El edificio de la TV Pública se empezó a construir a mediados de 1976 para ser Centro de Producción Buenos Aires - Argentina Televisora Color. Este mes se cumplen 40 años de aquel hito y su historia (como Canal 7, ATC o la TV Pública) sigue resonando en la memoria colectiva.

Es una trama que entrelaza arquitectura, medios de comunicación y dictadura que, asimismo, transformó el paisaje urbano.El proyecto, un experimento de la modernidad argentina, fue implantado en tierras ferroviarias. A punto de venderse y privatizarse en los 90, el canal fue utilizado durante años como herramienta de comunicación oficial y estuvo sometido a mecanismos de censura y control informativo.

Ese origen marcó buena parte de su ADN y los debates posteriores sobre su rol.Desde un principio, el contexto definió su camino. Corría 1976 y el país entraba en la dictadura militar de Jorge Rafael Videla, que se topó con un compromiso internacional heredado: el Mundial de Fútbol de 1978.

La FIFA exigía transmitir el evento a color para el resto del mundo. La respuesta local debía ejecutarse a contrarreloj.

El desafío técnico y espacial de construirlo recayó sobre el estudio de arquitectura M/SG/S/S/V, integrado por Flora Manteola, Javier Sánchez Gómez, Josefa Santos, Justo Jorge Solsona y Rafael Viñoly. Se trataba de cinco arquitectos emblemáticos, formadores de varias generaciones de estudiantes en la Fadu-Uba.El terreno elegido fue un descampado de tres hectáreas de tierras ferroviarias, rodeado de galpones y suelo de relleno ganado al río.

En apenas 18 meses el reconocido estudio proyectó un conjunto que respetó el entorno urbano. Para no quebrar la continuidad verde de los parques del norte de la ciudad, decidieron no construir en altura.

Así, soterraron parcialmente la volumetría del canal e idearon una losa inclinada de hormigón armado que funcionaba como una plaza seca. Este espacio fue diseñado como parque público escalonado para unir el nivel de la calle con el techo de la estructura.

En Figueroa Alcorta y Tagle, estos bloques de cemento que miran al río representan un hito disruptivo en la traza de la avenida. Nació de una urgencia y transitó dos años de tensiones políticas hasta que, en 1978, emitió su primera señal como ATC (Argentina Televisora Color) y el canal quedó inaugurado.

El 1 de junio de ese año las consolas del Centro de Producción Buenos Aires realizaron la primera transmisión internacional a color: el 0 a 0 del partido inaugural del Mundial entre Alemania Federal y Polonia. No obstante, mientras las cadenas extranjeras recibían las imágenes a color, los argentinos vieron el partido en blanco y negro.

La única opción para acceder al color era pagar una entrada para verlo en las pantallas gigantes de ciertas salas de cine.La idea original del proyecto duró poco. Tiempo después de su apertura, la junta militar clausuró el acceso a la terraza por razones de seguridad.

El mirador público quedó cerrado y el edificio perdió su sentido urbanístico. La Argentina entera vivía momentos oscuros.

Si hoy se pudiera subir a esa plaza elevada, las vistas ofrecerían un paisaje verde o violeta (por los jacarandás), dependiendo de la época del año. Asimismo de la Floralis Genérica, las escalinatas de Derecho, las barrancas de la zona residencial de La Isla, del barrio Mugica y del río.La cosa no quedó ahí.

El 1 de mayo de 1980 se emitió la primera señal a color. Lidia “Pinky” Satragno presentó la novedad: “Estoy aquí para despedir a una vieja amiga.

Tengo que decirle adiós a la televisión en blanco y negro”. El video con su anuncio tiene cientos de miles de reproducciones. “¿Cuáles son los colores más hermosos de la Argentina?”, se preguntaba Pinky, para dar paso a una bandera celeste y blanca, que flameaba en lo alto de la Fragata Libertad.

Con los acordes de Aurora, Pinky coronó el anuncio: “He aquí la televisión en color”. El primer gol en colores lo marcó esa misma tarde Diego Maradona, cuando la Selección Argentina le ganó 4 a 2 por penales (había empatado 1 a 1) a la Liga de Irlanda en el estadio de River Plate.

Desde Moderna Buenos Aires, el programa del CPAU (Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo) señala que la obra de ATC sintetiza los principios formales del estudio: resolver programas complejos mediante operaciones topográficas relacionadas con la geografía, las laderas y las grietas, valiéndose de geometrías puras y de la presencia de la diagonal. De esa ladera de cemento asoman cuatro cubos de hormigón visto, sin aristas, destinados a los estudios de grabación y aislados del exterior para garantizar la acústica.

El diseño original incluía un lago artificial de formas irregulares que perforaba la diagonal de cemento, permitiendo el ingreso de luz cenital a los pasillos por donde van y vienen técnicos, productores y artistas. El contrapunto que el edificio proponía con su entorno definía el paisaje.

Dialogaba con la escala de la Facultad de Derecho, el Museo de Bellas Artes y la entonces inconclusa Biblioteca Nacional, proyectada 15 años antes. Era un debate de estéticas y políticas culturales impreso en la ciudad.

Mientras el intendente de facto, Osvaldo Cacciatore, presentaba en la Sociedad Central de Arquitectos su plan para construir ocho autopistas (solo hizo dos), los creadores de ATC apostaron por la integración y el uso del espacio público.A 40 años de su nacimiento, el canal sigue ahí: resistiendo el paso del tiempo, los problemas presupuestarios, los conflictos salariales de sus trabajadores y las arremetidas inmobiliarias. Sus cubos de hormigón visto se mantienen tan firmes como en los inicios.

Como si quisieran recordar que la vanguardia arquitectónica demostró que podía ganar un partido complejo, donde el contexto jugaba en contra.