Las almohadillas de los perros son mucho más que una parte resistente de sus patas. Estas estructuras funcionan como amortiguadores naturales que les permiten caminar, correr y protegerse de superficies calientes, frías o irregulares.

No obstante, cuando presentan cambios en su apariencia o textura, podrían estar enviando señales de que algo no anda bien. Grietas, enrojecimiento, inflamación o lamido excesivo suelen pasar desapercibidos para muchos dueños, pero especialistas advierten que estos síntomas pueden estar relacionados con lesiones, infecciones e incluso enfermedades dermatológicas que requieren atención veterinaria.

Las almohadillas sanas suelen ser firmes, flexibles y resistentes. Cuando comienzan a presentar alteraciones, es importante prestar atención a cualquier cambio físico o de comportamiento.

De acuerdo con especialistas de la American Kennel Club (AKC), una de las señales más comunes es el lamido constante de las patas. Aunque los perros pueden lamerse ocasionalmente para limpiarse, hacerlo de manera repetitiva puede indicar dolor, irritación, alergias o la presencia de una lesión.

Otros signos que deben alertar a los dueños incluyen: Los expertos recomiendan revisar las patas después de cada paseo, especialmente si el perro caminó sobre asfalto caliente, superficies abrasivas o terrenos accidentados. Las almohadillas están expuestas diariamente al desgaste.

Por ello, no es extraño que sufran pequeñas lesiones. No obstante, cuando aparecen grietas profundas, sangrado o mal olor, la situación podría requerir atención médica.

Especialistas en salud animal explican que las almohadillas secas o agrietadas pueden desarrollarse por exposición prolongada al calor, al frío extremo, a sustancias irritantes o a determinadas afecciones dermatológicas. Entre los síntomas que requieren vigilancia destacan: La presencia de un olor desagradable puede ser un indicio de infección bacteriana o por hongos, sobre todo cuando se acompaña de inflamación y lamido constante.

No todas las alteraciones en las almohadillas tienen un origen traumático. En algunos casos, pueden estar relacionadas con enfermedades que afectan la piel o el sistema inmunológico.

La AKC señala que las alergias ambientales y alimentarias son algunas de las causas más frecuentes de irritación en las patas. Cuando un perro desarrolla una reacción alérgica, suele lamerse insistentemente las almohadillas, lo que puede provocar lesiones secundarias.

Otra condición reconocida por especialistas veterinarios es la hiperqueratosis, un trastorno que provoca una producción excesiva de queratina. Como consecuencia, las almohadillas se vuelven más gruesas, rígidas y propensas a desarrollar grietas dolorosas.

Entre los problemas de salud que pueden afectar esta zona se encuentran: Si los síntomas persisten durante varias semanas o reaparecen con frecuencia, es recomendable acudir con un médico veterinario para obtener un diagnóstico preciso. Los perros suelen ocultar el dolor, por lo que los cambios en su comportamiento suelen ser las primeras pistas de que existe un problema.

Especialistas de PetMD señalan que una cojera repentina, la negativa a caminar o mantener una pata levantada pueden indicar quemaduras, heridas, cortes o la presencia de cuerpos extraños atrapados entre los dedos. Asimismo, algunas lesiones pueden provocar cambios de color en las almohadillas, que pueden tornarse rojizas, inflamadas o presentar zonas ulceradas.

Las señales más frecuentes de dolor incluyen: Durante la temporada de calor, las quemaduras ocasionadas por el asfalto caliente representan una de las lesiones más comunes en perros. Aunque algunas lesiones leves pueden sanar con reposo y cuidados básicos, existen situaciones que requieren atención veterinaria urgente.

Los especialistas recomiendan acudir de inmediato cuando se presentan: También es importante buscar ayuda profesional si el perro deja de apoyar la pata afectada o presenta signos de malestar general, como decaimiento o pérdida del apetito. Las almohadillas soportan gran parte del peso corporal durante toda la vida del animal.

Por ello, detectar a tiempo cualquier anomalía puede ayudar a prevenir complicaciones y favorecer una recuperación más rápida. La revisión periódica de las almohadillas puede convertirse en una herramienta clave para detectar lesiones o enfermedades de forma temprana.

Observar cambios en la textura, el color o el comportamiento del perro permite actuar antes de que un problema menor se convierta en una afección más seria. Asimismo de las visitas regulares al veterinario, dedicar unos minutos a inspeccionar las patas después de cada paseo puede contribuir a mantener la salud de tu mascota y evitar complicaciones futuras.

Una observación constante puede marcar la diferencia entre una recuperación sencilla y un problema que afecte su movilidad y bienestar.