Día del Padre ¿Cómo identificar las habilidades deportivas de tu hijo?

Un padre lleva a su hijo al parque los fines de semana. Lo ve correr, caerse, levantarse, perseguir la pelota con una energía que parece inagotable.
Lo que ese padre no sabe es que está mirando señales de habilidades deportivas. Y que algunas de esas señales tienen fecha de vencimiento.
Más noticias 9 de cada 10 niños en Quito comieron ultraprocesados ayer y 1 de cada 4 no desayunó En Quito, niños y adolescentes pasan 5 horas al día frente a pantallas y ganan peso Entre los 6 y los 12 años ocurre algo en el cuerpo de un niño que no se repite. Según el fisiólogo Richard Manangón, docente de la Facultad de Cultura Física de la Universidad Central del Ecuador, el sistema nervioso central alcanza casi el 95% de su tamaño adulto en ese período.
La coordinación, el equilibrio y la capacidad de aprender nuevos movimientos están en su punto más alto. Por eso en la ciencia del deporte se conoce a esta etapa como la ‘edad de oro’ del aprendizaje motor.
Pero hay algo que conviene saber antes de buscar señales de habilidades deportivas en niños. Antes de la pubertad no es posible predecir el talento atlético con certeza.
El deportólogo Carlos Salazar advierte que antes de los 12 o 13 años, el que destaca suele ser el que maduró antes físicamente, no el que tiene más talento. “El talento real se ve después de la pubertad, cuando ya hay técnica, madurez y constancia”. Entonces, ¿para qué sirve mirar las habilidades deportivas en niños?
Para no perder la ventana. Pero, también para no arruinarla. 👁️ Lo que la ciencia dice que debes observar Giussepe Espinel tiene un hijo de cuatro años y una maestría en marketing deportivo.
En las mañanas hace abdominales en la sala de su casa y el niño lo imita. No le habla de rendimiento ni de campeonatos.
Le habla de ir juntos al parque. Le dice que mañana van a despertarse, que tienen que ir a jugar.
Y el niño responde: se levanta solo y le recuerda lo que hablaron. Entre los 6 y los 10 años, un padre que sabe qué mirar puede empezar a leer señales concretas de habilidades deportivas en niños.
Carlos Salazar enumera las más importantes: Coordinación. El niño se mueve con soltura, puede lanzar o atrapar una pelota sin perder el equilibrio Velocidad y agilidad.
Arranca rápido, cambia de dirección sin caerse Resistencia. Aguanta jugando más tiempo que otros sin pedir pausa cada dos minutos Fuerza natural.
Sube gradas de dos en dos, trepa bien, lanza lejos para su edad Actitud. Busca el movimiento solo, no se frustra fácil al caerse y quiere repetir el juego Pero Salazar advierte: “Todos los niños tienen días buenos y malos.
Una sola señal no significa talento.” 🧤 Joaquín se decidió por el arco Carolina Paredes y Leonardo Rodríguez tuvieron relaciones distintas con el deporte. Él creció en una familia ligada al fútbol -su padre fue futbolista profesional en SD Quito- y practicó varios deportes desde niño.
Ella jugó taekwondo y fútbol en el colegio, pero sin constancia. Sus padres trabajaban y no podían llevarla a entrenamientos.
Con su hijo Joaquín, los dos coincidieron en algo: verían el deporte como una herramienta para el bienestar, no para la competencia. Antes de la pandemia, Joaquín jugaba de mediocampista.
Era activo, con mucha energía y resistencia. El confinamiento cambió todo: menos movimiento, más pantallas, más peso.
La vuelta llegó por una invitación a un campeonato en las canchas del complejo de Liga. Ahí, por primera vez, quiso jugar de arquero.
Lo que nadie sabía era que sus primos, cuando jugaban en familia, lo ponían bajo los tres palos. Lo que vino después fue gradual.
Los entrenadores de la academia Sangre de Campeones les recomendaron que lo llevaran a entrenar con regularidad. Los abuelitos se convirtieron en pilar del proceso, llevándolo y recogiéndolo desde Calderón hasta Pomasqui cuando los horarios del trabajo no daban.
