Marjane Satrapi dejó un legado que va mucho más allá de "Persépolis" (opinión)

Recordamos algunos momentos que inmortalizaron a Marjane Satrapi en la historia cultural y de lucha social en el mundo.Asimismo de "Persépolis", Marjane Satrapi escribió varias novelas gráficas, como “Bordados”, “Mujer, vida, libertad” y “Pollo con ciruelas”.CHRISTOPHE PETIT TESSONCreo que una tarde del año 2008, andaba caminando, un tanto desparchado, por las calles del centro de Medellín; una zona de esa ciudad que me gusta, porque todavía por ahí se vive algo de la bohemia que, con no poca resistencia ante un escenario sin duda reaccionario, siempre ha existido alrededor del “aire de tango”, los bares de salsa, la escuela de bellas artes, algunos espacios teatrales y, por supuesto, el antes llamado “cine-arte” o, más bien, el cine que está parcialmente al margen de las megaproducciones de Hollywood. Ya no me acuerdo si lo sabía de antemano, pero el caso es que me encontré con que en el Centro Colombo Americano iban a presentar Persépolis, una película que estaba generando los mejores comentarios en muchos lugares, incluyendo los más reputados festivales internacionales, y que me llamó poderosamente la atención, por lo que, con mucho tiempo libre, compré mi boleta (por cierto, muy barata) y entré a verla.Le puede interesar: Margaret Atwood: “Un mundo que no puede pensar con claridad se dirige hacia el precipicio”Seguramente sabía, porque lo había leído por ahí, que Persépolis se basaba en un comic convertido en novela gráfica de la artista iraní, pero radicada en Francia, Marjane Satrapi, y que allí se trataban diferentes temas alrededor de las luchas políticas y culturales en ese país en un contexto de mediana duración (unas tres décadas, aunque arranca mucho antes), como lo era la propia vida de la autora.
Por eso, y porque, según decían, era muy novedosa y entretenida, tenía mucha curiosidad de verla. Persépolis, que es originalmente el nombre de la antigua capital del imperio persa, es la historia de una niña (que es, en gran medida, la misma creadora de la obra) que va creciendo hasta convertirse en una adulta en Teherán, capital de Irán, en los albores de la revolución iraní que depuso al tristemente recordado Sha de Irán, quien, heredero de su padre, una especie de dictador impuesto por Reino Unido y Estados Unidos, lideró por casi 40 años un gobierno despótico que reprimió cualquier tipo de protesta en su contra.
En ese escenario, la pequeña Marjane, quien fue creciendo en un hogar de padres y familiares progresistas, incluso de orientación marxista, desarrolló una visión del mundo crítica, rebelde, contestataria y sensible ante la injusticia, el abuso de los poderosos y las miradas maniqueas del mundo. En un comienzo, Marjane, una pequeña seguidora de Bruce Lee, nos cuenta que hablaba con Dios, pero también con el propio Karl Marx, quienes le manifestaban sus propias interpretaciones de la realidad, a lo cual ella los escuchaba y contradecía, obviamente, con el respaldo de sus padres que, sin imaginarse quiénes eran esos notables interlocutores, la apoyaban en jamás callarse ante la injusticia y nunca perder ese espíritu rebelde, crítico y emancipador.
Claro que hubo momentos, en las idas y venidas de la vida, incluso con un regreso a Irán, después de estar en otros lares (con matrimonio incluido, que al final no salió tan bien), en que pareció desfallecer ante una realidad que se muestra como de no querer cambiar nunca, y es que a veces las cosas parecen que son así. La película nos va mostrando entonces los diferentes puntos de vista que, en ese país, emergían y se hacían cada vez más irreconciliables, con percepciones del mundo igualmente más radicales y opuestas, y la imposibilidad de dialogar para lograr acuerdos básicos de convivencia y cooperación.
Obviamente, en un escenario de represión oficial, era cada vez más difícil conseguir que las miradas maniqueas amainaran, pues estaban allí los férreos defensores del régimen y los que se oponían de manera radical a este, al punto de que la violencia fue escalando hasta convertirse en una guerra civil y poco después una revolución que, como pasa muchas veces, despertó muchas ilusiones, pero, a la vez, se convirtió en una tremenda decepción. La obra es muy rica y poderosa en mostrar el contexto del que venía la misma Marjane, pues los padres de la protagonista estaban convencidos de que había llegado el momento de que una revolución democrática llevara a Irán a un nuevo paso en su evolución, que consideraban inminente.
