El desperdicio alimentario es uno de los problemas que preocupan a nivel mundial, especialmente en los países más desarrollados. Por ello, organismos internacionales como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) o los gobiernos de distintos países trabajan para sensibilizar a los ciudadanos sobre los inconvenientes que ello genera y desarrollar políticas dirigidas a reducir este desperdicio.

En España existe la Ley 1/2025, de 1 de abril, de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, que busca prevenir y reducir por parte de todos los agentes de la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta los hogares.A nivel individual, aprender a distinguir qué alimentos están pasados y cuáles todavía se pueden consumir puede ayudar a evitar este desperdicio. Emma Beckett, profesora de Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Universidad Católica Australiana, ha desgranado en un artículo publicado en The Conversation cuáles son las cuatro señales clave a las que prestar atención para no desperdiciar tanta comida."No te arriesgues.

Es importante tener en cuenta que no podrás rescatar todos los alimentos, ya que podrían haberse vuelto inseguros para el consumo", indica Beckett. Por ello, recomienda a los consumidores que estén atentos a estos cuatro indicadores que pueden presentar los alimentos:Moho visibleBabaFugas de líquidoOlores fuertes o agrios"Si algún alimento presenta uno o más de estos signos, lo mejor es tirarlo", recomienda Beckett.

De lo contrario, ingerir un alimento en este estado podría llevar a una intoxicación alimentaria que "puede causar dolor de estómago, náuseas, vómitos y diarrea".Respecto a otro tipo de "características" físicas en algunos alimentos, como la presencia de arrugas, coloración marrón o sequedad, "suelen ser simplemente signos de antigüedad, no de deterioro", sostiene esta experta en Ciencia de los Alimentos.Esto es muy común en frutas como los plátanos o las manzanas, indica Beckett. "Los plátanos marrones o negros pueden tener un aspecto poco apetitoso, pero son perfectamente seguros para usar en un banana bread, tortitas o batidos".

Eso sí, recomienda "mantener los plátanos viejos alejados de los frescos, ya que los plátanos más oscuros producen gas etileno, que acelera la maduración de otras frutas".Respecto a las manzanas viejas, cuyo aspecto es más arrugado por la pérdida de agua, "son ideales para guisar, hornear o rallar". Del mismo modo, también se puede utilizar la ralladura de la cáscara seca de cítricos como limones o naranjas "en productos horneados y mermelada, y la pulpa en bebidas, aderezos y marinadas".En cuanto a las verduras, aquellas que estén blandas o arrugadas significa que han perdido humedad, "pero no necesariamente están en mal estado", por lo que se pueden "asar, hacer puré o triturarlas, y añadirlas a todo tipo de platos, desde sopas hasta currys".

Para rehidratar verduras de hoja verde como las espinacas o la col rizada, aconseja separar las hojas y sumergirlas en agua helada durante al menos 30 minutos.Hortalizas como las patatas, las zanahorias o la calabaza son más fáciles de limpiar si tienen una parte dañada o magullada. No obstante, advierte prestar atención "a cualquier coloración verde excesiva o brotes" en el caso de las patatas, "ya que contienen toxinas naturales que son perjudiciales si se consumen en grandes cantidades".El pan duro, si no tiene moho, se puede aprovechar "tostándolo o convirtiéndolo en picatostes o pan rallado".

En el caso de que tenga algo de moho, lo mejor es desecharlo, "ya que se propaga con mayor facilidad en alimentos porosos como el pan y los pasteles". Para evitar que el moho aparezca en poco tiempo, Beckett recomienda "guardar el pan en un lugar seco, como una panera, una bolsa de tela o de papel".El arroz o la pasta cocida que haya podido sobrar se puede reutilizar para "salteados o gratinados" hasta dos días después.

"Asegúrate de guardarlos rápidamente en el refrigerador y recalentarlos completamente, es decir, hasta que estén bien calientes o al menos a 60 °C", indica esta experta. Asimismo, aconseja desechar las sobras "que hayan estado a temperatura ambiente durante dos horas o más, ya que pueden contener bacterias que no se eliminan simplemente recalentándolas".Por último, en el caso de los productos lácteos, Beckett indica que lo más seguro es desechar aquellos que hayan caducado.

"Para evitar que se echen a perder prematuramente, usa solo utensilios limpios para servir los productos lácteos y guárdalos en la nevera inmediatamente". Si se trata de un queso blando que empieza a tener moho, "tira el bloque o la rueda entera", apunta la profesora, porque "las raíces del moho pueden penetrar profundamente en el queso".

En cambio, los quesos duros como el parmesano "no son tan propensos al moho, por lo que a menudo puedes cortar las partes mohosas con un margen generoso", asegura.