Hasta que un día Joaquín tuvo que elegir entre el cumpleaños de un amigo y el entrenamiento. Sin que nadie lo presionara, eligió entrenar. “Ahí entendimos que el fútbol había dejado de ser una actividad más y se había convertido en algo realmente importante para él”, dicen.
Hoy Joaquín, de 14 años, es arquero Sub-15 de Cumbayá FC. 🧬 Lo que nadie te expresó sobre el cuerpo de tu hijo Wendy Montiel es deportóloga del Independiente del Valle (IDV), el club que formó a la mitad de los seleccionados ecuatorianos para el Mundial 2026. Cuando un niño de 8 o 9 años llega a las formativas del IDV, lo primero que evalúan no es si corre rápido o si patea fuerte.
Evalúan coordinación, equilibrio, movilidad, patrones fundamentales de movimiento y control neuromuscular. “La capacidad de aprender nuevas habilidades motrices, adaptarse al entrenamiento y desarrollar una buena calidad de movimiento son aspectos más relevantes para el potencial futuro que ser el más fuerte o rápido en ese momento”, explica Montiel. El IDV busca al niño que aprende mejor.
Detrás de ese criterio hay fisiología concreta. Manangón explica que existe un momento crítico en el desarrollo llamado PHV -pico de velocidad de crecimiento- que ocurre alrededor de los 12 a 14 años.
Montiel, desde su práctica en el IDV, advierte que durante esa etapa pueden aparecer alteraciones temporales en la coordinación, la movilidad y el control neuromuscular: “El objetivo es proporcionar el estímulo adecuado en el momento adecuado, maximizando la adaptación mientras se minimiza el riesgo de sobrecarga o lesión”. Y lo que se pierde en esa ventana no siempre se recupera.
Manangón advierte que la densidad mitocondrial, la capilarización muscular y la arquitectura de los tendones se forman respondiendo a cargas físicas durante el crecimiento. Sin ese estímulo, el techo de velocidad y la economía de movimiento de un atleta adulto serán menores.
No imposibles. Menores. ⚠️ El error que más se repite y que puede costar a tu hijo Conocer las señales es solo la mitad.
La otra mitad es saber qué no hacer. Y es aquí donde los padres, con la mejor intención, podrían equivocarse.
Carlos Salazar identifica tres errores frecuentes con consecuencias físicas concretas. El primero es la especialización temprana forzada: meter a un niño de seis años solo a fútbol, seis días a la semana, todo el año.
La consecuencia son lesiones por sobreuso. Un ejemplo que Salazar cita es el síndrome de Osgood-Schlatter: dolor de rodilla en niños de nueve años que solo corren y patean sin descanso ni variedad de movimiento.
El segundo error es entrenar más horas de las que el niño pide. 15 horas semanales a los siete años producen burnout físico y mental. El tercero, y quizás el más peligroso, es ignorar el dolor -“no es nada, aguanta para el campeonato”- que puede derivar en fracturas por estrés en la tibia de un niño de ocho años que jugó con dolor durante dos meses.
La regla que Salazar establece es clara: antes de los 12 años, el deporte debe ser divertido, variado y sin dolor. Si hay dolor, pausa y consulta.
El padre de Giussepe lo aplicó. “Él no solo me metió al fútbol, me metió a cursos vacacionales de natación, básquet, ping pong hasta de box. Es decir, que aprenda de todo y que en algún momento yo decida”, recuerda. 🧠 Cuándo el padre deja de acompañar y empieza a presionar Galo Rodríguez entrena categorías formativas de fútbol y sabe leer a los niños.
Pero también sabe leer a los padres desde la orilla. Lo que ve con frecuencia preocupa.
Advierte que la ansiedad y la desesperación de los padres afecta directamente en forma negativa en los hijos. Cuando un padre grita desde afuera, el niño deja de jugar para él y empieza a jugar para no decepcionar.