En ese proceso, conocemos a su tío, un líder político revolucionario que fue capaz de dar la vida por su causa; a muchos de los amigos de la casa, algunos de los cuales sufren diferentes destinos en las distintas confrontaciones armadas vividas en esos territorios (como la de Irán contra su vecino Iraq), y a vecinos y personajes que, con diferentes visiones de la realidad, dejan en evidencia que la humanidad es, con todo y sus particularidades, igual, así se esté en lugares del mundo que, lejanísimos desde estos lares, poco se conocen. A la vez, podemos observar a numerosas personas que desarrollaban acciones de resistencia e incluso disidencia ante la represión, buscando que las cosas finalmente cambiaran, aunque varias veces su final no fue necesariamente feliz.
Finalmente, la obra presenta a la abuela de la protagonista, una mujer de avanzada, moderna y crítica, pero también práctica, que le deja claro a su nieta que nunca deberá vender por comodidad —o mezquindad— sus principios, su razón de ser y su libertad (y se vale la referencia salsera para el que la sepa).Le sugerimos: Así ha reaccionado el mundo cultural a la elección de Abelardo de la EspriellaComo bien se sabe, la revolución iraní —un país, por cierto, inmenso— no fue la que muchos esperaban, pues, en vez de una revolución de avanzada y de talante democrático, lo que se montó en el poder fue una teocracia violenta, cercenadora de derechos (sobre todo de las mujeres) y persecutora de todo aquel que cuestionara de alguna manera sus posiciones fundamentalistas. Con esto, se pasó de la dictadura recia del Sha a una teocracia terrible, en la que la separación entre Iglesia y Estado no existe, no hay secularización institucional y se sepultaron los muchos avances democráticos que se habían conseguido previamente, con no pocas luchas.
Y la película es notable en mostrarnos las distintas formas de resistencia e incluso varios de los espacios en que la gente intentaba ponerse a tono con lo que estaba en boga en el resto del mundo. Por eso, vemos a los jóvenes comprando cassettes de contrabando de Pink Floyd, Stevie Wonder, Julio Iglesias, Michael Jackson (o “Jaikel Mackson”) y Iron Maiden; intentando vestirse al estilo “moderno” occidental, así se impusiera el velo a las mujeres y se prohibieran las ropas “provocativas”, y a la propia Marjane tejiendo en su chaqueta de jean la frase “Punk is not ded” (sic), una notable muestra de que, a pesar de la represión, siempre habrá poderosas formas de buscar, al menos, la libertad.
Esta situación de opresión, en la que, incluso, estaba en riesgo su propia seguridad, llevó a que Marjane, ya convertida en una adolescente y posteriormente una joven adulta, partiera, con impulso de sus padres, a Europa, primero Austria, donde conoció muchas de las movidas políticas, culturales y sociales que, en escenarios en los que la guerra es cada vez un recuerdo más lejano (aunque no se confíen), algunos dan cátedra de lo que hay que hacer o no, en lugares que realmente desconocen por completo, y luego Francia, a donde la autora llegó finalmente a vivir y desarrolló su brillante carrera artística. En Persépolis, Satrapi cuenta la historia de su vida, pero al mismo tiempo, relata profundamente una parte significativa de la historia reciente de su país.
Y lo hace retratando de manera crítica la hipocresía de la sociedad, tanto en las dictaduras implacables, como en las denominadas democracias que se montaron en un sistema colonialista e imperialista tremendamente oportunista que niega sus muchas culpas. Igualmente, pone en evidencia que los fanatismos religiosos, estén donde estén, serán siempre nocivos, cuestionando, tanto al régimen islámico que se montó en su país, como a las órdenes religiosas católicas que padeció en Europa y que, pregonando ideales nobles, reproducen un sistema inequitativo, injusto y, sobre todo, antiderechos.
Me refiero entonces a una película que nos enseña, desde un punto de vista muy particular, pero bien sustentado, la realidad de otro país que, como se puede ver, es similar en muchas cosas a la del nuestro y, en general, a la de todos. De hecho, el que sea una obra gráfica y animada (asimismo en blanco y negro, menos el comienzo y el final, pues realmente la obra es un recuerdo de la protagonista) ayuda a salirnos de esas miradas y percepciones “mágicas” que se han construido sobre el “oriente” (¿se acuerdan de Edward Said?), como lugares exóticos y con gente completamente diferente que muchas veces tiene unas lógicas de acción distintas a las nuestras (lo cual, incluso, no solo pasa con la gente de lugares lejanos geográficamente, sino con algunas personas de las periferias alejadas del centro político y económico dentro de un mismo país).Así, Persépolis evidencia que en esencia la humanidad es similar y que en esos lugares que creemos tan metidos en otros tiempos, ha habido luchas, reflexiones, influencias, debates y percepciones muy similares a las de gente que hemos conocido en nuestra aldea local.
