El chofer de la Empresa Gallo

SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.— La Empresa Gallo seguramente ha tenido varios trabajadores del volante que llevaron este vehículo por distintos caminos de la geografía argentina. La investigación permitió conocer la historia de uno de esos trabajadores, D.
Humberto Chasampi, y cuando tomamos contacto con uno de sus hijos, que lleva el mismo nombre, nos expresó apenas empezamos el diálogo: “Mi papá condujo este colectivo en momentos donde los caminos eran pedregosos y una incógnita a cada metro que se avanzaba, eran estos sacrificados hombres, el nexo entre las sociedades que pasaban, no había más para transportar pasajeros, llevar jóvenes estudiantes a las universidades, comprar medicamentos, llevar encomiendas, etc.”. Y continúa diciendo “los caminos no eran cuidados como en tiempos modernos, solía haber un caminero con pala, hacha, picota, carretilla y machete, y con esas herramientas hacían lo que podían, pero se les complicaba mal cuando en verano las lluvias permitían formar arroyos por todos lados, más allá de los ríos naturales.
Esos hombres sin protestar en medio del campo, y sin ayuda, eran los que arreglaban el camino para que esporádicamente pase algún vehículo”. Don Humberto Chasampi, nació en el departamento Pomán, el 21 de diciembre de 1913 y falleció el 12 de diciembre de 2002.
Fue un joven muy inquieto y a muy temprana edad se fue a la ciudad de Andalgalá, allí a esa edad, trabajó como chofer en Minas Capillitas, después se trasladó a la provincia de Tucumán, y en esa provincia, trabajó como chofer de la Empresa Gallo, en esta empresa trabajó durante 18 años y luego se desempeñó conduciendo a la empresa que reemplazó a La Gallo, Empresa El Trébol. El recorrido de la Empresa Gallo era por casi todo el Noroeste Argentino (NOA), por ejemplo, Catamarca, Tucumán, Salta.
En el caso de Catamarca y uno de los más largos recorridos, atravesaba cuestas como Zapata, La Chilca, El Clavillo, La Cuesta del Indio, etc. “Contaba mi padre, y recuerdo que, ya siendo muy mayor, y relataba estas andanzas, se le llenaban los ojos de lágrimas, y parecía que estuviese viendo lo que contaba, que en verano y cuando los ríos crecían, los vehículos debían esperar horas o días para poder pasar después que el agua bajaba. También recordaba mi papá que los pocos camiones que había en ese tiempo y llevaban carga de algunos frutos de corta duración, como el tomate, por ejemplo, cuando el río no dejaba pasar, más de una vez tuvieron que tirar la carga porque ya se descomponían los frutos”. “Mi papá siempre hablaba de la Cuesta de La Chilca, El Clavillo, Del Indio, Zapata y distintos ríos, que cuando pasaban aun con agua, el guarda solía ir parado en el estribo de la Empresa con una caña en mano ´tanteando´ la profundidad y para no ser sorprendidos por un pozo, porque si eso ocurriese debían quedar en medio del agua hasta poder sacar el vehículo”.
En fin, un tiempo difícil por los caminos existentes, pero que, de acuerdo con el relato de papá, más allá de los inconvenientes, era muy lindo sentirse útil a la sociedad, y siempre nos enseñaba que cuando podamos hacer algo por otro, que no dudemos, que simplemente procedamos a ayudar, a auxiliar para que salga de ese momento.
Información de El Ancasti (Catamarca). Edición y redacción: Noticias Today.
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