Un equipo internacional de arqueólogos encontró una estructura circular maya que podría cambiar la forma en que se entienden las prácticas rituales de uno de los periodos más complejos de esta civilización. El hallazgo sucedió en el sitio arqueológico de El Tigre, cerca de la frontera con México y Belice.

La estructura fue nombrada Okox, palabra que significa “hongo” en idioma maya q’eqchi’, por su forma circular y su apariencia particular. De acuerdo con el Ministerio de Cultura de Guatemala, el edificio fue construido hace más de 2 mil años, durante el periodo Preclásico Terminal, entre el 100 a.

C. y el 150 d. C.

Su forma, su estado de conservación y los entierros encontrados alrededor sugieren que pudo funcionar como un altar para ofrendas y posibles sacrificios humanos. Okox es una plataforma circular de aproximadamente 2.2 metros de altura y cinco metros de diámetro.

Está asociada a una estructura rectangular, por lo que el conjunto completo alcanza cerca de 10 metros de longitud. La construcción llamó la atención de los investigadores por su calidad arquitectónica.

Fue hecha con grandes bloques de piedra caliza cuidadosamente labrados y conserva elementos decorativos poco comunes, como molduras perimetrales y restos de pintura roja sobre algunas superficies. Para los arqueólogos, esos detalles indican que no se trataba de una construcción común, sino de un espacio con importancia ceremonial.

El descubrimiento forma parte del Proyecto Arqueológico Lechugal Norte-El Tigre, en el que participan especialistas de Guatemala, Francia, México y Canadá. Uno de los elementos más delicados del hallazgo fue la presencia de entierros asociados directamente con la construcción.

Los investigadores encontraron restos de niños colocados en puntos específicos de la estructura, lo que podría indicar que fueron depositados como ofrendas rituales. Julien Hiquet, director del proyecto y arqueólogo de la Universidad de París 1 Panthéon-Sorbonne, explicó que uno de los entierros corresponde a un bebé de menos de tres meses, sepultado al norte de la estructura debajo de un cuenco con efigies zoomorfas.

Otro menor, de entre siete y nueve años, fue hallado en el lado oeste del edificio. Por la ubicación de los cuerpos y su relación con la arquitectura, los arqueólogos consideran que estos entierros podrían estar vinculados con prácticas de sacrificio humano o con rituales fundacionales asociados a la construcción del espacio.

En el centro de la estructura también fue encontrado el entierro de un hombre de entre 30 y 40 años, colocado debajo de un recipiente de gran diámetro. Cerca de él apareció un punzón elaborado con espina de mantarraya, un objeto que en el mundo maya se ha relacionado con rituales de autosacrificio, especialmente prácticas de sangrado ceremonial.

Ese detalle llevó a los investigadores a plantear que el hombre pudo haber tenido un papel religioso o político importante dentro de su comunidad. El autosacrificio, en particular el derramamiento de sangre, era una práctica cargada de significado en distintas sociedades mesoamericanas.

Podía estar vinculada con comunicación ritual, legitimidad política, peticiones a las deidades o ceremonias de renovación. La estructura recibió el nombre de Okox por su forma circular, parecida a un hongo.

El término proviene del maya q’eqchi’ y fue elegido para identificar una construcción que, según los especialistas, presenta características poco comunes para la región y el periodo. Más allá del nombre, lo relevante es que Okox ofrece información nueva sobre cómo se organizaban las ceremonias en asentamientos mayas de monumentalidad mediana.

No se trata de una gran ciudad como Tikal o Calakmul, sino de un sitio que permite observar prácticas rituales en una escala distinta. Por eso, los investigadores consideran que el hallazgo puede ayudar a entender mejor los patrones sociales y ceremoniales del Preclásico Terminal.

El periodo Preclásico Terminal, entre el 100 a. C. y el 150 d.

C., fue una etapa de transición importante en las tierras bajas mayas. Durante ese tiempo, algunas comunidades crecieron, se transformaron o entraron en crisis, mientras otras comenzaron a desarrollar formas de organización política y religiosa que serían fundamentales para el esplendor posterior del periodo Clásico.

El hallazgo de Okox es importante porque permite mirar una etapa anterior al auge de muchas de las ciudades mayas más conocidas. La cultura maya alcanzaría su mayor esplendor siglos después, durante el periodo Clásico, entre el 250 y el 900 d.

C., cuando florecieron grandes centros urbanos en lo que hoy es el sur de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.