Cómo Rodrigo Paz desactivó la protesta en Bolivia sin derramamiento de sangre y dejó solo a Evo Morales

La gran concesión de Trump a Irán: por qué Estados Unidos dejó intacto su temido programa de misiles balísticosEl polémico fondo de US$ 300.000 millones para Irán por la paz: ¿lo pagará Estados Unidos?Lo que hace unos días parecía encaminar a Bolivia hacia una peligrosa escalada de violencia terminó con un inesperado repliegue del evismo. Luego de decretar el estado de excepción, el presidente Rodrigo Paz logró recuperar el control de las carreteras bloqueadas y desactivar las protestas sin que se produjera el temido derramamiento de sangre.
Al mismo tiempo, el acuerdo del gobierno con sectores clave dejó políticamente aislado a Evo Morales, quien terminó aceptando un “cuarto intermedio” en las movilizaciones sin haber conseguido su principal objetivo: la caída del mandatario que lleva solo siete meses en el poder.Desde el pasado 6 de mayo, la poderosa Central Obrera Boliviana (COB), otros sindicatos y campesinos de La Paz bloquearon y paralizaron las carreteras en múltiples puntos del país. Las primeras movilizaciones estuvieron centradas en demandas económicas y sectoriales.
También rechazaban las medidas dictadas por el nuevo Gobierno para enfrentar la crisis y repudiaban la venta de combustible en mal estado. MIRA AQUÍ: La derecha se impone en América Latina: ¿giro ideológico o rechazo a los gobiernos de turno?Posteriormente, el expresidente Evo Morales se sumó a la protesta desde su bastión en el departamento de Cochabamba para exigir la renuncia del presidente.
Su apuesta fue transformar el descontento social contra Rodrigo Paz en una ofensiva política que exigía la salida del mandatario y la convocatoria a elecciones anticipadas.Pero el pasado sábado, Rodrigo Paz decretó el estado de excepción en Bolivia con el objetivo de despejar todos los bloqueos de carreteras. La medida habilitaba el despliegue de las Fuerzas Armadas para recuperar la transitabilidad de las vías.
El gobierno tomó esta decisión después de negociar y alcanzar un acuerdo el viernes con la COB, que anunció el levantamiento de sus medidas de presión y dejó aislados a los sectores que mantenían los bloqueos, entre ellos Evo Morales.La aplicación del estado de excepción no derivó en el escenario que muchos temían. El despliegue de los militares para recuperar las carreteras no provocó un derramamiento de sangre ni una escalada de violencia.Finalmente, el lunes los seguidores de Morales agrupados en las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba anunciaron un “cuarto intermedio” o pausa en sus movilizaciones.El dirigente Isidro Auca cuestionó el acuerdo firmado entre el Gobierno y el máximo dirigente de la COB, Mario Argollo, a quien acusó de haberse “vendido” y haber “traicionado” a los sindicatos, de acuerdo con un reporte de EFE.Mientras que Morales remarcó que “por ahora es un cuarto intermedio”, pero que no significa que se rindieron y ratificó sus acusaciones de que supuestamente Paz está “entregando” los recursos naturales del país a las “transnacionales” y que hará subir los costes de servicios básicos y del combustible.En el balance, los bloqueos provocaron desabastecimiento de alimentos, combustibles y oxígeno medicinal en algunas ciudades.
También hubo 16 muertos, 13 de ellos por falta de atención médica oportuna por los cortes de carreteras. Las pérdidas económicas sumaron más de 3.000 millones de dólares.Para el analista político boliviano Ricardo Calla Ortega, el desenlace del conflicto no fue casual: respondió a una estrategia de negociación que terminó desgastando a los sectores más radicales y dejando a Evo Morales políticamente aislado.Uno de los aspectos más llamativos de la crisis fue que el estado de excepción decretado por Paz no derivó en los escenarios que muchos anticipaban.“Ha sido un estado de excepción que ha resuelto el tema de los bloqueos con casi cero niveles de violencia”, expresó Calla a El Comercio.Según el analista, la mayoría de los puntos de bloqueo fueron abandonados gradualmente y los movilizados se replegaron sin necesidad de una intervención militar de gran escala.“Todos los bloqueos se han levantado sin que se haya disparado un solo tiro, sin que se haya disparado un solo balazo”, remarcó.Para Calla, el resultado sorprendió incluso a observadores acostumbrados a que este tipo de conflictos terminen en enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.Cuando los bloqueos comenzaron a paralizar al país, varios sectores políticos presionaron al Gobierno para responder con un estado de sitio y una intervención militar inmediata.
