"No era penal": mexicanos convierten el Países Bajos vs Suecia en un viaje al trauma del Mundial 2014

Hay fantasmas que aparecen de noche. Otros lo hacen cada cuatro años.
Y luego está el de Arjen Robben. Houston amaneció teñida de naranja.
Miles de aficionados de Países Bajos tomaron los alrededores del estadio para acompañar a su selección en el duelo frente a Suecia. Era una fiesta europea en pleno Texas.
Camisetas color mandarina, canciones en neerlandés, banderas ondeando bajo un sol capaz de derretir cualquier nostalgia. Pero la nostalgia mexicana es distinta.
No se derrite. Se conserva.
Por eso, entre la marea naranja apareció un sonido familiar. Primero fue una voz aislada.
Después dos. Luego una decena.
Finalmente una multitud. —¡No era penal! La frase rebotó entre las calles cercanas al estadio como si el calendario se hubiera detenido en el 29 de junio de 2014.
Han pasado doce años desde aquella tarde en Fortaleza cuando México estaba a unos minutos de eliminar a Países Bajos en los octavos de final del Mundial de Brasil. Han pasado 12 años desde que Arjen Robben cayó dentro del área luego de una jugada con Rafael Márquez.
Han pasado 12 años desde que Klaas-Jan Huntelaar convirtió el penal que eliminó al Tri. 4,374 días después, la herida sigue abierta. Lo que debía ser un partido entre neerlandeses y suecos terminó convirtiéndose en una reunión inesperada de mexicanos aferrados a una de las frases más famosas de la cultura futbolística nacional.
Había camisetas estampadas con el mensaje. Pancartas improvisadas con plumón negro.
Cartulinas levantadas para las cámaras de televisión. Incluso aficionados demasiado jóvenes para recordar aquel partido repetían la consigna con la naturalidad de quien aprende una leyenda familiar.
Porque “No era penal” ya dejó de ser una protesta. Es un idioma.
Una especie de contraseña que permite reconocerse entre mexicanos en cualquier rincón del planeta. Un grupo de seguidores caminaba por una de las avenidas cercanas al estadio cuando encontró un aliado inesperado: un policía encargado de coordinar el tránsito.
Los aficionados comenzaron a rodearlo entre risas y teléfonos celulares apuntando hacia él. —¡Dilo! ¡Dilo!
El oficial sonrió. Intentó resistirse durante algunos segundos.
Fue inútil. Tomó el megáfono.
Respiró. Y soltó las tres palabras que provocaron una explosión de carcajadas y aplausos. —¡No era penal!
Los aficionados celebraban como si hubieran anotado un gol. Algunos levantaban los brazos.
Otros grababan la escena para enviarla a familiares en México. El policía, convertido por un instante en protagonista involuntario de una vieja disputa futbolera, siguió dirigiendo el tráfico mientras la multitud continuaba cantando.
Ninguna otra selección tiene algo parecido. Argentina presume a Maradona y Messi.
Brasil vive entre cinco estrellas mundiales. Alemania recuerda sus conquistas.
México, en cambio, ha transformado una eliminación en un elemento de identidad colectiva. El tiempo suele borrar los partidos.
Los resultados se confunden. Los goleadores desaparecen de la memoria.
Pero ciertas jugadas sobreviven. La caída de Robben es una de ellas.
Por eso resultaba curioso observar a los aficionados neerlandeses caminar entre mexicanos que les sonreían antes de lanzar el inevitable comentario. —No era penal. Muchos respondían con una sonrisa cómplice.
Otros simplemente levantaban los hombros. Después de todo, ellos terminaron celebrando aquella tarde en Brasil.
La historia la escriben los vencedores. Los memes, los derrotados.
Y quizá ahí radica la razón por la que la frase sigue viva. Porque representa algo más profundo que una decisión arbitral.
Es una forma de explicar una de las tantas veces que México sintió que el destino le cerró la puerta justo cuando parecía haber encontrado la salida. Mientras Países Bajos y Suecia disputaban un partido del Mundial 2026 dentro del estadio, en las tribunas seguía jugándose otro encuentro.
Uno que inició hace 12 años. Uno que nunca terminó.
En Houston, la afición mexicana volvió a demostrar que podrá cambiar la sede, el torneo, la generación de futbolistas y hasta el país anfitrión. Pero hay una tradición que permanece intacta.
Cada vez que aparece el color naranja, alguien recuerda. Y entonces vuelve a escucharse el grito que se convirtió en patrimonio emocional del futbol mexicano: —¡No era penal!
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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