Jorge Martínez, Daniel Céspedes y Bismarck Méndez narran el viaje más importante de su vida: la paternidad

La paternidad es un viaje que transforma la vida, no hay duda, pero que se vive de maneras muy distintas según el relieve del camino. Es una carrera que no viene con manual de instrucciones y un oficio que se aprende sobre la marcha, de manera instintiva, y que hoy, en el contexto del Día del Padre, decidimos retratar a través de tres espejos distintos: el inicio de la aventura, la consolidación de la infancia y el complejo arte de aprender a soltar.Demarcada la cancha, en este artículo el periodista deportivo Jorge Martínez se despoja de su traje para narrar la adrenalina y la ternura de los primeros pasos, viviendo apenas su segundo Día del Padre junto a su pequeña Sol, de un año de edad.Por otro lado, el extrovertido Daniel Céspedes abre una ventana a la maravillosa edad de los seis años, una etapa llena de preguntas, risas y el reto de redescubrir el mundo, recuperando la capacidad de asombro a través de los ojos de su hija Noelia.Y Bismarck Méndez, quien entre risas se confesó el más roco del grupo, ya recorrió los pasillos que Jorge y Daniel apenas empiezan a descubrir.
Aporta la sabiduría de casi 22 años de aprendizajes junto a su hija Luciana, compartiendo el orgullo, la complicidad de los viajes y el difícil pero hermoso arte de aprender a soltar.A pesar de la distancia entre un año y 22, hay hilos invisibles que unen a estos tres hombres: la sorpresa indeleble del día en que supieron que sus vidas cambiarían para siempre, el peso de la responsabilidad, el instinto que guía sus decisiones y, por encima de todo, un amor incondicional que se convierte en el motor de su día a día.Jorge Martínez y un Sol de cada díaRecientemente, el reconocido periodista deportivo Jorge Martínez celebró el primer año de su hija Sol, de quien confiesa llegó con un hermoso propósito a su vida. Aunque ha mantenido su vida privada muy en reserva, cuando se trata de hablar de su amor más grande, su sonrisa es enorme y sus ojos se iluminan.“Recuerdo que Laura (Brenes, su pareja) y yo nos dimos un abrazo largo y profundo cuando nos dimos cuenta.
Luego procedimos a hacer la prueba de sangre para terminar de ratificar, que es la más certera, y cuando ya tuvimos la certeza, nos encargamos de comunicarle a nuestros familiares. Laura tiene familia en el extranjero, entonces tuvo que hacerlo con videollamada para participar de la noticia a todos”, recordó Jorge.Martínez aseveró que su pequeña Sol llegó en un momento marcado por el dolor.
Luego de unos segundos de pausa para masticar lo que diría a continuación, el comunicador confesó el lindo propósito que marcó la llegada de su hija, su misión.“En el caso de Sol, ella vino al mundo con una misión que ni siquiera sabía que venía a cumplir. Mi hermano se murió en abril.
Cuando estábamos ya con la certeza de que Sol iba a nacer, a mi hermano se le detectó un cáncer en la cabeza fulminante. Sol, con el simple hecho de venir al mundo, nos ayudó a toda la familia y a las dos familias en sí a ablandar el fortísimo golpe que sufrimos por la pérdida de mi hermano Andrés”, contó.En esa misma línea, Martínez tiene solo palabras de amor y un agradecimiento profundo por el lugar que tiene su hija en el corazón de su familia. “Esa criaturita hermosa, sin pretenderlo, sin haber levantado la mano siquiera, ha cumplido un rol muy importante en la vida de todos nosotros.
Sabemos que en el cielo hay un ángel que es mi hermano Andrés, que la está cuidando, y ella fue, en buena parte, esa razón para que el golpe tan fuerte se ablandara un poco”, comentó.Así es como su “sol de cada día” los hace sonreír. La aventura con la pequeña ya contabiliza un año de experiencias y buenos recuerdos; y más que un reto, él ve este tiempo como una gran aventura.“Todo lo que haya tenido que hacer lo volvería a hacer 10.000 veces: dormir poco, levantarme en la mañana, preparar un chupón.
