Hay un amigo en mí y se está haciendo mayor: 'Toy Story 5', todos los secretos detrás del regreso de Woody y Buzz Lightyear

Si tú me dices Pixar, yo te digo “Frozono”. Te digo “¡Abominable!
¿Os lo podéis creer? ¿Por qué nadie me llama el “adorable” hombre de las nieves, o el “amigable” hombre de las nieves?”.
Recuerdo cada película vista con mis hermanos pequeños, con mis amigos. Y cuando rebusco entre toda esa información, persiguiendo la pregunta exacta que hacerle a Andrew Stanton, director de Buscando a Nemo, Wall-E y ahora, Toy Story 5, me doy cuenta de lo evidente: no soy el único.
Todos tenemos una relación con la filmografía de este estudio de animación. Así que lo lógico sería empezar preguntándole a Andrew Stanton, de los millones de testimonios que habrá oído a lo largo de su vida, ¿qué relación con sus películas es la que más le ha impactado? “Las más emocionantes son las de gente que ha “seguido adelante diciendo ‘sigue nadando”, asegura el director, haciendo referencia a Dory, el olvidadizo cirujano azul de Buscando a Nemo. “He oído historias así de enfermos de cáncer, incluso de unas niñas que estuvieron a punto de ahogarse en un lago.
Se escapa a mi compresión, conectar con alguien a través del cine, alguien que no conozco en absoluto”. Estaba claro que por muy buenas anécdotas que trajese, no tenía nada que hacer contra lo del lago.
Pero Stanton es encantador, como lo es McKenna Harris, codirectora de Toy Story 5, junto a él en la entrevista, y responden con cariño a todas mis preguntas, como “¿Es Bichos una película comunista?”. Me dicen que probablemente sí.
Estoy a las afueras de San Francisco, en Emeryville, en los estudios de Pixar, uno de los lugares más creativos del planeta, por sus resultados y sus métodos –sus oficinas cuentan con piscina, cancha de tenis, amplios espacios verdes y toda la parafernalia made in Silicon Valley que uno pueda imaginar–. Me encuentro a medio camino entre el jet lag y la emoción más absoluta, entre la profesionalidad y el descaro de un niño.Se estrena una nueva película de caro Toy Story.
Tarantino ya ha dicho que no hacía falta pasar de la tercera entrega, que las tres primeras eran perfectas, que por qué la cuarta y que bla bla bla, pero Tarantino últimamente está pesadísimo, así que ni caso. Toca encender el mente flexo y disfrutar.Modernidad mala y modernidad buenaA John Lasseter le despidieron (la primera vez) por ir de moderno.
Iba por Disney, donde trabajaba en los 80, empeñado en que tenían que hacer una película por ordenador. Pero cuando propuso desarrollar La tostadora valiente, un directivo del estudio le detuvo. “¿Cuánto nos costaría?”. “Aproximadamente lo mismo que cualquier película de animación tradicional”.
El directivo se levantó enfurecido. “Únicamente lo haríamos si fuese más barato o más rápido”. Cinco minutos después, Lasseter estaba en la calle.
Le habían hecho un favor: poco después, fundaría Pixar y Disney lo volvería a contratar como directivo.Curiosamente, pese a que Pixar naciese siendo señalada como el enemigo, pese a que sus detractores viesen un cataclismo en su modernidad y en la tecnología que proponía, las últimas décadas de este estudio han sido a su vez muy críticas con la deriva del desarrollo tecnológico mundial. Si en Toy Story 2 los juguetes pasaban el tiempo con un videojuego, ahora se enfrentan a Lilypad (a la que pone voz la actriz Greta Lee), una tablet infantil, de estas que tienen una funda de colores, para empezar a educar a los niños en el mundo de las pantallas.
Pero, ¿qué ha cambiado? ¿La tecnología era antes nuestra amiga y ahora nuestra enemiga? “Yo lo llevo avisando desde Wall-E”, responde Stanton. “Cuando el iPhone se inventó, ya quisimos explicar lo mucho que distraía y aislaba a los niños pequeños.
Es algo que, desde la pandemia, cada vez afecta a los más jóvenes”. “Creo que la diferencia entre Toy Story 2 y hoy –completa Harris– es que se han eliminado por completo los límites. La tecnología se está desarrollando para eliminar por completo cualquier barrera, ahora mismo es capaz de hacerlo todo, y es terrorífico”.Para quedarse a vivirSigo deambulando por los estudios de Pixar, completamente hipnotizado.
Bob Pauley nos enseña a dibujar a Buzz Lightyear (y me felicita por mi garabato cochambroso); Thomas Jordan, responsable de efectos especiales en Toy Story 5, nos explica cómo ha evolucionado la tecnología y cómo Pixar la emplea en su beneficio, pero no en detrimento de la creatividad (por ejemplo, han desarrollado una herramienta que permite iluminar varios planos a la vez: hasta ahora tenían que ir uno por uno, coordinando e intuyendo las fuentes de luz según referencias previas); Brett Parker muestra las fases del desarrollo de un plano de la película e incluso McKenna Harris nos dirige, mientras jugamos a poner voz al mismísimo Woody. La visita termina en el archivo.
Una sala inmensa de paredes móviles en la que se encuentran todos los originales de las películas de Pixar (todos los que no están en un museo). Dibujos a mano en trozos de papel, bocetos maravillosos en los que Buzz llevaba un traje rojo o en los que Smarty Pants, un personaje de esta nueva película al que pone voz Conan O’Brien (un robot que ayuda a los niños a ir al baño), tenía todavía el pelo del presentador de late nights.
Y luego de ver todas esas obras de arte, cada esbozo que terminaría convertido en una idea mágica, me voy feliz, pensando que hay un lugar en el mundo preocupado por salvaguardar nuestra inocencia y esforzándose en que no perdamos la ilusión por lo real. Ah, ¿y he dicho ya que el wifi de Pixar se llama Pizza Planet?
Genios...
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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