No obstante, Paz eligió una estrategia distinta: negociar por separado con cada sector movilizado para reducir la presión en las calles.“El gobierno optó por negociar sector por sector, y ese fue un acierto muy importante”, aseveró Calla.La administración de Paz abrió mesas de diálogo con maestros, cooperativistas mineros y otros grupos movilizados, atendiendo demandas específicas y desmontando gradualmente las reivindicaciones que habían alimentado las protestas.Calla indicó que esta estrategia dejó expuestos a los sectores que ya no buscaban reivindicaciones concretas, sino solo la caída del Gobierno.“Los sectores radicalizados tuvieron que dejar de lado las reivindicaciones y se lanzaron a fondo con lo que en realidad querían: un intento de derrocamiento para lograr la renuncia de Rodrigo Paz”, enfatizó.Según Calla, la negativa del gobierno a responder con una represión masiva terminó frustrando los planes de quienes apostaban por una escalada del conflicto.“La opción pacifista y negociadora desconcertó a los líderes. Empezaron a entrar en crisis.
No sabían cómo radicalizar ya, no sabían cómo producir muertes”.Calla indicó que algunos grupos buscaban provocar una reacción de las fuerzas de seguridad para generar víctimas que desencadenaran una crisis política mayor.“Estaban buscando víctimas propiciatorias para provocar una escalada del conflicto más violenta y más terrible. La estrategia era producir muertes en sus propias filas para provocar un desastre político en nuestro país”, remarcó.Para Calla, el hecho de que el Gobierno evitara caer en esa dinámica fue decisivo para el desenlace de la crisis.Aunque Evo Morales intentó colocarse al frente de la protesta, Calla remarcó que el conflicto no nació en el evismo.“El conflicto fue llevado adelante principalmente por sectores radicales antievistas del altiplano boliviano”, precisó.Explicó que Morales intentó capitalizar una movilización que originalmente tenía otros liderazgos y otras demandas.“Evo Morales trató de pescar en río revuelto”.El problema para el exmandatario fue que, a medida que los acuerdos del gobierno desactivaban los bloqueos en el altiplano y otras regiones, su bastión en el Chapare quedó cada vez más solo.“Al cancelarse los bloqueos, el único bloqueo que quedó fue el de Evo Morales en el trópico, muy aislado ya”, indicó.La decisión de declarar un “cuarto intermedio” en las movilizaciones terminó reflejando, según el analista, la pérdida de capacidad de presión por parte de Morales.Para Calla, lo ocurrido marca una nueva etapa en la trayectoria política de Morales.“A nivel nacional hace mucho tiempo que Evo Morales ya no tenía capacidad de poner contra las cuerdas al Estado boliviano”, remarcó.No obstante, considera que ahora también comienzan a aparecer señales de desgaste dentro de su principal bastión político en el Chapare, Cochabamba.“Hoy te puedo decir con seguridad que la figura de Evo Morales ha empezado a declinar y ha empezado a caerse en el mismo Chapare”, sentenció.El analista afirmó que sectores productivos y parte de las propias organizaciones locales han empezado a percibir al exmandatario como un obstáculo más que como un activo político.“El repliegue de los bloqueos el lunes ha sido una muestra de una ya muy grande debilidad de Evo Morales, inclusive a nivel local”, insistió.El balance político inmediato favorece al presidente boliviano.“Rodrigo Paz ha salido con el prestigio muy bien puesto por haber resuelto el conflicto de los bloqueos sin que su gobierno hubiera producido muertes”, expresó Calla.Para el analista, la población valora especialmente el fin de los bloqueos y que la crisis se haya cerrado sin un derramamiento de sangre.No obstante, advirtió que la victoria política no elimina los problemas estructurales que enfrenta el país.“No quiere decir que la siguiente etapa vaya a ser fácil para el gobierno de Rodrigo Paz”.Calla precisó que Bolivia sigue enfrentando una severa crisis económica heredada, agravada por el impacto de los bloqueos y por factores internacionales como el aumento de los precios energéticos.“El desafío del gobierno de Rodrigo Paz es lograr superar este contexto de crisis económica, lo que no va a ser fácil”, indicó.Para el analista, el presidente sale fortalecido de la batalla política, pero ahora deberá demostrar que también puede gestionar una economía golpeada y construir las alianzas parlamentarias necesarias para sostener su gobierno en los próximos meses.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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