Yo tengo un sueño muy ligero y, cuando me despierto, me cuesta mucho volver a conciliar el sueño, pero no importa. Por ella, por Laura y por mi familia estamos dispuestos a hacer lo que sea”, afirma el comunicador.El periodista ha vivido esta experiencia, incluso sorprendiéndose a sí mismo, pues en el camino descubrió nuevas habilidades que no sabía que tenía.“De repente apareció una veta, no de chef, sino de cocinero, que me ha ayudado a resolver también los almuerzos de Sol.
Me di cuenta de que podía combinar cosas que antes no hacía en la cocina y que funcionan para alimentarla. Eso que dice usted: ‘Mira, yo no sabía que podía hacer eso para ayudar a mi bebé’, pues afloró mayoritariamente en la cocina, más otras cosas que van saliendo”, aseveró.Y aunque su experiencia como papá es de apenas un año, ya sabe cuáles consejos le daría a un padre primerizo que está a punto de tener su bebé en brazos.“Infórmense mucho y sigan el instinto, que es increíble.
Casi siempre el instinto le da a uno la razón de que lo que decidió en su momento es, en un porcentaje mayoritario, lo correcto. Aunque haya cierto margen en el que uno diga: ‘Quizás lo pude haber hecho de esta forma’, la mayor parte del tiempo es el instinto el que lo guía a uno para que la hija esté bien”, concluyó.Daniel Céspedes y el regalo de recuperar la capacidad de asombroEl reconocido periodista y presentador Daniel Céspedes confiesa que hubo una época en su vida en la que creía que la paternidad no era para él.
No obstante, hoy, con una hija de seis años que le ha dado un vuelco completo a su mundo, habla desde la madurez de un hombre que descubrió una felicidad que ni siquiera sabía que existía.El comunicador recuerda perfectamente el día en que se enteró de que sería padre, luego de notar un retraso en el período de su esposa.“Llegué a la casa con un libro, una cerveza y una prueba de embarazo. No sé por qué ese fue el combo de ese día, pero fue el combo.
Y en efecto, la prueba dio positiva. La verdad, el momento en que nos dimos cuenta para mí ha sido quizá el momento más lindo de mi vida... cuando llega la persona indicada y llega el momento, te cambia la vida”, recordó Daniel con una sonrisa.Para Céspedes, estos seis años no solo han sido un proceso de maduración personal y profesional, sino un viaje de regreso a la inocencia a través de los ojos de su pequeña.“He aprendido mucho al recuperar la capacidad de asombro.
Creo que por ahí los adultos tenemos que tener esa niñez de alguna forma, que podamos emocionarnos de las cosas que hemos normalizado y que son bellas de la vida”, aseveró el periodista, aceptando entre risas su lado más sensible.“De hecho, estábamos viendo Toy Story 3 un día de estos y terminé llorando desconsolado. Y mi hija se quedó viéndome: ‘¿Pero qué le pasa a mi papá?’”, contó.En la dinámica diaria, Daniel reconoce que su hija heredó su temperamento.
Aunque físicamente se parece a su madre, la niña tiene un carácter alegre pero fuerte. Cuando se enoja, lo hace de verdad, un rasgo en el que Daniel admite que tendrá que tener cuidado.En la pasión del fútbol le salió “el tiro por la culata”.
Entre bromas, confesó que su intento por hacerla saprissista falló y que ahora tendrá que “preguntarle a ChatGPT” qué hacer con una hija liguista.Más allá de los juegos y las divertidas anécdotas cotidianas —como la vez que le puso el pantalón antes que el calzón—, el periodista se detiene en un ejercicio que considera vital para cualquier padre: la contemplación.“Los papás tenemos que sentarnos y contemplar un poquito esa belleza de ese ser humano. Yo contemplo a mi familia, estoy con mi hija, la veo que ya está cada vez más grande y digo: ‘Qué momento tan lindo, qué vida tan linda’.
