El espacio ya no está habitado únicamente por planetas, asteroides, satélites y estrellas. En los últimos años, miles de satélites de comunicaciones han empezado a ocupar la órbita baja terrestre con el objetivo de ofrecer acceso a Internet desde cualquier punto del planeta, incluso en las regiones más remotas.Entre ellos destacan los de Starlink, la compañía de Elon Musk, cuya constelación está transformando tanto la forma en que nos conectamos como el propio aspecto del firmamento, debido a que su creciente presencia en el espacio ya está afectando a las observaciones astronómicas y preocupa a la comunidad científica.

No obstante, los satélites de Starlink no son el único desafío, puesto que China planea desplegar más de 200.000 satélites con el fin de garantizar conexión a Internet a toda su población, siendo una iniciativa que podría intensificar aún más el impacto de las megaconstelaciones sobre la investigación espacial.Y es que todavía no somos plenamente conscientes del alcance de este fenómeno. Un estudio reciente basado en las primeras observaciones del telescopio espacial SPHEREx ha confirmado que la contaminación provocada por las estelas de satélites ya aparece en más del 73% de las imágenes captadas por el observatorio, una cifra que valida las previsiones más pesimistas realizadas por los astrónomos.Ante esta situación, los investigadores advierten de que, si continúan materializándose los planes actuales del despliegue de más satélites hasta el 96% de las observaciones de algunos telescopios espaciales podrían verse afectadas.

Por lo tanto, este escenario no solo dificultaría el estudio del Universo, sino que también podría comprometer futuros descubrimientos cuyos efectos todavía son imposibles de cuantificar. Por otro lado, cabe mencionar que el estudio compartido por la Universidad de Cornell (Estados Unidos) revela que "el número de satélites artificiales en órbita baja terrestre ha aumentado de exponencialmente desde 2019", por lo que "su brillante emisión en longitudes de onda ópticas, infrarrojas y de radio contamina las observaciones astronómicas, degradando el valor científico de los datos".¿Se puede evitar esta situación?Ante este escenario, los investigadores del estudio reconocen que no existe una solución definitiva.

Una de las principales medidas pasa por desarrollar algoritmos capaces de identificar y eliminar automáticamente las estelas dejadas por los satélites en las imágenes, así como mejorar las técnicas de procesamiento para minimizar la pérdida de información científica.El estudio también señala que reducir el brillo de los satélites mediante viseras o recubrimientos menos reflectantes puede ayudar a mitigar el problema, aunque advierte de que estas medidas podrían resultar insuficientes ante el creciente tamaño y número de las futuras constelaciones. Asimismo, la coordinación entre operadores y observatorios para planificar las observaciones en función de las trayectorias orbitales solo ofrecería una solución parcial.Por ello, los autores sostienen que las herramientas de mitigación por sí solas no bastarán y defienden la necesidad de impulsar acuerdos internacionales que limiten el impacto de las megaconstelaciones sobre la investigación astronómica.

De lo contrario, advierten, una parte de la información científica perdida será irrecuperable y podría comprometer descubrimientos que aún están por llegar.