Hace diez años, el medio británico The Spectator publicó su portada con una mariposa ataviada con el Union Jack, símbolo del Reino Unido, presuntamente feliz de salir de la Unión Europea y hallar la prometida “independencia” del bloque continental. Esta semana, rehizo la portada, ahora con una mariposa maltrecha y un artículo de Michael Gove, uno de los promotores del Brexit, preguntándose si valió la pena.El 23 de junio de 2016, el Reino Unido votó por abandonar la Unión Europea.

La decisión, aprobada por un estrecho 52% frente a 48%, desencadenó uno de los procesos políticos más complejos de la historia reciente europea. Una década después, el debate ya no gira tanto en torno a si Brexit debía ocurrir, sino sobre cómo transformó al país y qué puede seguir para restañar las evidentes heridas del prolongado proceso.

Por su parte, la renuncia del sexto primer ministro en la década siguiente al referéndum puso de relieve esta semana la fragmentación política que provocó el atribulado proceso. Economistas, politólogos y centros de investigación coinciden en que la salida de la UE produjo cambios profundos y duraderos.

Estos son cinco de los más relevantes.1. Menos comercio con EuropaEl principal impacto económico ha sido el aumento de barreras comerciales con el mayor socio económico británico.

Un estudio recién publicado del Centre for European Reform concluyó que las exportaciones británicas hacia la UE son hoy un 12% inferiores a lo que habrían sido si el país hubiera permanecido en el bloque. Las exportaciones de bienes habrían caído un 16% y las de servicios un 7%.La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), organismo independiente que supervisa las finanzas públicas británicas, estima asimismo que Brexit reducirá el comercio exterior del país en torno a un 15% a largo plazo.2.

Una economía más pequeña de lo previstoAunque la pandemia y la guerra en Ucrania complican las comparaciones, existe un consenso creciente entre economistas de que Brexit tuvo un costo económico.Investigaciones recopiladas por Reuters señalan que el producto interno bruto británico podría situarse entre un 6% y un 8% por debajo de la trayectoria que habría seguido dentro de la Unión Europea. También se observan menores niveles de inversión y productividad.La canciller británica Rachel Reeves reconoció este año que Brexit causó un “deep damage” (“profundo daño”) a la economía británica, según recogió The Guardian.Algunos defensores del Brexit como el político Nigel Farage y sus seguidores han argumentado que el estancamiento económico se debe a reformas pendientes que nunca se cumplieron, pese a que el partido conservador que abrazó el resultado del referéndum gobernó durante todo el periodo. 3.

Escasez de trabajadores y cambios migratoriosLa libre circulación de personas fue uno de los temas centrales de la campaña de 2016. Luego de Brexit, el Reino Unido recuperó el control de su política migratoria, pero sectores como la agricultura, la hostelería, el transporte y la salud han enfrentado dificultades para cubrir puestos de trabajo.Diversos empresarios consultados recientemente por el Financial Times señalaron que las nuevas restricciones incrementaron los costos laborales y redujeron la disponibilidad de personal europeo.Esos efectos se sintieron primero en el atribulado National Health Service (NHS), el seguro social británico.

Enfermeros de Italia, Portugal o España tuvieron que salir pronto y se subió la barrera de entrada a profesionales nuevos que quisieran ingresar. El resultado fue un déficit de pacientes significativo.

Activistas pro-Brexit argumentan que no se dio la formación técnica y profesional acelerada necesaria, y que la infraestructura de interconexión de las ciudades británicas no permite el flujo de trabajadores locales con tanta eficacia. 4. Un sistema político más fragmentadoQuizás el cambio más profundo haya sido político.

Brexit alteró las lealtades tradicionales entre conservadores y laboristas y creó nuevas identidades basadas en el voto de “Leave” o “Remain”.El politólogo Paul Webb sostiene que el referéndum produjo “el episodio más divisivo de la política británica de posguerra” y generó identidades políticas duraderas que trascendieron las antiguas afiliaciones partidarias. “No ha reducido la inmigración, ni la legal ni la irregular; ha causado un daño económico innegable al país; y ha dejado al Reino Unido más aislado y con menos influencia en un entorno geopolítico cada vez más inestable”, según su artículo publicado en la revista académica Zeitschrift für Politikwissenschaft.El auge reciente de Reform UK, el partido impulsado por Nigel Farage, muestra cómo el legado político de Brexit sigue moldeando las preferencias electorales. Analistas como John Curtice han advertido que la política británica se encuentra hoy mucho más fragmentada que antes de 2016, lo cual puede tener más implicaciones a largo plazo.Para analistas pro-Brexit, el éxito de la decisión se ha visto en el endurecimiento de las medidas antimigratorias que han tomado tanto el ala Tory como el partido laborista.

Empero, también han surgido facciones más extremistas, como la dirigida por Tommy Robinson, quienes no ven en ningún partido tradicional la reacción que quisieran ante los migrantes en el Reino Unido. 5. Una relación diferente con EuropaMientras la mayoría de los grandes partidos descarta regresar a la Unión Europea, el apoyo ciudadano a una relación más estrecha con Bruselas ha aumentado.Según análisis recientes, una mayoría de británicos considera que Brexit no produjo los beneficios prometidos y favorece una cooperación más intensa con la UE en comercio, defensa, educación e investigación.

Por supuesto, hay diferencias según las líneas partidarias, menos rígidas que, digamos, en Estados Unidos, pero ciertamente apegadas a la tradición... hasta ahora.No obstante, los expertos consideran improbable una reversión completa. El investigador alemán Nicolai von Ondarza, del Centre for European Reform, describe la situación actual como un “equilibrio no deseado”: un modelo que muchos consideran costoso, pero que resulta políticamente difícil de modificar.“Brexit, al final, no reconfiguró tanto a la Unión Europea como dio a conocer su capacidad de resistencia.

El bloque sigue siendo propenso a los desacuerdos y con frecuencia actúa con lentitud. Pero también se ha vuelto más adaptable y flexible para afrontar muchas de las crisis que tiene a sus puertas.

En una era de renovada competencia entre grandes potencias, la UE sigue siendo el instrumento preferido por la mayoría de los países pequeños de Europa para defender sus intereses actuando de manera conjunta”, argumenta el analista proeuropeo.Finalmente, el Reino Unido abandonó la Unión Europea en 2020. El proceso no ha terminado; el destino parece ser muy distinto del soñado hace una década.