Portugal ya tenía el día resuelto. El marcador era una postal de tranquilidad con la goleada sobre Uzbekistán, las banderas portuguesas ondeaban en las tribunas y la selección de Roberto Martínez caminaba hacia una victoria que parecía escrita desde hacía varios minutos.

Pero el momento más inesperado de la tarde en el sur de Texas llegó desde las gradas. Primero apareció tímido en una zona del estadio.

Después creció como una ola que fue subiendo desde la parte baja hasta contagiar a todo Houston. “México, México” inició a escucharse con fuerza hasta convertirse en un rugido que durante casi un minuto hizo olvidar por un instante que el partido era de Portugal. La explicación estaba en las tribunas.

Una enorme parte del estadio estaba pintada de verde, blanco y rojo. Mexicanos que recorrieron miles de kilómetros para vivir la experiencia de ver a Cristiano Ronaldo en persona se mezclaron con los aficionados portugueses para crear una fiesta que parecía una celebración compartida.

Era la nación de Cristiano. Desde Tijuana hasta Villahermosa, pasando por Ciudad de México, asimismo de miles de mexicanos que viven en Texas, llegaron aficionados que no tenían la bandera portuguesa como primera identidad, pero sí una admiración común por el delantero que ha marcado una época.

Otros hicieron el viaje solamente por un momento. El instante de verlo celebrar un gol, levantar los brazos y escuchar el estadio explotar.

Y esa conexión quedó clara cuando el portugués apareció en el marcador. Después de sus goles, el estadio respondió con uno de los rituales más reconocidos del futbol mundial: el “Siuuuuu”.

No era una tribuna portuguesa. Era una mezcla de acentos, camisetas y banderas donde el apellido Ronaldo funcionó como idioma universal.

Mientras Portugal avanzaba con comodidad ante Uzbekistán, en Houston se vivía otro partido. El de una estrella que sigue provocando que miles de personas crucen fronteras, recorran carreteras y llenen estadios sólo para decir que estuvieron ahí cuando Cristiano volvió a hacer historia.

La victoria fue portuguesa. La fiesta terminó siendo mexicana.