Patricio Suárez-Vértiz y el café donde reúne los recuerdos que lo marcaron: "Prácticamente yo ya no le encontraba sentido a la vida"

El nuevo y más emotivo show de La Tarumba: ¿cómo las acuarelas de Pancho Fierro y los personajes invisibles de Lima inspiraron “Airosa”?“Una obra de impresionante madurez”: nuestra reseña del nuevo álbum de Olivia RodrigoLa soprano española que devuelve la voz a una ópera nacida en Lima hace 325 añosSentado frente a un piano francés de 1915, Patricio Suárez-Vértiz interpreta canciones de Elton John para el equipo de Somos. El hermoso instrumento de cola, adquirido de segunda mano hace algunos años, ocupa un lugar central en Disco Bar, el café que abrió hace un año en un sótano de San Isidro.
No es la única pieza histórica en este espacio de acogedor aire clandestino. A su alrededor conviven rockolas antiguas, fotografías familiares, tornamesas vintage y una máquina italiana de espresso fabricada en 1955.
Esta última es quizá su objeto favorito porque invirtió mucho en ponerla en funcionamiento. “Mi idea es que la gente entre, pueda comer, tomar y sentirse como en una cápsula del tiempo”, explica mientras reparte una ronda de espressos.MIRA: Roblox: lo que debes saber del juego que captura la atención de los niños y que ha llegado hasta a las aulasLa necesidad de construir ese refugio apareció después de una seguidilla de pérdidas, cada una más dolorosa que la anterior. El primero en irse fue Pedro Suárez-Vértiz, su hermano mayor y compañero de aventuras musicales.
Diez meses después falleció su madre. “Prácticamente yo ya no le encontraba sentido a la vida. Que se te vaya un hermano es bravo, pero después pasó lo de mi mamá... me pareció demasiado para poder soportarlo”.
Hoy cree que ambos tuvieron algo que ver con la inesperada etapa que atraviesa al frente de Disco Bar, el proyecto que ocupa gran parte de sus días. “A veces parece que mi madre y mi hermano me bendijeron. Yo no sé cómo sucedió todo esto”, dice mientras señala los distintos ambientes del local. “Simplemente se dio”.Una pasión de vidaPatricio nació en una familia donde el arte era una cosa cotidiana.
Su abuelo, Germán Suárez-Vértiz, fue un reconocido pintor. Su padre, Hernando, escultor.
Y Pedro parecía tener un talento natural para cualquier instrumento que tocara. Patricio lo observaba siempre con atención. “Yo era su hermanito menor, admirando todo lo que él hacía”, recuerda.
El bajo, el instrumento que Patricio domina, llegó gracias a un tío. Los Beatles llegaron después, impulsados por la conmoción mundial que siguió al asesinato de John Lennon en 1980.
Aquella fascinación compartida terminaría moldeando el destino de ambos hermanos.La fama apareció con Arena Hash y desapareció casi tan rápido. Cuando Pedro dejó la banda en 1993 para iniciar su carrera solista, los demás integrantes quedaron obligados a reinventarse.
Patricio encontró una oportunidad. Durante un viaje a Miami descubrió la energía de la música disco y quedó fascinado.
El rock de la época le sonaba demasiado melancólico; él, en cambio, quería hacer música para bailar. Así nació “Disco Bar”, el tema que le permitió construir una identidad propia lejos de Arena Hash.
Pero el éxito no fue inmediato. “Recuerdo que la compuse en guitarra pensando en INXS. Y pasaron tres meses y no pasaba nada.
Estaba endeudado”. La historia cambió cuando la canción empezó a sonar en las discotecas de ambiente de Lima. “Ellos la adoptaron.
Ahí fue que empezó todo. Cuando vi cómo bailaban, no lo podía creer.
De ahí saltó a las radios. Te digo: ‘Disco Bar’ hasta ahora me da de comer”.Pero la industria musical suele ser inestable.
Con el tiempo, pese a colocar algunos singles en la radio, la popularidad disminuyó y Patricio decidió probar suerte en Estados Unidos. No fue la aventura glamorosa que muchos imaginan.
Hubo años de incertidumbre y trabajos ocasionales para mantenerse a flote. Uno de ellos consistía en tocar el piano en residencias para adultos mayores.
Al principio era simple música de acompañamiento durante los almuerzos, las cenas o las partidas de bingo. Hasta que un día uno de los residentes se acercó con un pedido inesperado. “Hijito, ¿sería mucho pedirte que la próxima vez cantes una de Frank Sinatra?”.
Patricio aceptó el reto. La semana siguiente regresó con pistas musicales y una sorpresa. “De pronto me salió una voz que no sabía que tenía”, cuenta.
A partir de entonces, dejó de ser únicamente el pianista del lugar y inició a desarrollar la faceta que hoy mejor lo define: la de ‘showman’. Llegaba vestido para la ocasión, con grandes anillos en los dedos, el cabello engominado y el porte de una vieja estrella de rock, mientras interpretaba canciones de Sinatra, Elvis Presley y otros clásicos.
Cada presentación en aquel hogar de reposo era un espectáculo. Para otros músicos, aquello podría haber parecido un destino menor; para él era un privilegio. “Yo sentía que a esos viejitos nadie les daba un show”, recuerda.Ese episodio ayuda a entender quién es realmente Patricio Suárez-Vértiz.
Más allá de la fama, siempre ha sido un performer. Alguien que necesita subirse a un escenario, sin importar su tamaño. “Parte de descubrir tu talento también es lanzarte”, dice. “Tienes que lanzarte.
Si no te lanzas, no pasa nada”. Esa filosofía parece haber guiado cada una de sus reinvenciones: el bajista de Arena Hash, el cantante de “Disco Bar”, el ‘showman’ y el anfitrión que hoy recibe al público en su propio refugio musical.
Una vez al mes se sienta frente al piano de Disco Bar para interpretar canciones de los Beatles, Elton John o Charly García. La gente canta y acompaña el repertorio.
Él observa la escena desde la tarima. Después de años de éxitos y caídas, parece haber encontrado un lugar donde todas las etapas de su vida conviven con naturalidad. //
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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