"La literatura transforma a quien entra en ella precisamente porque no es imparcial"

Entre el recuerdo y la convicción, los fundadores de la editorial Amor Vincit, que toma su nombre de Virgilio —“Omnia vincit Amor”, explicaron cómo el amor por los libros se convirtió en su manifiesto y en una forma de resistencia frente a un mercado que, cada vez más, mide la literatura en cifras.Imagen de una de las ediciones de Amor Vincint, una editorial independiente que apuesta por la literatura clásica.Amor Vincint,Entre libros y lecturas que iban de Rafael Pombo a El Quijote, pasando por enciclopedias, relatos bíblicos y literatura juvenil, nació Amor Vincit, una editorial fundada a partir de la memoria compartida de dos lectores, David Suárez y María Angélica Rodríguez, quienes con el tiempo convirtieron esa experiencia en una vocación. Su nombre, tomado de Virgilio —“Omnia vincit Amor”—, funciona como un manifiesto: el amor por los libros como fuerza que sostiene una práctica editorial consciente de su fragilidad económica, pero también de su sentido profundo.Le sugerimos leer: “El próximo presidente tendrá que tomar mucho de este proyecto cultural que no fue ley”Desde Bogotá, la editorial se ha consolidado como una apuesta por otra forma de leer y editar el mundo.
Su catálogo se organiza en dos colecciones: Atados en sueños, dedicada al universo onírico como territorio de lenguaje y memoria, y Atenea mestiza, que revisita los clásicos grecolatinos desde América Latina. En ambas, el libro aparece no como un objeto cerrado, sino como una pregunta abierta; una manera de resistir la aceleración del presente y volver a la contemplación.En ese recorrido, la literatura se entiende como una forma de transformar el mundo desde lo cotidiano.
La editorial enfrenta las tensiones propias del ecosistema independiente —tirajes pequeños, distribución incierta y visibilidad limitada—, pero insiste en su búsqueda, sostenida por hallazgos como la recuperación de la traductora cubana Laura Mestre Hevia y su versión de La Odisea. En esa edición se condensa su apuesta: rescatar voces, reactivar archivos y recordar que cada libro es una forma de permanencia en medio de la fragilidad.En entrevista para El Espectador, David Suárez y María Angélica Rodríguez hablaron sobre las motivaciones que los llevaron a crear una editorial, la importancia del libro y la literatura en la construcción del patrimonio cultural material e inmaterial, así como los desafíos que enfrenta una editorial independiente en Colombia, entre otros temas.¿Cuáles fueron esos impulsos e ideas que los llevaron a crear una editorial?El gusto por los libros nació en nosotros desde pequeños.
Por mi lado, recuerdo todavía con mucho gusto caminar por los pasillos de la biblioteca de mi jardín, con su tapete rojo sobre el que se alzaban personajes ilustrados de Rafael Pombo. Tenía una biblioteca en mi cuarto con obras como La biblia de los niños y enciclopedias como El mundo de los niños o El libro gordo de Petete.
También me encantaban los libros del colegio, como Yo y mi hermana Clara, de Dimitir Inkiow, y La vendedora de claveles, de Andrés Elías Flórez Brum.Los recuerdos de David son más literarios. A los cuatro años ya le leían Mi libro de historias bíblicas, que le causaba curiosidad por sus diferencias con la historia tradicional de la estrella de Belén.
También recuerda con emoción la serie Escalofríos, de R. L.
Stine, por sus temas de terror; Franz se mete en problemas de amor, de Christine Nöstlinger, y El Quijote. Desde entonces pasaron casi 25 años hasta que nos encontramos y, luego de compartir lecturas y ver cómo crecían nuestras bibliotecas personales, decidimos iniciar la exigente empresa de hacer libros que honren las obras que publicamos.¿De dónde nace el nombre de Amor Vincit?Primero nació el símbolo: un barquito frágil, pero firme, sobre las olas de un mar encrespado.
Luego, David, quien en ese momento exploraba los clásicos griegos y romanos, encontró el nombre en el poeta latino Virgilio. Específicamente, en la égloga X de sus Bucólicas: “Omnia vincit Amor; et nos cedamus Amori”.
En español significa: “El Amor lo vence todo: rindámonos al Amor”, de donde surgió nuestro eslogan: “Amamos los libros y nos rendimos ante ellos”.¿Cómo se da el proceso de encontrar un libro para hacer parte de su catálogo?Es una tarea diaria de contemplación, de observar cómo los sujetos se relacionan con los objetos. El rol de editora te habita todo el tiempo, incluso en los sueños, determinando tus decisiones e impulsándote a escenarios y conversaciones desconocidas.
Las lecturas previas de los editores dirigen la forma de relacionarse con el mundo y motivan a refinar el criterio editorial.En la actualidad, construimos el catálogo a través de dos colecciones. La primera, Atados en sueños, que se enfoca en el sueño onírico y el misterio que representa para el lenguaje humano.
Aquí publicamos Antes del mediodía. Memoria del sueño, de Soleida Ríos, una antología de 143 sueños de 93 personas cubanas, y Después de la noche.
Sueños escogidos, de Vatosug Llanos, basado en sueños ocurridos en Bogotá. Pronto presentaremos una traducción de Jaime Velásquez sobre una obra francesa que el mismo Freud lamentó no haber encontrado.Y la segunda colección, llamada Atenea mestiza, se centra en la recepción de los clásicos grecorromanos en América Latina.