El otro año entra a la escuela y sí me da mucho sentimiento... da mucho susto que luego salga de esa niñez en la que el mundo es color de rosa”.Para Daniel, el blindaje ante ese futuro ya se está construyendo: “Las bases para enfrentar los retos de la vida se construyen a partir de una niñez feliz y de sentirse valorada, de sentirse apreciada. Entonces, creo que esa es nuestra tarea ahorita como papás”, concluyó.Bismarck Méndez: el arte de ser ejemplo y aprender a soltar Con casi 22 años de trayectoria en el viaje de ser papá, Bismarck ve hacia atrás y recuerda perfectamente el “bombazo” que significó la noticia.
Hoy, con la autoridad que dan las canas, habla con el orgullo de quien ha visto a su hija crecer, transformarse en una mujer independiente y cruzar fronteras.“Cuando me di cuenta (de que iba a ser papá), yo pensé que más bien me estaban vacilando. Pero es un momento de mucha alegría, de mucha emoción, pero también de mucha responsabilidad.
Tenés que hacerle un cambio a ciertas cosas porque vos decís: ‘Yo lo que quiero es que esta chica que viene me vea como un ejemplo’”, evoca sobre aquel lejano setiembre del 2004.El camino no ha sido lineal ni sencillo. Al ser una “chica de mundo”, el momento más difícil para él llegó cuando su hija tenía apenas cinco años y tuvo que verla partir a vivir a Argentina, un doloroso proceso de distancia que se repitió con los años en países como Panamá, Venezuela y México.No obstante, la vida y el universo le tenían guardada la retribución más hermosa hace apenas seis meses, una experiencia que describe como el instante en que se dio “por pagado”. “La anécdota más bonita la viví hace como seis meses, que la fui a dejar a Bélgica a la universidad.
Cuando fui a la habitación, el ir y dejarla ahí... que me tocara a mí como papá ir a buscar las sábanas, las almohadas, ver dónde se iba a quedar, qué iba a comer, cómo era el campus... yo me estaba dando por pagado”, confesó.“Ya cuando van y dan ese paso donde la dejas sola para que se quede allá en otro país... no lo cambio por nada. Vieras cómo me llenó esa parte”, expresó el presentador de De boca en boca.A lo largo de los años también hubo momentos de incertidumbre, como cuando a ella le atrajo el modelaje y la actuación, una etapa que lo confrontó porque deseaba que tomara otro rumbo, aunque el mismo destino se encargó de reajustar el camino.A pesar de las canas que le han sacado “ciertos noviecillos” o el hecho de que su hija prefiriera el gimnasio en lugar del básquetbol para seguir sus pasos deportivos, la complicidad entre ambos se mantiene intacta.
Comparten el amor por la lectura, el teatro y su plan infalible de escape: irse a relajar a Puerto Viejo, Limón.Para Bismarck, la clave del éxito en este viaje de más de dos décadas se reduce a la coherencia y a la presencia absoluta. Por eso, al mirar a las nuevas generaciones de papás, tiene muy claros sus dos consejos fundamentales.“Primero, disfrutar el momento y sacar el tiempo necesario para no perderse ciertas cosas.
Deje atrás el orgullo para estar presente en los momentos importantes, porque eso se lo van a agradecer toda la vida”, aseveró.“Y el segundo, para aprender a soltar, tiene que ver mucho con los valores y el ejemplo. Muchas veces tenemos que predicar con el ejemplo, y es algo que se ha olvidado mucho.
Tenés que ser un ejemplo para tus hijos. Cuando entendás eso, hay una sinergia que cambia al mundo”, concluyó.El viaje de la paternidad es un parpadeo.
Lo que hoy empieza para Jorge Martínez entre desvelos, chupones y la sonrisa matutina de una bebé de un año, se transformará mañana en lo que hoy enfrenta Daniel Céspedes: las complejas e inocentes preguntas de una niña de seis años.Y casi sin darse cuenta, ese mismo camino llevará a Jorge y a Daniel al destino que hoy abraza Bismarck: el orgullo profundo de ver a una mujer de casi 22 años construir su propio rumbo. Tres generaciones de padres que, con sus aciertos y despistes, confirman que ser papá es, por encima de todo, la aventura más hermosa y retadora de sus vidas.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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