Incluso, y aquí me meto en mi historia personal, al ver en la película las discusiones que tenían los padres y amigos de la protagonista, no dejaba de recordar las que yo veía, también niño, en mi propia casa cuando allí llegaban profesores universitarios, líderes políticos, incluso de la UP (partido político que —prohibido olvidar— fue borrado de la faz de la tierra mediante un genocidio sistemático a sus integrantes), periodistas, escritores y muchos más, algunos de los cuales fueron víctimas de la sangría que no deja de ceder y resulta instrumentalizada, sobre todo en cercanías a los procesos electorales. En esencia, Persépolis es un ejemplo, otro más, de que el arte es un medio fundamental para conocer otros mundos, sensibilizarnos ante otras realidades, solidarizarnos con los que sufren, cuestionar, de muchas maneras, al poder, y, por qué no, inspirarnos para pensar crítica, rebelde y solidariamente la realidad, a ver si de pronto la podemos cambiar.
Escribo todo esto porque Marjane Satrapi, autora, creadora y directora (en el caso de la película, compartió dirección con Vincent Paronnaud) murió sorpresivamente el 4 de junio de 2026, a los 56 años de vida. Según dijeron los medios, sin ampliar mucho al respecto, Satrapi “murió de tristeza”, pues, al parecer, no pudo superar el dolor que le causó la muerte el año pasado de su pareja, Mattias Ripa.
Su muerte, como prácticamente todas, es muy triste, pero en el caso de ella mucho más, porque seguía activa creando obras, promoviendo proyectos y, por supuesto, siendo una voz crítica frente a muchos temas en el mundo, que pasaban, obviamente, por el régimen iraní, de quien era una abierta opositora, pero también frente a quienes intentaban instrumentalizarla buscando que hablara en contra del islam y la migración a Europa, y justificara acciones violentas imperialistas, claramente lesivas del derecho internacional y, sobre todo, los derechos humanos. Satrapi no se dejó instrumentalizar, y, así como cuestionaba tajantemente la teocracia iraní, se opuso a las acciones violentas de Israel en la franja de Gaza contra el pueblo palestino y, aún más claramente, contra las acciones bélicas de Israel y Estados Unidos en Irán, rechazando absolutamente cualquier intervención militar extranjera en ese territorio.
Incluso, se pronunció en contra de la medida que prohibía el uso del velo a las mujeres en Francia afirmando que “como considero que los derechos humanos son superiores a mi punto de vista personal, pelearé para que estas mujeres puedan llevar el velo, aunque yo lo deteste”. Con esto, dejaba ver que, ante las visiones maniqueas en las que solo caben las perspectivas extremas y simplistas de la realidad (“o se está con uno o con otro”), es posible ser crítico, rebelde y contestatario, pero sin caer en los dogmatismos, fanatismos y extremismos que ella siempre cuestionó.
Y lo hizo, valga decir, no solo con Persépolis, sino con muchas de las otras obras que escribió, dirigió y en las que, incluso, actuó, de las que se pueden mencionar varias novelas gráficas, como “Bordados”, “Mujer, vida, libertad” y “Pollo con ciruelas”, y películas como la misma “Pollo con ciruelas”, “Las Voces” y “Radioactiva”. No obstante, es claro que su obra maestra, que le garantizó su consagración en diferentes escenarios, fue de lejos Persépolis y, teniendo en cuenta que existen en el mundo muchos grandes creadores que jamás consiguen ese impacto, lo que ella logró es, en un mundo cada vez más convulsionado, notable. “No hay revolución sin canciones”, decía el gran Víctor Jara, a lo que, de pronto se puede añadir que tampoco hay procesos culturales y sociales efectivos sin buenas películas que nos ayuden a comprender al otro para darnos cuenta de que a pesar de tantas imposiciones, cargas, contextos y peleas que nos marcan, a veces, muchas rabias, sesgos, odios y miedos, pero también alegrías, caminos, amores y afectos, es que vale la pena estar en este mundo.
Y se vale pensarlo y decirlo aquí y en cualquier otro lado. Seguro que habría visto Persépolis después en algún otro lugar (y la tengo en DVD, así como la novela gráfica), pero que bueno haberme encontrado con esa película esa tarde en Medellín y, por supuesto saber de la existencia de su autora que, por su brillante obra y sensible paso por la tierra, estará siempre presente para, como lo hacen los grandes creadores, ayudarme a conocer y de pronto comprender más profundamente a la humanidad, es decir, a nosotros mismos.Le sugerimos: Al funeral de David Hockney solo asistieron dos personas* Petrit Baquero es Historiador y Politólogo.
Autor de los libros “El ABC de la Mafia. Radiografía del Cartel de Medellín” (Planeta, 2012); “La Nueva Guerra Verde” (Planeta, 2017) y “Las Guerras Esmeralderas en Colombia” (Planeta, 2025).
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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