El acuerdo entre Trump e Irán: una capitulación a cambio de un alivio económico incierto

El escenario fue Versalles, donde hace 107 años se firmaba una de las capitulaciones más funestas de la historia. Allí Trump rubricó el memorándum de Islamabad, que puso fin a una guerra de 107 días.
Los 14 puntos acordados después de una victoria militar aplastante de Estados Unidos —si se considera el daño causado— se parecen mucho a una capitulación. El éxito no se mide por los blancos alcanzados, sino por la posición estratégica final.
En ese plano, Irán quedó fortalecido. Como en 1919, es probable que eso cree las condiciones para una nueva guerra.Trump empezó esta excursión —así la llamó— con un objetivo de máxima: un cambio de régimen o, al menos, una domesticación del régimen, embalado por el éxito obtenido en Venezuela.
Apostó a una decapitación, eliminando al líder supremo y a la plana mayor de la Guardia Revolucionaria. El objetivo de mínima, más cercano a lo que recomendaba el Pentágono, era neutralizar las capacidades nucleares, misilísticas y marítimas de Irán y cortar el financiamiento de sus grupos terroristas.
Eran los cuatro objetivos de Marco Rubio.Pero sucedió casi todo lo contrario. El régimen no sólo sigue en pie, sino más radicalizado: la Guardia Revolucionaria ganó poder frente al clero y frente a los civiles pragmáticos.
Mojtaba Jamenei es más radical que su padre y está mucho más atado a la Guardia, de la que fue parte antes de que Ali Jamenei llegara a líder supremo. En cuanto a las otras metas, la única cumplida por completo fue la destrucción de la Armada iraní, reducida a cenizas, aunque era la menor amenaza.
El programa misilístico fue golpeado, pero las estimaciones más razonables hablan de una destrucción de entre 40% y 80%, buena parte ya en recomposición en los 70 días de alto el fuego. Respecto del financiamiento del terrorismo, Irán consiguió que el memorándum exija terminar la guerra en Líbano y que Israel se retire del sur libanés, lo que supone rescatar a Hezbollah, su principal brazo terrorista.A eso se suma lo más importante: el estrecho de Ormuz no era un problema cuando empezó todo.
Pero Irán logró convertirlo en lo más importante al volverlo intransitable y obligó a Trump a admitir que reabrirlo por la fuerza requería una operación demasiado compleja y costosa. Seguir atacando no liberaba el estrecho y agravaba el costo económico de un conflicto que ya pulverizaba su aprobación a cinco meses de las elecciones de medio término.RendiciónA cambio de reabrir Ormuz y prometer de palabra no buscar un arma nuclear —sin renunciar al enriquecimiento de uranio de bajo nivel—, Irán obtuvo concesiones enormes: fin de la ofensiva israelí sobre Hezbollah, el compromiso de no interferencia interna, un plan de al menos US$300.000 millones para reconstrucción y desarrollo, el levantamiento de sanciones, exenciones para exportar crudo y derivados, liberación de fondos congelados y hasta la puerta abierta para cobrar por Ormuz cuando venza el plazo de 60 días para negociar un acuerdo nuclear definitivo.
En otras palabras: una montaña de recursos para seguir financiando la maquinaria que amenaza al mundo desde hace medio siglo.La capitulación llega a cambio de un alivio económico inmediato. La noticia hizo caer el Brent por debajo de los u$s80, apenas algo más de u$s10 por encima del nivel previo a la guerra.
El galón de gasolina en Estados Unidos, que había llegado a u$s4,50, bajó a u$s3,99. Para Trump es un dato crucial: los antecedentes muestran que cuando el galón se mantiene por encima de u$s4 en tiempos electorales, el partido del presidente suele perder.Pero sería ingenuo creer que todo vuelve a la normalidad.
Nada volverá a ser igual en el Golfo. Hasta el 28 de febrero, la capacidad iraní de cerrar el estrecho era una hipótesis extrema.
Hoy es una certeza. A principios de febrero, el seguro bélico para un tanquero rondaba 0,25% del valor del buque.
Luego trepó a 3%. En un barco de US$200 o US$300 millones, eso implica pasar de US$625.000 a alrededor de US$7,5 millones por cobertura.
Difícil imaginar que el mercado vuelva al 0,25%. A eso habrá que sumar lo que Irán decida cobrar por “proteger” el paso.Eso mantendrá más altos el petróleo, sus derivados y otros insumos estratégicos que llegan del Golfo, como los fertilizantes.
Y eso presionará sobre alimentos y costos globales. El acuerdo trae alivio, sí, pero no total.Escenario argentinoPara nuestro país el cuadro mezcla oportunidades y riesgos.
La principal oportunidad viene de Vaca Muerta. En un mundo que busca crudo lejos de cuellos geopolíticos, el país gana valor como proveedor atlántico seguro.
Si el Brent queda en torno a u$s75-80 y no en u$s60-70, mejora la rentabilidad exportadora y refuerza una proyección de superávit energético de entre u$s8.500 y u$s10.000 millones en 2026. Si el riesgo en Oriente Medio se vuelve estructural, esa ventaja también puede volverse estructural.Pero los riesgos siguen ahí.
La Argentina todavía necesita importar GNL en picos de demanda invernal y el mercado viene tensionado por los daños en el yacimiento qatarí de Ras Laffan, el más importante del mundo, y por la disrupción en el Golfo. Aunque Ormuz reabra, si seguros y fletes siguen caros, el alivio no será completo.
Y hay un frente sensible para el agro: los fertilizantes. El país importa cerca de 50% de los que consume y más de 60% de la urea granulada importada en 2025 vino de la región afectada.Queda un peligro adicional.
La guerra consolidó el avance de la Guardia Revolucionaria sobre el resto del sistema iraní. Ahmad Vahidi, el hombre que quedó al mando, tiene pedido de captura internacional por su papel central en la planificación del atentado contra la AMIA en 1994.
Su fortalecimiento no es un problema abstracto. Es una amenaza concreta de seguridad nacional.
Información de El Cronista. Edición y redacción: Noticias Today.
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