“La gente se ha acostumbrado a la guerra, esa es la parte más terrible de todo esto”, lamenta Alexánder, de 26 años, mientras camina por un apacible parque en Moscú, a cientos de metros de una inmensa columna de humo y fuego. Alrededor de 200 drones ucranios se abalanzaron este jueves sobre la capital rusa.

Era uno de los mayores bombardeos ucranios de la guerra, y la Planta de Refinado de Moscú, un gigantesco complejo que suministra un tercio del combustible de esta megalópolis de 12 millones de habitantes, ardió. Era el segundo ataque contra esta gigantesca refinería esta semana.

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