editorial Norma en 2009. Como lector, yo sentía que no estaba muy bien escrito y tampoco quedé conforme con el título.

Y lo que menos me gustó fue que censuraran la historia. Quitaron las partes que consideraban más polémicas.

Después la editorial cerró en 2012 y me llamaron para decirme que los derechos del libro quedaban liberados, que podía publicarlo donde quisiera. Ese es el libro que ustedes tienen ahora: una historia que termina en 2021.

Es, finalmente, una gran historia de amistad: la historia de tres chicos a los que les gustaba la música y que no sabían tocar nada, pero que en algún momento decidieron aprender. Y a partir de ahí empezaron apareció un mánager, surgieron canciones increíbles y llegamos a tocar en varias partes de Latinoamérica.

Sucedió algo grande.Usted cuenta que hubo proyectos alternos que desarrollaron en conjunto tanto antes como durante Los Prisioneros. ¿Cuál de estos proyectos es su favorito?

¿Qué posibilidades creativas, quizás sin tanta presión mediática como la que implicaba Los Prisioneros, tuvo a partir de esto?Nosotros jugábamos bastante ante la prensa. Siempre éramos como serios, nuestras fotografías eran como de estar enojados con el mundo, como resentidos.

Pero en realidad, internamente, nos pasábamos riendo. Lo pasábamos bien, éramos amigos, tocábamos juntos, nos iba bien, viajábamos, conocíamos lugares.

Teníamos historias de infancia parecidas y también fue lindo todo lo que sucedió después.En algún momento las cosas empezaron a cambiar, pero nunca dejamos de reírnos. Y hacíamos proyectos desde el comienzo, como Los Pseudopillos.

Después también hicimos cosas relacionadas con eso, en los años 87 y 88, cuando veníamos para acá. Estaban canciones como “Elvis fue un vampiro”, “Mal de Parkinson”, cosas que eran muy divertidas para nosotros.

No sé si para el resto de la gente serán igual de chistosas, pero nosotros teníamos mucho humor y eso fue una parte muy importante de lo que se nos dio.A lo largo del libro vemos cómo esta amistad entre Los Prisioneros se transforma, se fractura y atraviesa distintas etapas y momentos. A pesar de toda esa turbulencia, ¿cuál es la memoria que más aprecia de esa época con la banda?Yo lo disfruté mucho, lo pasé muy bien.

Pero también creo que fue bueno irme de la banda en el año 90. Creo que de no haberla tomado, creo que no habría crecido como persona.

En ese tiempo yo no tenía claridad respecto al futuro. Estaba muy aferrado a Los Prisioneros: era mi grupo de amigos, mi banda, mi trabajo.

Pero al irme pude darme cuenta de que podía armar otra banda, crear canciones, generar un impacto en el público y tener seguidores fuera de Los Prisioneros gracias a mis propias canciones. Con mi banda Profetas y Frenéticos recorrimos bastante Chile y teníamos muchos seguidores.

En algún momento decidí detenerme, pero fue una decisión personal. Después creé las Escuelas de Rock junto a otros amigos, tuve programas de radio, también un programa de televisión y trabajé como panelista en espacios que se veían en todo el mundo.

Escribí un libro, seguí creando canciones, hice tres discos solistas y en la actualidad sigo tocando. Incluso me atreví a cantar, algo que antes no hacía.

Son cosas que yo encontraba impensables cuando tenía 24 años y me fui de Los Prisioneros.¿Cuál es su canción favorita de Los Prisioneros? ¿Cuál es la que menos le gusta interpretar?Sabes que me gustan todas las canciones que tocamos.

No hay canciones que realmente deteste. Hay algunas que me gustan menos, como “Pa Pa”, por ejemplo.

Musicalmente y letrísticamente no me dice tanto, pero eso se compensa cuando veo a la gente contenta.Ahora, hay canciones que sí me gustan mucho: “El baile de los que sobran”, “Brigada de negro”, “Quieren dinero” o “We are Sudamerican Rockers”. Pero las canciones que más me gustan hoy son las que estoy haciendo ahora, porque sigo haciendo música y pronto vamos a grabarlas.Las canciones de Los Prisioneros fueron hechas en un contexto de dictadura, donde la gente que iba a nuestros conciertos incluso reinterpretaba las canciones.

Por ejemplo, “¿Quién mató a Marilyn?”. Nosotros cantábamos esa canción en un país donde estaba muriendo gente, donde secuestraban personas.

Entonces el coro “¿Quién mató a Marilyn?” adquiría otro sentido. La gente respondía: “Los pacos”, refiriéndose a la policía.Y eso ocurría justamente en una época muy dura.

Me acuerdo de unos profesores a quienes detuvieron, torturaron y degollaron. Eso fue en el año 85, el mismo tiempo en que tocábamos esa canción.

Entonces, mientras nosotros cantábamos “¿quién fue?”, la gente pensaba en quiénes habían sido los responsables de esos crímenes.Por eso la gente sentía las canciones como propias, las vivía. Y las canciones que estoy haciendo ahora también tienen que ver con el contexto actual, que me parece incluso más peligroso y más duro que lo que vivimos en Chile.

