Desde que tiene memoria, Luisana Calderón tiene una fascinación por contemplar el mundo que, como todo sentimiento genuino, no puede explicarse en todas sus dimensiones solo con palabras. Lucía podía decir que el atardecer le encantaba, pero sabía que ni poniendo a jugar a todos los adjetivos del mundo, lograría pintar todos los cromatismos entre azul y naranja que le colmaban las retinas cada vez que el sol se acostaba en las montañas.

En el fondo, cuando lo bello la atravesaba y ese “no sé qué” le recorría todo el cuerpo como un hormigueo, lo que deseaba era que los demás estuvieran detrás de los cristales de sus anteojos. “Es como una pasión tan mágica que sentía. Yo era y soy feliz al ver los paisajes, las personas, los atardeceres...”, explica sonriente Calderón, de 21 años.Fue así que dio con la fotografía y descubrió que con esta lo efímero ya no solo pasaba acariciándola como la brisa, sino que era posible atrapar la magia que viaja por el tiempo; eternizar un instante y a través de eso expresar sus emociones.

Al principio era un pasatiempo, pero su viaje lleva ya varios años, y ahora Luisana ya es una fotógrafa que se abre caminos. Recientemente, la artista se convirtió en la primera costarricense con síndrome de Down en inaugurar una exposición en Madrid, España.

Este 19 de junio cumplió uno de sus grandes sueños a nivel personal y profesional, al presentar una muestra de sus obras fotográficas que incluyen imágenes tomadas en Costa Rica, Estados Unidos, España e Inglaterra. Antes del emocionante evento, Calderón conversó con La Nación y desde suelo ibérico habló sobre su historia.Luisana Calderón y su camino en la fotografíaLuisana es la menor de dos hermanas que se criaron en San José, en el seno de una familia muy unida.

Durante sus primeros años, asegura, se la pasó jugando voleibol, un deporte que ya no practica, pero que todavía sigue siendo su favorito.Según recuerda, su vínculo con la fotografía empezó de adolescente, cuando vio una cámara en su casa y no pudo evitar ‘travesearla’.“Mi mamá llevaba un curso de fotografía. Yo le robaba su cámara y me gustaba tomar fotos y todo.

Ya después, como vieron que a mí me gustaba la fotografía, me dieron una cámara especial para mí y así fue que empecé”, rememoró con cariño.Rápidamente, entendió que era su vocación y, luego de graduarse del colegio, se matriculó en un técnico universitario en fotografía. Hoy, en su memoria, siguen intactas las imágenes de ese día en que se aventuró a dar el primer paso para ser una profesional.“Fui con mi mejor amiga María a la U.

Fuimos en carro, escuchábamos música y ahí me recibieron en la carrera de fotografía. No pensé que la U fuera tan grande y eso fue algo que realmente me llenó de emociones”, revivió la artista, como si estuviera viviendo ese día de nuevo.El resto fue ponerse a merced de los profesores y, por supuesto, asumir con humildad que tenía mucho que aprender.

Aunque vivió esa etapa entusiasmada, no esconde que también afrontó retos.“Algunas cosas me han sido fáciles y otras difíciles, sobre todo el cómo usar las configuraciones de la cámara. Yo no sabía usar los settings que me decían (risas), el flash y todo eso.

Sí, era difícil, hasta que ya por dicha lo pude dominar", explicó.Asimismo, no solo aprendió de composición, encuadres, el uso de la luz y los apartados técnicos. Luisana halló en su formación el arte de la paciencia; construyó un marco teórico en el que lo impredecible es apreciado.“Cuando yo me frustro porque aprendo cosas nuevas, es porque a veces quiero hacer las cosas perfectas.

Pero si no sale perfecto, solo sigo tomando fotos. Yo sé que me esforcé y que las cosas no son perfectas..., y así pienso que solo quiero seguir tomando más y más fotos”, aseveró.Y tal cual lo describe, es como ha vivido estos cuatro años, pues no se conformó con las aulas, y aprovechó cada ocasión para llevar su cámara y seguir su pasión.“A mí me apasionó el tomar los atardeceres, pero también personas, niños, eventos.

Cuando voy a eventos, siempre me gusta tomarle fotos a la gente, estar en silencio, porque es mi paz. Y hay ocasiones que soy capaz de hacerlo bien”, afirmó.En todo este tiempo, se ha llenado de herramientas y ha pulido sus capacidades para expresarse a través de su arte, lo cual ya le ha abierto grandes puertas.

Una de estas fue convertirse en la primera tica en producir las fotos de una campaña publicitaria.Calderón narra que, a inicios de este año, no dudó ni medio segundo cuando recibió la llamada de Dos Pinos para contratar sus servicios. Luego, al ver su trabajo en la publicidad del Dúo Pack, recordó lo caminado y, desbordada de alegría, soltó el llanto: “Lloré de emoción y me sentí como famosa (risa)... la verdad es que me encantó”.Madrid, estación de calor y sueñosEl hito de la campaña publicitaria, más que una meta, la artista tica lo tomó solo como un peldaño.

Fue entonces que Luisana, quien también es una amante de los viajes, le expresó a su familia que quería mudarse a España para continuar sus estudios.“Les dije a mis papás que quería viajar y vivir acá en España porque tenía ese sueño. Vine con mi amiga y estoy muy feliz.

Aprendo mucho y asimismo me encanta el calor de acá”, explicó. “Tuve el apoyo de toda mi familia. Mi hermana mayor, que trabaja en Miami, también me apoya, siempre está ahí para mí.

Ahora que vine a España me expresó: ‘Vamos, tú puedes, puedes sola, eres valiente, te apoyamos’”, agregó. A pesar de que sintió cierta tristeza de estar lejos de sus papás, muy seguidamente habla con ellos por videollamada y reconoce que no se cambia por nadie.

Este reto que inició en abril y concluirá con su regreso a suelo tico en julio, la llevó hasta su sueño y también fortaleció su autonomía.“Vivo con mi amiga desde hace dos meses. Aquí organizo mi cuarto, lavo mi ropa y hago muchas cosas”, explicó sobre sus responsabilidades cotidianas, que, agradece, la han hecho más independiente.En España, la tica también logró profundizar su conocimiento con las fotógrafas y docentes Gianna Semiglia y Aisha.

Ambas destacan la sensibilidad artística de Calderón y la calidad que tiene su exposición.“Será una exposición llena de luz y de vida, porque así es como ella ve el mundo. El arte conecta desde un lugar muy humano.

Cuando uno observa las fotografías de Luisana puede sentir la emoción que pone en cada imagen”, aseveró Semiglia.Días antes de presentar su exposición, la costarricense confesó que prefería no hacerse demasiados escenarios que la llenaran de ansiedad; únicamente, imaginó que estaría nerviosa y que cuando los presentes la aplaudieran, la emoción la dominaría.Y así como lo adelantó, este jueves 18 de junio, en Madrid, con una copa de vino en la mano, dejó que las palabras fluyeran sin un discurso preparado. Al final, como aprendió hace muchos años ante la magia de un atardecer, las fotografías hablarían mucho mejor por ella.Ahora, pasadas las horas, seguirá soñando.

Los aplausos en el extranjero es probable que no los olvide, pero tampoco le quitarán la mirada del horizonte, donde encuadradas están la galería que añora abrir algún día y las fotos que le quedan por tomar.En primerísimo primer plano estará también la ilusión de replicar su exposición en Costa Rica y que, también en su patria, puedan experimentar la magia de su arte, como si estuvieran detrás de sus lentes...