Incluye traducciones directas del griego antiguo al español de La Odisea (Homero) y las Apologías de Sócrates (Jenofonte y Platón), realizadas por Laura Mestre Hevia a finales del siglo XIX. Pronto sumaremos La Ilíada en la misma traducción y una sorpresa de un autor local.
A este proceso se suma siempre un factor fundamental: la suerte.¿Qué tipo de libros consideran que hacen falta hoy en día y les gustaría publicar?Nos preguntamos qué discusiones falta motivar y qué espacios es necesario abrir. Nadie elige el mundo que le toca vivir, pero cada uno hace lo que puede con lo que le apasiona.
Los libros que hacen falta en estos tiempos inciertos son aquellos que intentan esbozar respuestas a esas preguntas profundas. Nuestro catálogo es una reacción a una sociedad que valora poco el descanso y el sueño, y una invitación a volver a los clásicos desde una mirada americana, más nuestra.¿Qué significa para ustedes “el amor lo vence todo” dentro de una editorial?Significa lidiar con el “secreto a voces” de que los libros no son un buen negocio.
Es el amor por los libros lo que vence el deseo de tener casa propia antes que un catálogo. Es la convicción en la riqueza de las obras que editamos y la tarea de conectarlas con sus lectores.Al ser una editorial que nace en Bogotá, ¿qué significa editar desde la capital?
No solo como lugar geográfico, también me refiero a la sensibilidad, al ritmo y al contexto…Bogotá es un crisol de expresiones culturales que determinan nuestra manera de pensar. Es una ciudad de museos, galerías, cine, conciertos, fanzines y grafiti, promovidos tanto por instituciones como por comunidades urbanas y rurales.
Esta abundancia conforma la personalidad que transferimos a nuestra marca. No obstante, también es un reto, pues se observa que no hay una correlación entre la oferta y la demanda editorial, y debemos entender que Bogotá no es el país entero.“Habitar el mundo” es una idea que atraviesa su proyecto.
¿Cómo creen que la literatura puede transformar esa manera de estar en él?La literatura no es neutral ni apolítica; toma posición y abre espacios. Los libros guardan la autoridad y “las formas” en un estante, pero, al abrirlos, gritan, se revelan y desafían.
La literatura transforma a quien entra en ella precisamente porque no es imparcial.Lo vemos con nuestros sobrinos; para ellos, el juego es un asunto serio. Cuando preguntan si existen las sirenas, les mostramos que están en los libros.
Entonces se transforman en piratas o guerreros que buscan tesoros en la biblioteca. Esas relaciones offline cobran un sentido más real frente al encanto de los videos de corta duración y el contenido superficial.¿Cuál es el papel de la literatura —y del libro— en la construcción del patrimonio cultural material e inmaterial?Sócrates defendía la memoria frente a la amenaza de la escritura, pero hoy conocemos su pensamiento gracias a la “desobediencia” de sus discípulos, Platón y Jenofonte, quienes registraron sus defensas.
La literatura es una necesidad humana para lidiar con la fragilidad del ser y con la curiosidad.Nuestra lucha es que obras como las de Laura Mestre conformen el patrimonio cultural latinoamericano y ampliar el conocimiento sobre su pensamiento. Buscamos esos tesoros compitiendo contra factores que amenazan este acervo, como la humedad, las plagas o la guerra.¿Cómo ha sido entrar al mundo editorial y cómo compiten las editoriales independientes frente a las grandes que acaparan el mercado?Ha sido difícil.
Entras en la paradoja de que, sin catálogo, nadie te presta atención, por lo que debes calcular un tiraje a ciegas para ver si encuentras distribución; si no, el camino se inicia en soledad. Nosotros arrancamos con un tiraje de 300 ejemplares gracias al Colectivo Huracán.Hablar de competencia es complicado porque las escalas son muy diferentes.
Cada libro es un objeto único, pero el problema es la visibilidad y el músculo financiero. Mientras las grandes editoriales tienen acceso a noticieros y autores famosos, una editorial independiente está repartiendo libros ella misma, publicando en Instagram e inventando clubes de lectura para pocas personas.Como sugiere André Schiffrin en El control de la palabra, muchas grandes editoriales pertenecen a multinacionales cuyo interés principal no son los libros, sino las comunicaciones o incluso la guerra.Hablemos de la importancia del proceso y de cómo fue encontrar y conocer a la traductora de La Odisea.
¿Qué significa que ahora se traduzca esta obra desde una visión femenina?El proceso fue una mezcla de investigación y suerte. En 2019, David buscaba quién había traducido al poeta Píndaro y encontró el nombre de una mujer cubana: Laura Mestre Hevia.
En 2022, en la FIL Guadalajara, contactamos a la Agencia Literaria Latinoamericana (ALL) para localizar sus archivos. En 2024 recibimos la noticia de que los habían encontrado.Viajamos a La Habana, conocimos el Instituto de Literatura y Lingüística y conversamos con expertas como la doctora Elina Miranda.
Al editar a Laura Mestre, se percibe una visión femenina que se materializa en una Odisea de prosa clara y elegante. Ella buscaba transmitir lo que percibía como “la fragancia del amanecer del mundo” y, al parecer, lo logró.
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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