Cubrir el Mundial 2026, una aventura sofocante e inolvidable

Alexis Sinchire enviado a Filadelfia Hace un año me llegó la noticia de que iba a conformar el equipo periodístico asignado por El Comercio para la cobertura del Mundial que en el 2026 sería organizado de forma conjunta por Estados Unidos, México y Canadá. Una mezcla de emociones, sensaciones y preocupaciones formó parte del camino previo hasta que el momento para el que nos preparamos durante todo este tiempo llegó.
Subir al avión que nos trajo a Nueva York era el inicio de una aventura sofocante e inolvidable. Más noticias: El cooling break, el aliado del entretenimiento en el Mundial 2026 Cuándo juega Ecuador en el Mundial 2026 y qué está en juego La Selección de Ecuador convocó a una multitud en su debut El Mundial 2026 te pone a prueba en todo momento El jueves 11 de junio salimos de Quito con destino a Nueva York.
El vuelo, que originalmente tenía que durar seis horas, se extendió a cerca de 12 por una intensa lluvia y tormenta eléctrica que obligó a cerrar momentáneamente el Aeropuerto Internacional JFK. Luego de sobrevolar la ‘Ciudad que nunca duerme’ por unos cuantos minutos, el piloto de la aeronave nos comunicó que se tenía que desviar a Filadelfia, lugar en el que se iba a aprovisionar de combustible para regresar a nuestro destino original.
El cansancio y lo incómodo que resulta estar durante tantas horas sentado empezaron a pasar factura en la madrugada del viernes. Los minutos pasaban más lentos y el murmullo inicial poco a poco dio paso a un silencio que cubrió la cabina de pasajeros.
De un momento a otro, la aeronave se posicionó en la pista y retomó su rumbo. En menos de una hora estábamos sobre los autobuses que te reciben en la pista para llevarte hasta el área previa al registro migratorio.
Una fila de una hora y media completó la aventura que había iniciado cerca de 12 horas atrás. Las primeras horas del viernes, junto a los primeros rayos del sol, nos dieron la bienvenida a una ciudad que será nuestra casa durante cuatro semanas (o ese es el plan inicial).
De Nueva York a Filadelfia en bus Instalados en nuestra ‘casa’ en la zona de Queens, emprendimos los primeros viajes para generar el contenido comercial y editorial agendado. Como sucede en cualquier ciudad del mundo, lo primero que se debe hacer es amigarse con el metro.
Los primeros viajes estaban llenos de asombro e incertidumbre de no saber si la ruta escogida era la adecuada y si finalmente nos llevaba al destino deseado. En esa vida subterránea, esta urbe nos dejaba ver sus primeros matices.
Se volvió cotidiano ver a decenas de personas con el paso apresurado subir y bajar de los vagones del metro o caminar por los pasillos que conforman este sistema de transporte práctico y efectivo que te ahorra más de un dolor de cabeza. El sábado transcurrió entre planificaciones, grabaciones, recorridos y los últimos detalles del viaje a Filadelfia, ciudad que esperaba por el debut de la Selección de Ecuador ante Costa de Marfil por el grupo E.
La madrugada del domingo viajamos vía terrestre a la ciudad que Sylvester Stallone, con su personaje de Rocky Balboa, hizo famosa, volviéndola un ícono del cine a escala global y un punto obligado de visita para los turistas. Luego de dos horas de viaje y un par de cuadras a un costado de la estación de buses, nos encontrábamos desayunando junto a otros ecuatorianos.
Hasta ese momento era inimaginable la marea amarilla que invadiría la ciudad. La estatua de Rocky fue el punto de encuentro de ecuatorianos previo al debut mundialista. • Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO Antes de avanzar al estadio, pasamos por el Museo de Arte de Filadelfia.
Obviamente, fuimos al lugar para tomarnos la respectiva foto junto a la estatua de Rocky Balboa, que un día antes atestiguó el banderazo de los hinchas tricolores. Cumplido el ritual, caminamos menos de 10 minutos, tomamos un autobús que nos llevó a una de las estaciones del metro y en menos de 40 minutos teníamos frente a nosotros a la imponente casa de los renombrados Philadelphia Eagles.
Entre el calor y la amargura de la derrota A falta de seis horas para que el juego entre ecuatorianos y marfileños arranque, la presencia de los primeros hinchas sudamericanos en los exteriores del estadio se empezaba a notar. Poco a poco, las miles de camisetas amarillas, azules y blancas llenaron la avenida principal, acompañadas de un intenso calor que ese día llegó a los 34°C.
Su fuerza se sintió aún más cuando alrededor no había un solo lugar para adquirir agua, el producto más deseado de la jornada. Los hinchas hicieron sentir el apoyo para los jugadores de Sebastián Beccacece antes y durante el partido.
La derrota consumada en el cierre inundó de tristeza a los 68 000 hinchas que llenaron el estadio, a los millones que la vieron en imágenes y a los que la escucharon en la radio. La algarabía de la previa desapareció por completo, dando paso al dolor de la derrota y a la tristeza de haber sido testigos de un duelo en el que en los 90 minutos las pocas opciones de gol se estrellaron dos veces en los postes.
El pitazo final le dio el protagonismo a una intensa lluvia y tormenta eléctrica que empapó a los fanáticos a la salida del estadio y a los periodistas que apresurados caminábamos para tomar el último bus que nos transportaría al centro de la urbe. La cobertura periodística se cerró a la medianoche de ese domingo.
Las primeras horas del lunes nos encontraron almorzando y merendando un pedazo de pollo frito, papas y una gaseosa en el único restaurante que encontramos abierto. Empapados y abatidos por el cansancio de la larga jornada, esperamos por unas tres horas más en la gélida sala de la estación de buses.
Dormimos sobre las bancas hasta que llegó nuestro turno de regresar a Nueva York a la espera del decisivo juego contra Curazao, programado para el próximo sábado 20 en Kansas City. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de El Comercio de Ecuador (@elcomerciocom) Enlace externo: La Copa del Mundo
Información de El Comercio (Ecuador). Edición y redacción: Noticias Today.
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