¿Cómo saber si un niño está en el deporte porque lo eligió o porque su padre lo necesita ahí? “Normalmente cuando eso sucede se observa a niños alejados del grupo, con poco entusiasmo, no acatan indicaciones o normativas, en definitiva reflejan claramente el deseo de no estar ahí”. El psicólogo deportivo y docente de la USFQ Noam Dorfzaun confirma desde otro ángulo.
Imponer una actividad debilita la motivación autónoma del niño y puede manifestarse como ansiedad competitiva, conductas de evitación y rechazo hacia la práctica. El riesgo más profundo, advierte, es que las consecuencias no se quedan en la cancha: pueden influir en la construcción de su identidad personal.
Hay una línea que separa motivar de presionar. Dorfzaun la define con precisión: el límite se cruza “cuando el reconocimiento y el soporte afectivo de los padres se vuelven contingentes al rendimiento, priorizando el resultado final por encima del esfuerzo del proceso formativo”. 📊 Lo que el entrenador ve y el padre no ve Desde la cancha, hay una certeza que Rodríguez repite: a los 8 o 9 años, lo que define el potencial de un niño no es cuánto corre ni cuánto pesa.
Es algo más difícil de medir. “Más que señales son capacidades técnicas y cognitivas en su mayoría innatas”, enfatiza. Las que él busca: control de balón, conducción, manejo de perfiles, coordinación, visión de juego y toma de decisiones.
No la velocidad. No la fuerza.
Y hay una distinción que los padres suelen confundir: talento técnico no es lo mismo que talento atlético. A los 8 años, para Rodríguez, esa diferencia importa más de lo que parece. “En esta edad de oro no debe prevalecer lo físico sino la agilidad, la coordinación, la velocidad gestual y, sobre todo, la diversión formativa“.
En esa etapa, el balón tiene que ser una extensión del cuerpo del niño. Su manejo debe ser natural.
Debe fluir. ¿Y cuándo ya es tarde para construir una base sólida?
Rodríguez es preciso: la edad de oro para absorber conocimientos y destrezas es de 8 a 10 años. A partir de ahí se corrige y se perfecciona.
Y el futuro profesional, dice, se determina con mayor precisión entre los 14 y los 16 años. “De ahí en adelante es muy difícil que se puedan aprender o corregir principios básicos de formación”. 💡 El deporte que el niño elige Giussepe Espinel no le dice a su hijo qué deporte practicar. Crea el ambiente y observa.
Como al niño le encanta la bicicleta, lo lleva pedaleando hasta la cancha. Llegan, entrenan, y cuando el niño se aburre, se van.
Promete y cumple. Y cuando el niño promete, también cumple.
Lo que quiere sembrar a esta edad no es un trofeo. Es algo que, según cuenta, le sirvió en su propia vida. “Tú adquieres responsabilidad cuando entrenas y le coges gusto a un deporte, vas teniendo un hábito, de cuidarte bien, de alimentarte bien, de descansar bien…”.
Dorfzaun respalda ese enfoque. Cuando se detecta talento real pero el niño no quiere entrenar con disciplina, la recomendación no es la presión sino el modelado: educar la disciplina a través del ejemplo diario, transmitiendo hábitos de estructura en casa.
Y proteger la motivación interna del niño frente a los estímulos externos, incluidos los del propio padre. Rodríguez, desde la cancha, lo resume en una idea que atraviesa todo: en la edad de oro, de los 8 a los 10 años, no debe prevalecer lo físico sino la agilidad, la coordinación, la velocidad gestual y, sobre todo, la diversión formativa. “El niño tiene que disfrutar del juego y su formación”. 😲 El dato que pocos padres conocen Según Salazar, llevar a un niño a una evaluación deportiva formal antes de los ocho años no tiene justificación clínica.
Recomienda hacerlo de los 8 a 10 años, y solo si el niño ya entrena cuatro o más días por semana o presenta molestias físicas. Antes, lo que se evalúa no es talento.
