Las políticas de acceso a la vivienda pueden mejorar tu salud y tu código genético

Cuando hablamos de salud individual o colectiva, a menudo pensamos en hospitales, centros de salud, fármacos, pruebas diagnósticas o estilos de vida individuales. Todos y todas somos conscientes, claro está, de la importancia de nuestro sistema sanitario, la protección que nos ofrece tener un buen sistema sanitario público y universal y los riesgos cuando las estructuras sanitarias y de cuidados no funcionan adecuadamente.No obstante, la evidencia acumulada durante muchos años demuestra que las condiciones en las que nacemos, crecemos, nos educamos, trabajamos, nos relacionamos y envejecemos tienen un impacto medible sobre la salud, la enfermedad o la esperanza de vida.
Mencionaremos solamente algunos ejemplos: la soledad no deseada y el aislamiento social se asocian con un riesgo de muerte prematura comparable al de fumar hasta 15 cigarrillos al día (Informe U.S Surgeon General de 2023); enunciándolo de forma positiva: las personas con redes sociales fuertes (redes de las de verdad) tienen un 50% más de probabilidad de supervivencia que quienes cuentan con vínculos débiles (Holt-Lunstad, 2010). La educación también protege: cada año adicional de escolarización se asocia con una reducción media del 1,9% en el riesgo de mortalidad adulta (Lancet Public Health, 2024).
El desempleo se ha relacionado con un 63% de mayor riesgo de mortalidad para todas las causas y la desigualdad económica se traduce en que la vida dura diferente para unos y para otros (Roelfs et al, 2012): entre el 1% más rico y el 1% más pobre de Estados Unidos se han observado diferencias de esperanza de vida de 14,6 años en hombres y 10,1 en mujeres (Chetty et al, 2016), y hay estudios con diferencias similares para regiones europeas y ciudades españolas (Office por National Statistics, 2024; Proyecto Medea3).La vivienda es hoy el principal problema para la ciudadanía española; no solo encabeza la lista de preocupaciones, sino que aparece también con fuerza cuando se pregunta por el segundo y el tercer problema del país. No es una hipérbole; son los datos del Barómetro de abril de 2026 del CIS.La vivienda no determina la salud de las personas únicamente por sus condiciones materiales (humedad, pobreza energética, ruido o contaminación interior), sino también por algo más profundo: la seguridad o la incertidumbre de tener un lugar donde vivir.
Bhat et al. publicaron una revisión en el año 2025 donde definen la inseguridad residencial (habitacional) como un estresor crónico que amenaza tanto el espacio físico como la seguridad vital de las personas y definen varias dimensiones: (1) la estabilidad: riesgo de desahucio, mudanzas forzadas o pérdida del hogar; (2) la asequibilidad: dedicar una parte excesiva de los ingresos al alquiler o la hipoteca; (3) la calidad de la vivienda: las condiciones materiales antes mencionadas; (4) la seguridad: la protección del barrio y los vínculos que generan cohesión social y (5) la pérdida absoluta de un espacio en los casos de sinhogarismo.Las situaciones de incertidumbre sostenidas no funcionan como un mero hecho administrativo o burocrático: obligan a vivir bajo alerta permanente, con miedo a no poder pagar el alquiler, a retrasarse en la hipoteca, a recibir una orden de desahucio o a tener que elegir entre vivienda, alimentación, calefacción o cuidados. El modelo propuesto por Bhat et al. explica que la exposición continuada a situaciones de incertidumbre en materia de vivienda activa respuestas fisiológicas de estrés (eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, cortisol, inflamación y carga alostática) y, a través de ellas, deja huellas biológicas profundas en nuestra regulación epigenética.
Las letras de nuestro código genético componen, en parte, los párrafos con los que se escribe nuestra biología, pero aún hace falta que ese texto se lea, se exprese y se interprete. La epigenética es la disciplina científica que estudia esa expresión, y se ocupa de los elementos que, al igual que una coma o un punto pueden modificar el sentido de un párrafo, modifican el funcionamiento de nuestro ADN, aún sin llegar a alterar su secuencia.
Esa "puntuación biológica" se produce mediante distintos mecanismos epigenéticos, tales como la metilación del ADN, de manera que una misma secuencia genética puede expresarse de manera diferente según las marcas epigenéticas que la acompañen.Así, podemos comprender que, en términos epigenéticos, el estrés por la precariedad en la vivienda o la inseguridad habitacional pueden influir en la metilación del ADN y producir cambios en la modulación de la expresión de genes relacionados con la inflamación, la respuesta inmune, el envejecimiento celular y el riesgo de enfermedad. Parafraseando aquella frase que ya divulgamos en 2012, la vivienda puede modificar tu código genético.
¿Hacen falta más motivos para afirmar, de un modo absolutamente literal, que las viviendas son para vivir y que, por tanto, el objetivo prioritario de las políticas públicas debe ser impedir que se conviertan en un producto financiero? Para lograrlo, resulta imperativo prohibir la inversión especulativa en vivienda, vetando las operaciones de compra para revender en el corto plazo o para hacer negocio con pisos turísticos, así como gravar la concentración de la propiedad en pocas manos.
También implica poner los alquileres en relación con los salarios reales del país, mediante topes de precio o, al menos, reservando las deducciones fiscales en el IRPF a quienes ofrezcan alquileres asequibles. A la vez, debe garantizarse estabilidad habitacional con contratos de alquiler indefinidos o de larga duración, prórrogas efectivas, límites a las subidas y una causalidad real en los alquileres de temporada, para evitar que esta figura se utilice como vía de expulsión vecinal o de sustitución por usos turísticos y temporales.Junto a ello, es necesario movilizar todos los recursos disponibles para ampliar el acceso a una vivienda digna.
Las viviendas vacías en zonas tensionadas deben soportar una fiscalidad severa, los bancos no deben poder mantener viviendas en sus balances durante más de dos años y las administraciones públicas deben ejercer el derecho de tanteo y retracto en operaciones entre bancos y fondos. España necesita crear un gran parque público de vivienda no descalificable para alquiler asequible, movilizando vivienda vacía, transformando pisos turísticos en alquiler permanente y construyendo en suelo público, con dinero público y mediante inmobiliarias públicas.
Asimismo, debe penalizarse fiscalmente la retención de suelos urbanizables sin construir, elevar al 40% la reserva de vivienda protegida en la nueva edificación residencial y sustituir índices hipotecarios como el Euríbor y el IRPH por referencias transparentes con un mercado real detrás, resolviendo también los problemas asociados a hipotecas Redal, IRPH y multidivisa.Frente a la crisis de la vivienda, hay soluciones, y urge ponerlas en marcha. Si bien es cierto que la inseguridad residencial puede activar estrés crónico, alterar respuestas neuroendocrinas y dejar marcas epigenéticas que aumenten el riesgo de enfermedad, no lo es menos que podemos revertir el deterioro si actuamos sobre su causa.
Y el tratamiento, como hemos visto, no son fármacos: son políticas públicas. Por tanto, cuando proponemos medidas para terminar con la especulación en el mercado de la vivienda y garantizar que una vivienda digna y asequible sea un derecho, y no un privilegio, hablamos de algo más que de acceder a un hogar: hablamos de trenzar comunidades más saludables, de iniciar proyectos de vida, de construir sociedades más justas y, sí, de impedir que los privilegios de unos pocos pongan en riesgo la salud física, mental e, incluso, genética, de la mayoría social.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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