Hoy existe un contexto mundial donde se está normalizando la violencia y el genocidio. Yo creo que hay gente demasiado loca generando un nivel de violencia y un lenguaje muy macabro.Pero yo creo que este es el momento de decir que no, que eso no es normal.

Hay que hablar de estas cosas. No está bien.

Hay que marchar, hay que movilizarse, porque si no, después nos va a tocar a nosotros.¿Cómo vivió esa época de censura tanto a nivel personal como profesional?La censura estuvo presente en nuestra historia desde el comienzo. Incluso el nombre “Los Prisioneros” ya era un nombre que generaba incomodidad.

Después vino la censura en televisión. Estábamos en la Teletón, que es un espectáculo benéfico de mucho impacto en Chile, y el canal nacional nos censuró.Más adelante, a comienzos de 1988, llamamos públicamente a votar “No” en el plebiscito contra Pinochet.

Ese fue el mismo año en que vinimos a Colombia, en septiembre. Esa declaración tuvo un impacto muy fuerte porque, después de eso, prácticamente dejaron de hacerse conciertos nuestros en Chile.

Nunca hubo un bando oficial diciendo que estaban prohibidos, pero simplemente dejaron de facilitarnos los recintos que ya estaban comprometidos. Teníamos planeada una gira por 40 ciudades y todo eso se cayó.

Ahí entendimos que estábamos en la mira del gobierno y de la dictadura.¿Cómo describiría al Claudio que estaba en Los Prisioneros y cómo describiría al Claudio de hoy en día?Yo creo que sigo siendo más o menos el mismo. Tal vez ahora tengo las cosas mucho más claras y menos timidez, aunque nunca se me ha quitado del todo.

Se nota cuando hablo en público. A diferencia de Jorge y Miguel, a mí nunca se me dio naturalmente eso de hablar frente a la gente.

Pero aun así he ido sacando mi voz y mostrando el talento que tengo. Escribo libros, escribo canciones.

Lo que sí ha cambiado es que hoy soy más consciente de que tengo una voz y de que debo aprovecharla para cosas positivas.En uno de los capítulos se habla de sus inicios en la música: su gusto por Kiss y su primera guitarra. ¿Ha habido algún momento de su vida donde la música no estuviera presente?

¿Y qué significa la música para usted hoy en día?En varios momentos quise dejar la música. Había momentos en que el dinero no me alcanzaba para vivir y yo quería tener una vida como la de los demás, con vacaciones y cierta estabilidad.

En la música no hay descanso, porque nada es seguro. Entonces dije: “Ya, se acabó todo”.

Guardé la guitarra y pensé en olvidarme de eso. Después empecé a trabajar en una radio y a participar en concursos culturales.

Cuando salió mi disco solista, no me atreví a tocar en vivo.Pero poco tiempo después nos juntamos nuevamente con Los Prisioneros y apareció la posibilidad de tocar en el Estadio Nacional. Y así, nuevamente, estaba de vuelta en la música, ahora otra vez con Los Prisioneros.

Finalmente la música siempre te termina llamando.Pero es un mundo que sube y baja constantemente. Uno también busca seguridad.

Ahora mi vida está más tranquila, pero durante la pandemia, por ejemplo, tuve que gastar mis ahorros mientras otras personas seguían trabajando normalmente. Así es finalmente la vida del músico.¿Cree que tanto este libro como la música se han convertido en un refugio para usted después de todo lo vivido?

Yo creo que en un momento llegué a la certeza de que iba a salir adelante de toda esta situación que estaba viviendo con la banda a través de la verdad, diciendo la verdad. Sentí que no había que ponerse máscaras ni inventar situaciones para poder salir de eso.El libro también se convirtió en una especie de defensa y de refugio para mí.

Era una verdad muy fuerte, muy insólita, y yo sabía que me estaba exponiendo. Para contar la historia tenía que contarla completa.Y con mis canciones pasa lo mismo.

Las canciones que estoy preparando ahora también vienen desde un lugar muy directo, muy honesto. No hay trucos.

Hay gente que vive de las apariencias, gente que se va por las ramas. Muchos usan máscaras para salir al mundo.

Yo no tengo ningún tipo de máscara.En estas páginas usted menciona que usted es consciente de que rompió una especie de “imaginario” que existía alrededor de Los Prisioneros. ¿Qué fue lo más difícil de romper ese imaginario?

Si, ese imaginario estaba presente para mucha gente y lo noté en algunas reacciones. Recuerdo a un escritor muy conocido que, cuando salió mi libro, le preguntaron“¿Qué libros no leer este verano?”.

Y este escritor respondió: “¿Puedo poner el de Claudio Narea tres veces?”. ¿Y por qué?

Porque el libro rompía ese imaginario. La imagen que muchas personas habían construido era tan fuerte y tan potente que nadie quería verla cuestionada.

Mi versión de los hechos no parecía importante. Lo importante era mantener esa especie de estatua inmaculada.Creo que hay mucha gente que funciona así, pero afortunadamente no creo que sean la mayoría.

Yo siento que a la mayoría sí le interesa leer una historia honesta. Y eso es lo que yo puedo decir sobre el libro.