Aquellas luces de Maradona en el Azteca que Messi encendió 40 años después en Dallas

SANTA FE.— La historia es dinámica y se escribe minuto a minuto, día a día, año a año . Esa historia se detuvo por una vez en el minuto 38 del primer tiempo.
Fue el momento en el que Facundo Medina llegó hasta el fondo y armó una jugada “típica de la Scaloneta” : amague de centro profundo y pase atrás; Enzo Fernández la dejó pasar y Messi le pegó de primera para colocar la pelota junto al poste derecho de Schlager. La historia se detuvo porque hubo un record que se rompió: el de goleador histórico de los mundiales.
En su partido 201 con la selección, Messi llegó a su gol 121 y al 17 en mundiales. En ese momento, como si el aura de Diego Maradona bajase del cielo y se posase sobre él, 40 años más tarde del gol más famoso de la historia, otro argentino hacía historia.
Ya no solo era el que más mundiales ha jugado, el que más partidos ha disputado, sino el que más goles hizo. Pero hay algo más : Messi lo logró después de haber marrado un penal (lo tiró afuera) y de haber tenido dos muy buenas oportunidades que no alcanzó a concretar con precisión.
Se sobrepuso a la adversidad como que es –un grande- y sacó ese remate preciso, de altísima calidad, para darle al partido el resultado justo en un primer tiempo en el que Argentina tuvo un “bache” en el que perdió la línea y fue, justamente, después del penal malogrado. Ancellotti, el entrenador de Brasil, expresó que este es un Mundial de alta intensidad y que Argentina no juega con alta intensidad.
Scaloni lo tomó como un elogio, cuando, en realidad, parece una crítica. Y como para darle la razón, Argentina empezó a jugar a “ritmo de minué”.
Tranquilo, haciendo correr la pelota, abriendo bien la cancha con Medina y Almada por izquierda y con Molina y De Paul por derecha. El 4-4-2 clarito de Scaloni fue más que el 4-2-3-1 austríaco, que inclinó mucho el juego sobre el lado de Molina, por donde aparecieron Laime (el lateral) y Sabitzer, que es el jugador más claro en el manejo de la pelota.
Eso sí, el ritmo cansino de Argentina se dio hasta llegar a tres cuartos de cancha. Allí llegó la aceleración, el cambio de ritmo y los inconvenientes que le causó a una defensa que dio ventajas.
Por eso, la mayor tenencia, el control del partido a través de la posesión de pelota y la generación de situaciones claras frente al arco rival, asimismo del gol, fueron suficientes argumentos para sostener el mérito de la victoria parcial. Aparecieron las complejidades en el inicio del segundo tiempo.
Austria presionó y complicó. Argentina empezó a perder la pelota en el arranque de la jugada y ya no tuvo la facilidad para manejarla en el mediocampo.
Scaloni debió corregir con un cambio obligado en el fondo, con la salida de Romero y el ingreso de Otamendi. Mientras empezó a preparar otras variantes para que ese control del juego y de las situaciones de peligro frente a los arcos, vuelva a pertenecerle.
A la cancha Nicolás González y Julián Alvarez por Thiago Almada (movedizo pero sin pesar en el juego) y Lautaro Martínez (generoso y colaborativo pero sin gravitación en el área, aunque a él le cometieron el penal que Messi remató desviado). Había que tratar de darle aire fresco al ataque, más presión para la recuperación y sin modificar en absoluto el sistema táctico.
Lo mismo hizo el técnico austríaco, con tres cambios en la misma ventana pero sin abandonar el 4-2-3-1 que tuvo desde el principio del partido. El objetivo de mantener a Austria lejos del Dibu Martínez, se consiguió.
Faltando diez para el final, Scaloni aprovechó la última ventana de cambios y puso a Paredes y a Tagliafico en reemplazo de De Paul y de Medina (de buen partido), que en la última intervención cerró muy bien a espaldas de los centrales para desbaratar una jugada que le traía peligro al arco nacional. Esto motivó también un pequeño ajuste en el medio, ya que Paredes se paró de “5” al lado de Enzo Fernández y fue MacAllister (otro que jugó bien) a ocupar el puesto por derecha que dejó libre De Paul.
Nicolás González, que entró bien, tuvo la chance más clara luego de un pelotazo largo y preciso de Lisandro Martínez, que terminó con un remate que encontró la humanidad de un defensor austríaco. Hasta que llegó el gol del final, que no podía ser de otro sino de él.
Paredes fue a pelear una pelota y el rebote lo encontró a Messi por el costado derecho, solo y arrancando un poco más allá de la mitad de la cancha. El “10” habilitó a Julián Alvarez, hubo un rebote y le quedó a Paredes, que eligió dársela otra vez a Messi, quien armó un desparramo descomunal adentro del área, con arquero incluido, para capitalizar un rebote que le volvió a quedar a él y así definir el partido.
Con “Cumbia sobre el mar” sonando en los altoparlantes de un estadio gigantesco, lleno de modernidad e impactante a cada paso, llegó un final con victoria y clasificación asegurada, más otro baile - esta vez al ritmo de un vals vienés – de un Messi que no para de sorprender a todo el mundo y que se convirtió otra vez en notable figura de un partido en el que fue a
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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