En Sleeping Giants, el artista francés Clément Beauvais imagina una Tierra posterior a la desaparición de la humanidad: un paisaje suspendido en el tiempo donde la naturaleza ha recuperado su soberanía y donde gigantes colosales permanecen dormidos como vestigios de una memoria ancestral.La instalación se articula como una experiencia fílmica inmersiva narrada por la voz de la modelo y actriz Nine d’Urso, cuya presencia guía al espectador a través de una atmósfera donde mito, paisaje y memoria se entrelazan como formas de contemplación.El proyecto forma parte de la programación de la Gaîté Lyrique, uno de los espacios más influyentes de la escena contemporánea parisina dedicado a las artes digitales y los formatos híbridos entre arte, ciencia y pensamiento crítico. Asimismo, se inscribe dentro del Anticipation Festival, realizado los días 18 y 19 de junio de 2026, que reunió a artistas, científicos y pensadores para reflexionar sobre futuros posibles frente a la crisis climática.

En este contexto, MILENIO conversó tanto con el artista Clément Beauvais como con la escritora y narradora de la obra, Nine d’Urso.Has trabajado entre cine, fotografía, música e instalación. ¿Cómo decides qué medio utilizar en cada proyecto?No lo pienso como una elección fija.

Cada proyecto trae consigo su propio lenguaje. A veces es el cine, a veces el sonido o la instalación.

Me interesa cómo una idea cambia cuando pasa de un medio a otro. No es traducción, es transformación.En Sleeping Giants imaginas un mundo sin humanidad.

¿Qué te interesa de esa hipótesis?Más que un mundo sin humanos, es un mundo donde el punto de vista humano deja de ser central. Eso permite que el paisaje exista por sí mismo, sin ser solo fondo o escenario.

Me interesa esa autonomía de lo no humano.Los “gigantes dormidos” son figuras centrales de la obra. ¿Qué representan?No los veo como símbolos cerrados.

Son formas que vienen de lo mítico, pero también de lo indefinido. Funcionan como presencias que no explican nada, pero que sostienen una memoria sin lenguaje.La pieza tiene una dimensión muy contemplativa y silenciosa.

¿Qué buscabas explorar con eso?Quería trabajar el tiempo de otra manera. No como narración lineal, sino como suspensión.

El silencio no es ausencia, es un espacio donde la percepción se vuelve más activa.La obra recurre al mito y a lo sagrado. ¿Qué te interesa de esos lenguajes?Me interesa cómo las civilizaciones antiguas entendían el mundo como algo vivo.

La naturaleza no era un recurso, sino una presencia. Ese tipo de relación ha desaparecido en gran medida, pero sigue presente en los relatos y en la memoria cultural.Técnicamente es una instalación inmersiva.

¿Qué importancia tiene esa dimensión?Es una instalación de aproximadamente 16 minutos, con imagen en alta definición y sonido envolvente. Pero la técnica es solo un soporte.

Lo importante es la experiencia: que el espectador no solo observe, sino que entre en el espacio de la obra. La obra se presenta en la Gaîté Lyrique y dentro del Anticipation Festival.

¿Cómo dialoga con ese contexto?No está pensada para responder a ese contexto, pero sí para convivir con él. En un espacio donde se cruzan arte, ciencia y futuros posibles, cada espectador puede activar lecturas distintas.

Me interesa esa pluralidad de interpretaciones.¿Qué esperas que el público se lleve de la experiencia?No una idea cerrada. Más bien una forma distinta de mirar.

Quizá una relación más lenta con la imagen y con el tiempo. Algo que no se traduce fácilmente en palabras.“Lenguajes distintos, mismo asombro”: Nine d’UrsoComo escritora y voz que acompaña al espectador durante la instalación, Nine d’Urso considera que la imaginación es indispensable para afrontar la crisis ecológica. “Las soluciones técnicas no bastan si permanecen separadas de una imaginación colectiva”, explica.

Retomando al filósofo Georges Simondon, dice que incluso un objeto como un aerogenerador no es únicamente una máquina para producir energía, sino parte de un entorno donde dialogan el viento, el paisaje, los gestos humanos y los ritmos de un territorio. En ese sentido, afirma que los relatos tienen la capacidad de desplazar nuestra mirada y permitirnos concebir el futuro no como una catástrofe abstracta, sino como un medio que puede recomponerse.Respecto a la hipótesis de una humanidad ausente que plantea Sleeping Giants, d’Urso destaca especialmente los planos filmados con cámara en mano, en los que “aparece en filigrana la persona que está filmando”, insinuando una humanidad apenas esbozada: aquella que desapareció o quizá la que está por venir.Para ella, el arte y la ciencia no se oponen cuando se trata de abordar la biodiversidad. “Hablan dos lenguajes distintos, pero comparten el mismo asombro y el mismo vértigo ante lo vivo”, comenta, reivindicando la dimensión sensible de una problemática frecuentemente reducida a cifras y datos.Finalmente, al reflexionar sobre su participación en un proyecto construido principalmente mediante imagen, sonido e inmersión, recuerda que incluso los libros son experiencias profundamente físicas: “He escrito un libro, pero sobre todo lo dibujé y lo pensé como un objeto; conozco su olor, su peso e incluso su sonido”.

Asimismo, subraya el talento autoral de Clément Beauvais y destaca la fuerza evocadora del poema que abre la instalación, cuya aparente abstracción encierra una notable complejidad. hc