Claudia Díaz dejará el cargo como secretaria de Movilidad luego de dos años al frente de uno de los sectores más críticos para la ciudad. Habló sobre la ciudad que deja y los retos para la nueva secretaria, María Fernanda Ortiz.

Claudia Díaz, secretaria saliente de Movilidad.Secretaría de MovilidadClaudia Díaz dejará la Secretaría de Movilidad, después de dos años y medio al frente de una de las entidades con mayor presión ciudadana de Bogotá. Su salida ocurre en medio de una etapa marcada por grandes obras de infraestructura; la construcción de la primera línea del Metro; cambios en la gestión del tráfico, y una discusión permanente sobre la efectividad de los planes de manejo de tráfico en medio de este panorama.

La funcionaria habló con El Espectador. Le puede interesar: CAR aprieta crecimiento suburbano y respalda a Minambiente en su plan de ordenar la Sabana.¿Cuál cree que fue su principal logro en la Secretaría de Movilidad y qué queda pendiente?Creo que el principal logro, más allá de las cifras que uno pueda mostrar, es la capacidad instalada que dejamos en la Secretaría de Movilidad.

Eso se traduce en mejor prestación del servicio, una gestión en vía más optimizada y un control más efectivo en beneficio de los ciudadanos. Si cada vez contamos con una Secretaría más robusta y con el conocimiento necesario, las acciones implementadas podrán sostenerse y mejorar con el tiempo.Uno de esos cambios fue el Centro Estratégico de Movilidad ¿Qué representa esa transformación?Eso fue una transformación frente a lo que antes era el Centro de Gestión de Tráfico.

La idea fue cambiar la mirada: ya no estamos pensando en cómo mover carros más rápido, sino en cómo movemos personas, que necesitan desplazarse de manera tranquila, fluida y segura. Buscamos que los viajes que se hacen en transporte público, a pie o en bicicleta puedan hacerse mejor y que la ciudad siga apostándole a formas de movilidad sostenible.¿Cómo se traduce ese cambio en la operación diaria de la ciudad?Hoy tenemos más de 10.000 cámaras conectadas gracias a un trabajo interinstitucional con el C4, Transmilenio, el IDIGER y otras entidades.

Antes cada centro tenía su propia información y ahora buscamos que todos tengan la misma visibilidad de lo que ocurre en la ciudad y puedan reaccionar de manera coordinada ante un evento. Eso permite atender situaciones con mayor rapidez, usando los recursos necesarios y priorizando dónde se requiere la intervención.¿Qué pasó con el sistema inteligente de semáforos?Cuando llegamos, había una promesa del sistema inteligente de semáforos y la pregunta era: si es inteligente, ¿cómo hacemos realmente para aprovechar ese potencial?

Trabajamos en fortalecer equipos, revisar cómo estaba funcionando y entender qué necesitaba la ciudad para tener un sistema más eficiente. La tecnología tiene que estar al servicio de una mejor gestión y de una mejor experiencia para quienes se movilizan.También hubo cambios en trámites y señalización ¿Qué balance hace?Una de las cosas que más percibe la ciudadanía es la virtualización de trámites.

Logramos llevar a la virtualidad aquellos procesos que la norma permitía, acercando los servicios a las personas, para que no tuvieran que desplazarse siempre a un punto específico. También ampliamos la cobertura con más puntos de atención.

En señalización tuvimos un avance importante. Antes la ciudad tenía que sacar procesos de contratación año luego de año y eso generaba momentos en los que podía quedarse varios meses sin contratos activos.¿Qué resultados tuvieron los resaltos?Tenemos un cumplimiento del límite de velocidad entre el 70% y el 90% por parte de los conductores.

Uno de los principales propósitos de la Secretaría siempre es que las personas puedan salir de casa y regresar bien. Los resaltos son una medida que busca el cumplimiento del límite de velocidad, entendiendo que a mayor velocidad aumenta la gravedad de los siniestros y la posibilidad de lesiones graves o fallecimientos.

Eso se ha traducido en vidas salvadas. En puntos donde antes teníamos fallecidos año luego de año, hoy hemos logrado reducir esas cifras y disminuir los lesionados en más del 50%.Bogotá atraviesa una etapa histórica de obras ¿Qué aprendió la ciudad sobre cómo mantenerse funcionando mientras está llena de proyectos en marcha?Entender que la movilidad se tiene que centrar en las personas.

Ese era uno de los grandes retos: cómo lograr que la ciudad se sigua moviendo en medio de las obras. El objetivo era mantener los tiempos de viaje lo más estables posible, entendiendo la complejidad del momento.

Muchas veces, cuando hablamos de gestión del tráfico, se piensa solo en los carros particulares o motocicletas, pero también está el transporte público, los peatones y los ciclistas. Por años, la conversación estuvo enfocada en más vías, más carros y mayor velocidad.

Hoy tenemos que pensar cómo, con el espacio que tenemos y con las condiciones actuales, logramos que todos puedan moverse mejor.Hay una percepción ciudadana de que Bogotá está más congestionada ¿Qué piensa?Todos tenemos una experiencia distinta del viaje, porque todos nos movemos por razones diferentes. Desde la Secretaría buscamos mejorar esa experiencia, ya sea caminando, en bicicleta o en transporte público.

En estos dos años implementamos cerca de 55 acciones puntuales de gestión del tráfico y buscando intervenir lugares donde pequeños ajustes podían generar mejoras. Son medidas de acupuntura: estar donde se necesita, mientras llegan las grandes obras que permitirán una transformación más estructural.Los planes de manejo de tránsito también han generado muchas críticas Los planes de manejo de tránsito fueron uno de los primeros temas que revisamos.

Creamos diferentes tipos de PMT, para facilitar los procesos y reducir tiempos de aprobación, dependiendo de la magnitud de la intervención. Hay PMT de emergencia todos los días: daños de redes, rupturas de tubos, reparaciones.

La ciudad no puede detenerse. Siempre hay que buscar un equilibrio: una obra necesariamente genera impactos, pero el objetivo es que esos impactos sean los menores posibles.

Y no se trata solamente del tiempo de los carros. También pensamos en peatones, ciclistas y transporte público.¿Qué pasó con el pico y placa?

¿por qué no hubo cambios?La ciudad ya tiene una restricción del 50% de los vehículos todos los días. En el contexto actual de obras, con tantos cierres y kilómetros afectados, modificar el pico y placa no era una decisión responsable.

La apuesta fue optimizar la gestión con las herramientas existentes. También avanzamos en los estudios de cobros por congestión, que serán una herramienta que la ciudad podrá analizar hacia adelante, como una medida de gestión de la demanda.¿Cuál fue la decisión más impopular que tomó, pero de la que no se arrepiente?Creo que la más impopular fue la restricción de Halloween para motociclistas.

Fue una difícil, porque afectaba actividades que algunos grupos realizaban tradicionalmente, pero terminó mostrando que las medidas de control sí pueden funcionar. Fue un fin de semana donde muchas familias pudieron salir tranquilas con sus niños y niñas.

Asimismo, logramos reducir indicadores de siniestralidad. Creo que fue una muestra de que cuando una medida se necesita y se implementa con organización, puede generar resultados positivos para la ciudad.¿Seguirá vinculada al Distrito o termina su etapa en el servicio público?Por el momento sí termina esta etapa.

Me voy feliz y agradecida con el equipo que me acompañó. Este trabajo exige mucho sacrificio porque la prioridad siempre es el servicio público y la ciudadanía.Más información sobre Bogotá: ¿Cómo predecir los trancones de Bogotá?

Así funciona el primer laboratorio de semáforos.Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.