Hacía ocho meses que Pecco Bagnaia no se mostraba tan eficaz encima de la Ducati. Una moto que no hace tanto dominaba mejor que nadie y que se le empezó a atragantar cuando al otro lado del garaje apareció la figura de Marc Márquez, una máquina de triturar rivales y, especialmente, compañeros de equipo.

El tricampeón italiano y piloto más laureado de la fábrica de Bolonia se desgañitó de alegría este sábado, el puño en alto y la sonrisa bien ancha, con una victoria inapelable en la sprint del GP de la República Checa, donde superó a la Aprilia del japonés Ai Ogura, por primera vez poleman en MotoGP, y a la Desmosedici de su compañero de garaje y defensor de la corona.Seguir leyendo