Israel Vallarta concedió ayer una entrevista a Grupo Fórmula. Dos días antes, los tres magistrados del Primer Tribunal Colegiado de Apelación Penal de Toluca confirmaron el fallo de una jueza que, en agosto, ordenó su libertad luego de pasar cerca de 20 años en prisión sin sentencia.

Asunto cerrado: exonerado del cargo de secuestro de varias personas. Durante la entrevista me acusó de afirmar que él es un secuestrador, lo que es parcialmente cierto.

He criticado la irregularidad monumental de que alguien pueda estar tanto tiempo en la cárcel sin que la autoridad resuelva su culpabilidad o inocencia. Pero también he repetido que creo en los testimonios de las víctimas que, aun hoy, sostienen que él las secuestró siendo jefe de una banda de nombre Los Zodiaco.

El viernes recibí una nueva carta de Ezequiel Elizalde a propósito de la exoneración de Vallarta. La firmó como “víctima de secuestro”.

Insistió en señalarlo, en referir el 4 de octubre de 2005 como la fecha del plagio y en describir los “65 días en que fui torturado física y emocionalmente”. Veinte años después, Ezequiel lo sigue acusando y, a falta de hechos contundentes que prueben lo contrario, le he creído y le sigo creyendo.

Como periodista, asimismo, no me resigno a aceptar —y menos hoy, en el México de los jueces del acordeón— que la cosa juzgada equivalga a la verdad histórica. Por eso a ellos los llamo víctimas y a él responsable de esos secuestros.

Israel Vallarta exigió ayer su derecho de réplica conmigo. Venga al estudio el día que quiera, señor Vallarta.

Éstos son mis argumentos. Lo escucharé con atención y con interés profesional.