Hablamos con representantes del sector cultural que nos contaron sus percepciones sobre los resultados de las elecciones presidenciales.Héctor Abad Faciolince, Laura Restrepo, Alejandro Gaviria y Mauricio García Villegas opinaron sobre los resultados de las elecciones que dejaron como sucesor de Gustavo Petro a Abelardo de la Espriella.Archivo El EspectadorEl preconteo realizado en la tarde del pasado 21 de junio dejó a Abelardo de la Espriella como el próximo presidente de Colombia. Algunos aún esperan que el escrutinio ratifique su victoria, mientras que sus simpatizantes ya empiezan a hacer predicciones sobre cómo serán los siguientes cuatro años bajo su mandato.

El primer caso es el de la escritora Laura Restrepo, quien antes de lanzar una opinión sobre el presidente electo, aseveró que “ante todo, hay que esperar el escrutinio”. Eso sí, los resultados preliminares sí le permitieron sacar una conclusión sobre el poder que la izquierda ha ganado en el país. “Sea cual sea el resultado, estas elecciones demuestran que no hay una mayoría única: la izquierda se consolida como fuerza política de casi trece millones de colombianas y colombianos activos y contados, con mayoría progresista en el Parlamento, comprometidos con la paz, con los logros de cuarenta años de proceso democrático, y con los avances sociales y ambientales del gobierno Petro, al cual le debemos, ante todo, la toma de conciencia por parte del pueblo colombiano de unos derechos inalienables que sabrá defender”, agregó la escritora.

Este diagnóstico está atado a la narrativa del país dividido que se demostró con el estrecho margen entre los dos candidatos. “La pregunta que más oiremos durante la próxima semana será cómo se va a lograr la gobernabilidad, que significa tener influencia en el Congreso, pero también sobre la gente y en las calles”, apuntó Alejandro Gaviria, economista, ensayista y exfuncionario. Para él, ahí yace el reto que tendrá que enfrentar el sucesor de Gustavo Petro. “La situación política actual la define, en mi opinión, la división del país, que asimismo de política es también geográfica y socioeconómica, incluso al interior de las grandes ciudades.

Pero, de otro lado, permanece la necesidad de unidad. Creo que el gran desafío para el próximo gobierno será gobernar un país que se está tornando ingobernable”, agregó.En esa misma línea, Héctor Abad Faciolince, escritor y columnista de este diario, hizo hincapié en que, si bien había que reconocer que Abelardo de la Espriella había sacado la mayor cantidad de votos en el preconteo, no se podía ignorar que la mayoría no optó por él. “Más de la mitad de los votantes, el 50,3 % (Cepeda más el voto en blanco) no lo hicieron por el ganador, Abelardo de la Espriella.

Esto debería, como mínimo, mermarle la arrogancia y la gritería al triunfador”, opinó Faciolince.Asimismo, el escritor hizo un llamado a no estigmatizar a quienes hacían parte de esa mayoría. “Ese 50,3 % de ciudadanos que no votaron por él no son comunistas, ni narcos, ni personas despreciables. De la Espriella ha ganado y esto se debe reconocer, sacó más votos que su contendor, pero él debe respetar a los más de 13 millones que no votamos por él.

Colombia no es propiedad del próximo presidente, Colombia es de todos los colombianos y él tiene la obligación de gobernar para todos, con mayor razón si quienes no votaron por él son mayoría”, concluyó.Sobre este punto, hay algunos que han señalado el último discurso de De la Espriella como un intento por desescalar las tensiones del país. Uno de ellos es Mauricio García Villegas, filósofo, académico, ensayista y columnista de El Espectador, aunque aclaró también que hace falta mucho más trabajo para acabar con la polarización que afloró durante esta campaña presidencial. “Hemos elegido a una especie de Trump caribeño y me temo que lo caribeño no mejore las cosas.

Su discurso de ayer fue menos vociferante, menos brutal en su descalificación de la otra Colombia, la que no votó por él, pero no lo suficiente como para reconciliar a Colombia. Es como en las peleas de parejas o de amigos, cuando se ha descalificado y ofendido tanto al otro, quedan heridas difíciles de sanar”, aseveró García Villegas.

Ahora bien, para él esto no es exclusivamente culpa de la derecha. “Lo mismo habría pasado si el resultado hubiese dado el triunfo a la izquierda. Estamos abocados a vivir, al menos por ahora, en un país atrapado por la rabia y la ojeriza”, concluyó.El último que prestó su voz para este artículo fue Lucas Ospina, artista y profesor del Departamento de Arte de la Universidad de Los Andes, quien en principio, fue parco en su respuesta. “Sobre Abelardo de la Espriella no se me ocurre nada”, aseveró.

Aunque, a renglón seguido, pasó a aclarar que no se trataba de una falta de opinión sobre el presidente electo, sino una referencia a la frase “Sobre Hitler no se me ocurre nada”, atribuida al escritor vienés Karl Kraus. “Kraus fue un escritor que publicó en Austria desde 1899 hasta 1936 una revista llamada La Antorcha. El escritor Rafael Gutiérrez Girardot en su ensayo ‘Karl Kraus y el lenguaje como sátira’ pone en contexto la frase de Kraus y se la toma en serio.

Gutiérrez Giradot cita un texto de Kraus publicado en su revista: ‘Sobre Hitler no se me ocurre nada. […] Tengo conciencia […] de que con este resultado de larga meditación y diversos intentos de captar el acontecimiento y la fuerza que lo mueve, me he quedado considerablemente atrás de las expectaciones. Pues éstas fueron tal vez más altamente tensas que nunca ante el polemista de la época, de quien un malentendido popular pide la hazaña que se llama toma de posición… Me siento aturdido y cuando, antes de estarlo, no quisiera bastarme con parecer tan atónito como lo estoy, obedezco a la presión de dar cuenta sobre un fracaso, aclaración sobre la situación a la que me ha llevado una tan plena subversión en el ámbito de la lengua alemana; de dar cuenta sobre la atonía personal durante el despertar de una nación y el establecimiento de una dictadura que hoy lo domina todo excepto el lenguaje’”, citó Ospina.Apenas un día después de las elecciones y todavía con los resultados del escrutinio pendientes, aún queda mucho por entender sobre cómo serán los próximos cuatro años para el país.

No obstante, las fuentes consultadas parecen coincidir en la necesidad de superar las barreras que se impusieron durante la campaña. El nuevo presidente de Colombia deberá encontrar la manera de ser un punto de unión entre sectores que hoy se miran como enemigos.