El ultraderechista Abelardo de la Espriella se perfila como el nuevo mandatario de Colombia luego de derrotar por poco margen al candidato de la izquierda oficialista en el balotaje, según el conteo preliminar de la autoridad electoral.En una de las votaciones más reñidas de la historia, el jurista sin experiencia política se impuso con un 49.6 por ciento de los votos, según el 99.7 por ciento del conteo previo de la entidad que organiza los comicios.Muy cerca quedó el senador Iván Cepeda (48.7 por ciento), aliado de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en la historia del país que no podía presentarse a la reelección por ley. ¿Qué sigue en el proceso?Luego de la divulgación de los resultados de este domingo, inició el escrutinio municipal, la primera fase del proceso.En esta etapa, unas 2 mil 992 comisiones escrutadoras integradas por cerca de 9 mil jueces y notarios revisan las actas electorales y resuelven las reclamaciones que puedan presentar las campañas.Una vez concluya la revisión municipal, el proceso continuará con los escrutinios departamentales a cargo de los delegados del Consejo Nacional Electoral (CNE) y finalizará con el escrutinio nacional, en el que los magistrados de ese organismo consolidarán los resultados de todo el país y harán la declaratoria oficial del presidente electo.

Un 'showman millonario' y aliado de Trump: ¿quién es Alelardo De la Espriella?Con 47 años, De la Espriella, quien cuenta con el apoyo de Donald Trump, aventajó el domingo las elecciones luego de dedicarse por años a defender a paramilitares, narcotraficantes, políticos corruptos y estrellas de fútbol.En un balotaje ajustado, y de acuerdo con resultados preliminares, venció al izquierdista Iván Cepeda, aliado del presidente Gustavo Petro, con una campaña llena de referencias al patriotismo y el discurso contra los partidos tradicionales.De la Espriella ofreció derrotar a los políticos, generar riqueza y más seguridad ante un pico del conflicto armado al término del primer gobierno de izquierda en la historia del país.Caribeño y ultraderechista, este abogado se define como judeocristiano. Expresó que dejó atrás una vida de lujos en la ciudad italiana de Florencia para gobernar Colombia con un discurso radical que despierta fervor entre sus seguidores y temor en sus detractores.En espectáculos ambientados con fuegos artificiales y rugidos de tigre, juró "reconstruir la República", defender la democracia "por la razón o por la fuerza" y convertirse en "enemigo acérrimo" de la izquierda.Luego de dejar fuera a la derecha tradicional en la primera vuelta, abrazó un discurso antisistema: "A toda esa mafia que desgobierna Colombia les digo: aquí hay una manada, hay un pueblo que no se arrodilla y que ha venido a enfrentarlos" y "a castigarlos".Convencido de convertir al Estado en una compañía próspera, se inspira en los mandatarios Javier Milei, Nayib Bukele y Trump.Cantante de ópera aficionado, suele vestir trajes impecables sin corbata y mocasines.

También usa la camiseta amarilla de la selección de fútbol al estilo del expresidente de Brasil Jair Bolsonaro.De nacionalidad estadunidense y colombiana, le llueven cuestionamientos sobre sus vínculos pasados como abogado y el origen de su fortuna. Antes de postular a la presidencia, presumía en redes sociales de viajes en aviones privados, trajes de sastrería, sombreros y lentes oscuros de lujo.Durante la carrera presidencial fue criticado por declaraciones consideradas machistas y homofóbicas, que no obstante no afectaron su popularidad.

La "dolce vita"De la Espriella se presenta como un comerciante exitoso. Camina custodiado por decenas de soldados, policías y escoltas luego de denunciar amenazas de muerte.Padre de cuatro niños, asegura que tiene "los cojones" para gobernar con "mano de hierro" al país con mayor producción de cocaína del mundo, enfrascado en un conflicto armado de más de seis décadas."En mi gobierno, bandido que no se someta (a la justicia) será dado de baja", decía.

Para combatir a las mafias quiere aliarse militarmente con Estados Unidos e Israel.Apuesta por sepultar el tribunal surgido del acuerdo de paz con la guerrilla FARC en 2016, que juzga los peores crímenes del conflicto armado.Asegura que vivía la "dolce vita" en Florencia y que la campaña es un "sacrificio" por "la patria".Promesas de gobierno y mano duraSu forma de hablar desfachatada le ha causado problemas. En una ocasión afirmó que en Colombia se debía "destripar" a la izquierda, declaraciones por las que luego pidió perdón.De la Espriella se presenta como una persona aguerrida que conformará un gobierno "inflexible frente al terrorismo".En actos públicos aparecía representado como un tigre de colmillos afilados gracias a la inteligencia artificial.En sus redes se le ve fumando tabaco o promocionando sus negocios de vinos y rones.

Asimismo, tiene su propia marca de ropa llamada De la Espriella Style.Defiende el porte de armas, la reducción del tamaño del Estado en un 40 por ciento y quiere construir megacárceles en las que los presos estén a 10 pisos bajo tierra", alimentados "con pan y agua".Con el saludo militar y un vehemente "¡firmes por la patria!" conquista a soldados retirados que lo acompañan en sus mítines.Aunque expresa un desprecio por los políticos, tiene "una gran amistad" con el influyente expresidente de derecha Álvaro Uribe.De la Espriella sostiene que vive acorde a los principios judeocristianos, pese a que antes se consideraba ateo.Suele decir que proviene de una familia de ganaderos en el Caribe, donde creció "al estilo de Tom Sawyer" pescando y jugando en el campo.En su plan de gobierno hay un decálogo de "milagros" para la seguridad, la salud, la educación, el campo, el medioambiente, la cultura, las mujeres, el bienestar animal, el sector minero-energético y contra la corrupción.A quienes le critican que nunca ha ocupado cargos públicos, les responde que eso es una ventaja porque lo libra de compromisos con políticos y grupos económicos, y subraya que su experiencia está "en ser exitoso" como empresario y lo mismo hará en el gobierno.Con ese discurso de 'self-made' y mensajes de contenido patriótico, incluido el saludo militar e invocaciones a Dios, ha conquistado a buena parte del electorado, entre ellos católicos y evangélicos, que lo ven como una especie de salvador. ​LJ/ksh