Es salud y desarrollo. Para quienes buscan esa valoración fuera del sistema privado de élite, Salazar menciona opciones en Ecuador: el Centro Especializado en Medicina del Deporte Asdrúbal de la Torre en Quito; las federaciones provinciales de Pichincha, Guayas y Azuay, que hacen chequeos médicos básicos a deportistas federados desde edades formativas; y universidades como la UCE, la UTA y la Espol, que realizan valoraciones a bajo costo como parte de proyectos académicos.
No es tan completo como el sistema privado de élite, pero cubre lo esencial: historia clínica, examen físico y aptitud para el deporte. 🔭Padres miren mejor las habilidades deportivas en los niños El padre que lleva a su hijo al parque este domingo no sabe si ese niño va a jugar algún día en Europa. Tampoco necesita saberlo.
Lo que sí puede hacer es mirar mejor. Crear el ambiente.
No gritar desde la orilla. Y dejar que el niño elija.
Eso, dice la ciencia, ya es suficiente para no perder la ventana. Enlace externo: Tres habilidades mentales que los niños necesitan para hacer deporte 5 preguntas sobre identificar habilidades deportivas en niños ❓ ¿A qué edad se pueden identificar las habilidades deportivas de un niño?
Entre los 6 y los 10 años es posible observar señales motrices concretas, pero el deportólogo Carlos Salazar advierte que antes de los 12 o 13 años no se puede predecir el talento atlético con certeza.El que más destaca antes de la pubertad suele ser el que maduró físicamente antes, no el más talentoso. Según Salazar, el talento real se confirma después de la pubertad, cuando ya hay técnica, madurez y constancia.
Antes de los 8 años, lo que se evalúa no es talento sino salud y desarrollo. ❓ ¿Qué señales físicas indican que un niño tiene habilidades deportivas? Según Carlos Salazar, las señales clave son coordinación, velocidad y agilidad, resistencia, fuerza natural y actitud hacia el movimiento.
Un niño con aptitud atlética se mueve con soltura, arranca rápido, cambia de dirección sin caerse, aguanta más tiempo en juego que otros de su edad y busca el movimiento por iniciativa propia. La deportóloga Wendy Montiel añade que la capacidad de aprender nuevas habilidades motrices y adaptarse es más relevante que ser el más rápido o el más fuerte en ese momento. ❓ ¿Qué pasa en el cuerpo de un niño entre 6 y 12 años que hace tan importante ese período?
El sistema nervioso central alcanza casi el 95% de su tamaño adulto. Es la etapa de mayor plasticidad para aprender movimientos, conocida en la ciencia del deporte como la “edad de oro” del aprendizaje motor.
El fisiólogo Richard Manangón explica que si en este período no hay estimulación física adecuada, algunas capacidades no alcanzan su techo. La densidad mitocondrial, la capilarización muscular y la arquitectura de los tendones se forman respondiendo a cargas físicas durante el crecimiento.
Sin ese estímulo, el techo de velocidad y la economía de movimiento de un atleta adulto serán menores. ❓ ¿Cuál es el error más frecuente de los padres cuando creen que su hijo tiene talento deportivo? Para Carlos Salazar, el error más común es la especialización temprana forzada: un solo deporte, muchos días a la semana, todo el año, antes de los 12 años.
Esto produce lesiones por sobreuso como el síndrome de Osgood-Schlatter, burnout físico y mental, y en casos graves, fracturas por estrés. La regla que establece Salazar es clara: antes de los 12 años el deporte debe ser divertido, variado y sin dolor. ❓ ¿Cómo sabe un padre si su hijo está en el deporte por propia voluntad o por presión familiar?
El entrenador Galo Rodríguez describe una señal clara: el niño se aleja del grupo, muestra poco entusiasmo y no acata indicaciones. Refleja el deseo de no estar ahí.
El psicólogo deportivo Noam Dorfzaun explica que imponer una actividad debilita la motivación autónoma del niño y puede manifestarse como ansiedad competitiva y conductas de evitación. El límite entre motivar y presionar se cruza cuando el reconocimiento afectivo de los padres depende del rendimiento y no del esfuerzo.
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Información de El Comercio (Ecuador). Edición y redacción: Noticias Today.
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